Salvando a Händel en la Gran Manzana

Nueva York

26 / 02 / 2020 - Rebeca BLANCO - Tiempo de lectura: 3 min

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Joyce DiDonato brilló con un personaje echo a su medida © Met Opera / Marty SOHL
Kate Lindsey y Brenda Rae lucieron dotes fantásticas © Met Opera / Marty SOHL
Una escena de la colorida producción de David McVicar © Met Opera / Marty SOHL

The Metropolitan Opera

Händel: AGRIPPINA

Nueva producción

Joyce DiDonato, Kate Lindsey, Brenda Rae, Iestyn Davies, Duncan Rock, Matthew Rose, Nicholas Tamagna. Dirección: Harry Bicket. Dirección de escena: David McVicar. 22 febrero de 2020.

Llegó al Met de Nueva York esta nueva producción de Agrippina de Händel de la mano de David McVicar, un montaje basado en el realizado por el regista británico para La Monnaie-De Munt de Bruselas que ya se ha podido ver en muchos teatros de Europa, incluyendo el Liceu barcelonés. Una mezcla de humor negro, sensualidad y sarcasmo a la romana que relata los enredos de poder de la época. Cuando se piensa en Händel y en las casi cuatro horas de esta, su primera obra maestra, puede que la reacción más lógica sea la del rechazo; sin embargo, la genialidad de su Agrippina y de este enfoque teatral hacen que el público no solo sea capaz de estar sentado disfrutando horas y horas, sino que además la mirada no pueda desviarse de la caja escénica. La propuesta de McVicar hace recapacitar sobre el problema que tienen algunos títulos barrocos para entrar a formar parte del repertorio de los grandes teatros en la actualidad.

"En el rol principal, la archiconocida Joyce DiDonato. El papel es un traje hecho a medida para la mezzosoprano. Ya lo demostró en su último trabajo discográfico, que vio la luz en enero, y ahora lo ha vuelto a demostrar con pasmosa naturalidad en el escenario"

La historia se centra en los tejemanejes organizados por la astuta Agrippina para que su hijo Nerón se convierta en el sucesor del emperador Claudio y acceda al trono. Lucha de poderes y una sociedad vendida a la exposición pública, verdades de siglos pasados que suenan bastante actuales. Así lo cree también McVicar, que trasladando la historia a una época contemporánea, parodia y retrata las carencias éticas de una sociedad individualista y ambivalente que lucha permanentemente por encontrar su momento de gloria. Smartphones, televisores empapados de cotilleos, drogas, taxis que pasan de largo, camisones lenceros… Nada falta en este espejo para que el público se vea reflejado.

Igualmente destaca John Macfarlane y su inteligente solución escénica. No solo por su exquisito diseño del vestuario y su gran saber hacer con el equilibrio de los elementos escénicos y los colores, sino por llenar el escenario con un imaginario pictórico con toques a lo Lucian Freud y Francis Bacon.

En el podio, Harry Bicket se hace cargo de nuevo de la versión más barroca de la orquesta del Met. Habituado a este estilo, destaca por su seguridad y naturalidad en el foso. Acertó en la dinámica y supo comunicar con elegancia cada nota de la partitura.

En el rol principal, la archiconocida Joyce DiDonato. El papel es un traje hecho a medida para la mezzosoprano. Ya lo demostró en su último trabajo discográfico, que vio la luz en enero, y ahora lo ha vuelto a demostrar con pasmosa naturalidad en el escenario. De indiscutible perfección en la técnica, algo estridente en los agudos, también hizo disfrutar con su perfil actoral con una Agrippina calculadora pero sensible. Como Nerón, una fabulosa Kate Lindsey fue el centro de atención en esta velada. Sus consumadas dotes actorales suplían con creces el hecho de que vocalmente sea bastante incompleta. Brenda Rae como Poppea, que debutaba en el Met, demostró con su delicadeza vocal que sin duda domina el bel canto, aunque aún tiene que trabajar en las agilidades. Para terminar, el contratenor Lestyn Davies y el bajo Matthew Rose como Ottone y Claudio, estuvieron correctos y acertados en sus respectivos roles. Pese a quedarse corto el primero y desmesurado el segundo en la puesta en escena, resultaron siempre creíbles.

Agrippina será retransmitida en HD en todo el mundo el 29 de febrero, un regalo neoyorquino que nadie debería perderse.