Salzburgo: La gamberrada infernal de Barrie Kosky

23 / 08 / 2019 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 3 min.

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'Orphée aux enfers' de Offenbach en la nueva producción dirigida escénicamente por Barrie Kosky © Salzburger Festspiele / Monika RITTERHAUS
Joel Prieto, Max Hopp i Kathryn Lewek en 'Orphée aux enfers' de Offenbach © Salzburger Festspiele / Monika RITTERHAUS
Marcel Beekman, Kathryn Lewek i Max Hopp en 'Orphée aux enfers' © Salzburger Festspiele / Monika RITTERHAUS
'Orphée aux enfers' de Offenbach en la nueva producción dirigida escénicamente por Barrie Kosky © Salzburger Festspiele / Monika RITTERHAUS

Festival de Salzburgo

Offenbach, J. ORPHÉE AUX ENFERS

Nueva producción

Anne Sofie von Otter, Max Hopp, Kathryn Lewek, Joel Prieto, Marcel Beekman, Nadine Weissmann, Lea Desandre, Martin Winkler, Frances Pappas, Rafal Pawnuk, Vasilisa Berzhanskaya, Peter Renz. Dirección: Enrique Mazzola. Dirección de escena: Barrie Kosky. Haus für Mozart, 21 de agosto de 2019

Si en el resto de nuevas producciones operísticas, a excepción de la reposición de la Alcina, la relación entre progenitores e hijos es el hilo conductor, con la opereta Orphée aux enfers, el Festival de Salzburgo no ha querido perderse el homenaje al segundo centenario del nacimiento del compositor francés Jacques Offenbach. Y lo ha hecho al frenético ritmo de la gamberrada escénica del enfant terrible de moda, el australiano Barrie Kosky.

El director de la Komische Oper de Berlín, que sigue cosechando premios por doquier, ha querido situar la acción de la sátira del mito clásico en un entorno de vaudeville fin-de-siècle, en un decadente teatro de varietés, con telón desgarrado, lámparas fundidas y proscenio lleno de desconchones. Ahí es donde Kosky concibe su desmán escénico, donde los dioses del olimpo son aburridos burgueses, Plutón, personaje a medio camino entre sátiro y drag-queen salida de Priscilla reina del desierto, Orphée un formalito músico de la orquesta y Eurydice una cortesana muy descocada y agotada del pánfilo de su marido. Con semejante batiburrillo, donde cae todo el peso escénico es en la genial interpretación del actor alemán Max Hopp como el mayordomo John Styx, a quien Kosky utiliza para doblar todos los diálogos de todos los personajes y efectos sonoros -puertas y spray de laca incluidos-, con la voluntad de dinamizar la comicidad de los recitativos y acercar la teatralidad de la obra al público.

Aunque la idea en un inicio despertó sonoras carcajadas, a medida que avanzaba la obra iba agotándose y perdiendo vivacidad. Genial el dúo de la mosca, que buscó el lado más picante y travieso de la obra. Para el célebre “Galop infernal”, el director de escena optó por recurrir al imaginario del público y lo llevó al can-can con el ballet (hombres y mujeres) vestidos de bailarinas del Folies Bergère con los genitales intercambiados hechos en lentejuelas. Un exceso escénico que no todo el público digirió por igual y, a pesar de un sonoro éxito también despertó algunas ruidosas protestas.

Enrique Mazzola se rindió a la propuesta de Kosky y se le veía disfrutar de lo lindo, con una inspirada dirección, muy pendiente de todos los detalles escénicos y de la energía y bríos necesarios para mantener la histeria músico-teatral. Y es que, si tener a los músicos de la Filarmónica de Viena para cualquier producción operística ya es un lujo, para esta opereta se convertiría en un rara avis de elevada exquisitez.

Vocalmente hubo una labor de conjunto formidable, donde destacó especialmente Kathryn Lewek (Eurdyce) con una solidísima técnica que hacía parecer lo difícil, una bagatela caprichosa, como ese huracán pirotécnico en que convirtió los “Couplets des Regrets” del segundo acto.  Joel Prieto estuvo maravilloso como el bobalicón Orphée, siempre elegante en el fraseo y manteniendo la comicidad, y gustó mucho en el dúo con Eurydice “Ah, c’est ansi?”. El tenor holandés Marcel Beekman (Aristée/Pluton) hizo las delicias del público por su desmesurada entrega escénica, pero también por un instrumento de mucha calidad y una especial gracia en el saber decir. A muy buen nivel también anduvo el barítono austríaco Martin Winkler (Jupiter) que protagonizó el punto de máxima hilaridad con el célebre dúo de la mosca. La presencia de la mezzosoprano Anne Sofie von Otter como la Opinion Publique puso el broche de oro, más por su magnetismo escénico que por su estado vocal, a un magnífico elenco.