Samuel Hasselhorn, entre la pulcritud y la emoción

Vilabertran

27 / 08 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Samuel Hasselhorn / operaactual.com Hasselhorn y Middleton en un momento del recital © Schubertíada / David BORRAT
Samuel Hasselhorn / operaactual.com Samuel Hasselhorn debutó en la Schubertíada a Vilabertran © Schubertíada / David BORRAT
Samuel Hasselhorn / operaactual.com Vista general de la Canònica de Santa maria de Vilabertran © Schubertíada / David BORRAT

Schubertíada

Recital de Samuel HASSELHORN

Lieder de Franz Schubert. Joseph Middleton, piano. 24 de agosto de 2021.

El barítono Samuel Hasselhorn, con apenas 31 años, es uno de los liederistas más destacados de su generación. Así lo atestigua el ramillete de premios cosechado en concursos internacionales tan importantes como el Emmerich Smola Prize (2018), Das Lied International Song Competition de Heidelberg, donde ganó el primer premio en 2017 así como en el Young Concert Artists Auditions de New York (2015) o la International Schubert Competition de Dortmund en 2013, entre otros.

No son sorprendentes tantos y tan destacados galardones pues el cantante de Gotinga posee medios y condiciones óptimas para el Lied, sin descartar un repertorio operístico en el que ha profundizado en los últimos años a través de su vinculación con la Ópera de Viena. La capacidad para abordar ambos repertorios sin dificultad es atribuible a la calidad y belleza de un instrumento que se caracteriza por un timbre cálido, de tintes líricos pero que atesora un amplio espectro armónico. Además, es una voz con buena extensión, color homogéneo en todas las franjas así como considerable proyección y volumen. Un volumen que, en su faceta liederística, Hasselhorn maneja con inteligencia, instinto y un buena mecánica técnica que le permite recoger la voz sin por ello dejar de  ofrecer una amplia y sutil gama expresiva.

Una serie de características que se pusieron de manifiesto en su debut en la Schubertíada a Vilabertran acompañado por el pianista Joseph Middleton, donde interpretó un programa monográfico dedicado a Franz Schubert. La Schubertíada ya le había presentado en su edición de Barcelona en 2017, donde ofreció un más que interesante recital en L’Auditori. Ello, unido a su descollante evolución posterior, le valió el primer Premio Franz Schubert concedido por la Associació Franz Schubert (responsable de la organización de la Schubertíada ) como joven talento en el repertorio schubertiano. Es probable que, como consecuencia de ese galardón, cristalizara la posibilidad de incluir, a última hora, este recital en la programación de la Schubertíada a Vilabertran.

"Desde un primer momento se hizo patente la calidad del cantante, pero en líneas generales la pulcritud de la propuesta estuvo por encima del componente emocional"

El programa que presentaron inicialmente ambos intérpretes era, como informó el director artístico de la Schubertíada Víctor Medem, el que grabarán en breve para la discográfica Harmonia Mundi. Pero, debido a las restricciones de tiempo, dicho programa se acortó sensiblemente y se modificó el orden de algunas piezas. Así, si la propuesta original se iniciaba con «Glaube, Hoffnung und Liebe» y de ahí partían una serie de subtemas que aportaban coherencia al relato, en el programa final el ya de por sí sutil hilo conductor se difuminaba. Así pues, la percepción final fue la de un programa que combinaba algunos de los títulos más célebres del autor, como «Der Zwerg», «Auf dem Wasser zu singen» o «Erlkönig» con piezas menos populares, como el «Abschied» D 475 que abrió, paradójicamente, el programa.

Desde un primer momento se hizo patente la calidad del cantante, que se apoyó en un atril al que recurrió en contadas ocasiones, y el transcurrir de la velada contó con momentos álgidos, como una bella recreación de «Des Fischers Liebesglück» o la parte final del recital («Du liebst mich nicht», «Rastlose liebe»), pero en líneas generales la pulcritud de la propuesta estuvo por encima del componente emocional. Tras las intensas veladas liederísticas de los últimos días en Vilabertran, en esta ocasión la sangre nunca llegó al río. Quizás al tratarse de un programa en preparación, o por esa obsesión por el detalle que requieren las grabaciones, a Hasselhorn, que lo hizo todo bien, le faltó lo más importante: soltarse expresivamente y conmover. A su lado, Joseph Middleton se mostró atento y eficiente en todo momento, en esa misma línea de pulcritud sin aportar ni influir en exceso en el resultado final. Dos propinas, el melodrama «Abschied von der Erde» elegantemente expresado y el hermoso «Wanderers Nachtlied», cerraron el recital de un intérprete que tiene, todavía, un enorme campo para desarrollar, aún más, el indiscutible potencial que posee.