Salieri visita el siglo XXI

Viena

15 / 04 / 2024 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 3 min

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herheim salieri El estreno absoluto de 'Kublai Khan', de Salieri, en Viena © MusikTheater an der Wien / Herwig PRAMMER
herheim salieri El estreno absoluto de 'Kublai Khan', de Salieri, en Viena © MusikTheater an der Wien / Herwig PRAMMER
herheim salieri El estreno absoluto de 'Kublai Khan', de Salieri, en Viena © MusikTheater an der Wien / Herwig PRAMMER

MusikTheater and der Wien

Salieri: KUBLAI KHAN

Estreno absoluto

Carlo Lepore, Lauranne Oliva, Alasdair Kent, Marie Lys, Leon Košavić, Fabio Capitanucci. Dirección musical: Christophe Rousset. Dirección de escena: Martin G. Berger. MuseumsQuartier Halle E, 13 de abril de 2024.

Un estreno absoluto es un hecho habitual en las temporadas operísticas, pero no tanto el de un compositor fallecido hace casi dos siglos, como es el caso de Antonio Salieri. El MusikTheater an der Wien (el nuevo nombre que la compañía ha adoptado desde que la dirige Stefan Herheim, antes conocido simplemente por Theater an der Wien) presentó la que anuncia como la primera interpretación absoluta de la versión original italiana de Cublai, gran kan de’ Tartari, afirmación que merece un poco de contexto. Ciertamente, uno de los compositores más celebrados de la Viena del último cuarto del siglo XVIII vio como en 1788 el estreno de este dramma eroicomico en dos actos quedó frustrado por razones políticas. El libreto de Giovanni Battista Casti plantea una sátira mordaz de la corte zarista, poco disimulada por una ambientación en el reinado del célebre monarca tártaro, una historia nada conveniente para una dinastía Habsburgo que acababa de firmar una alianza con Rusia frente al común enemigo turco.

La ópera permaneció inédita durante dos siglos hasta que se estrenó en 1998 en Würzburg, en traducción alemana y con una joven Diana Damrau como protagonista. La compañía austríaca, por tanto, sí que tiene la primicia del original italiano, pero el título empleado, Kublai Khan, apunta tanto a razones comerciales (tiene más gancho que el nombre usado por Casti y Salieri), como artísticas, ya que el montaje añade dosis considerables de diálogos hablados (en alemán e italiano), obra del director de escena, Martin G. Berger, y de su dramaturgo, Philipp Amelungsen. Los nuevos textos ralentizan el desarrollo de la obra y, en combinación con las decisiones dramatúrgicas del montaje, se superponen a una ópera de variable densidad teatral (en el segundo acto casi no pasa nada y el conflicto se resuelve en un santiamén), con el riesgo, en absoluto evitado, de asfixiar la obra de Salieri.

La figura del compositor italiano es uno de los añadidos más significativos de la producción de Berger, ya que la función arranca con el estreno frustrado de Cublai en 1788. Por arte de magia, el frustrado Salieri viaja en el tiempo hasta 2022, donde el descendiente del gran Khan, de nombre también Kublai, para celebrar el centenario de una marca de bombones parecidos a los famosos Mozartkugeln, decide estrenar la ópera inédita de Salieri. La empresa, sin embargo, tiene números rojos y para su salvación, Kublai quiere una fusión con una firma china, representada por una ejecutiva rusa, Alzima… Todos los personajes se transforman, así, en engranajes de una gran cadena corporativa.

El primer acto es una sucesión de embrollos continuos (entre ellos, amorosos, como el afecto de Timur por Alzima, o la relación fetichista entre Lipi, hijo de Kublai, y Posega) ante la mirada perpleja de Salieri, con un humor de brocha gorda, una pareja de bombones bailarines, orientalismo de pacotilla y transvestismo con vestidos de color chillón (escenografía de Sarah-Katharina Karl, vestuario de Alexander Djurkov Hotter, iluminación de Karl Wiedemann). El acto culmina, tal como preveía el original, con el afeitado de las barbas de los tártaros, parodia de la decisión tomada por el zar Pedro el Grande.

Pero Salieri no ha llegado a cualquier momento del 2022, sino en el 24 de febrero, fecha en que Rusia empezó su brutal invasión de Ucrania. El compositor teme que, una vez más, su ópera no pueda ser representada, lo que lleva a una serie de reflexiones de los personajes sobre la conveniencia o no de continuar con una comedia desaforada, teniendo en cuenta, además, que una de las protagonistas es rusa y al servicio de China. La función, pese a todo, prosigue, llegando al esperado final feliz, en el que Salieri hace un alegato sobre el poder de la comedia y el miedo que los poderosos de todo tipo sienten ante el humor. La sutileza no es uno de los rasgos principales del montaje de Berger, quedando la duda de cómo aguantaría la obra de Salieri sin tanto intervencionismo.

"Carlo Lepore fue un Kublai de fatua pomposidad, Fabio Capitanucci un Orcano de herida dignidad y Giorgio Caoduro un Bozzone asertivo, en perfecta sintonía con la voz fresca de Ana Quintans como su cómplice Memma"

A nivel musical, el MusikTheater an der Wien tuvo el acierto de contar con uno de los más convencidos defensores de la música de Salieri, Christophe Rousset: atento al ritmo cómico, sin dejar de lado los aspectos más vinculados con la opera seria, el director francés supo no caer en la fragmentación que propiciaba la escena, manteniendo en todo momento la tensión de la obra. De su excelente orquesta, Les Talens Lyriques, cabe destacar unas maderas deliciosas que hicieron honor a la cuidadosa escritura del compositor italiano, mientras que el Coro Arnold Schoenberg lució de nuevo su versatilidad vocal y escénica.

Otro acierto fue contar con un sólido reparto en el que los tres papeles para barítonos y bajos bufos fueron asignados a cantantes italianos que saborearon con fruición el texto. Carlo Lepore fue un Kublai de fatua pomposidad, Fabio Capitanucci un Orcano de herida dignidad y Giorgio Caoduro un Bozzone asertivo, en perfecta sintonía con la voz fresca de la soprano portuguesa Ana Quintans como su cómplice Memma. En un papel ya en origen travestido, Lauranne Oliva fue un Lipi caprichoso, excepto en la intimidad con el Posega rotundo de Leon Košavić. Por extensión de los números a su cargo, exigencias de tesitura y virtuosismo vocal, a los enamorados Alzima y Timur les corresponden los fragmentos más lucidos, como el magnífico dúo del primer acto. En el segundo, sus arias consecutivas fueron dos de los momentos álgidos de la función, gracias al fraseo melifluo, el agudo luminoso y la capacidad para apianar del tenor Alasdair Kent, y la seguridad con la que Marie Lys abordó las más complejas vocalizaciones. Cerraba el reparto el actor Christoph Wagner-Trenkwitz, como un simpático Salieri que poco se esperaba ser tan aplaudido en el siglo XXI.  * Xavier CESTER, crítico de ÓPERA ACTUAL