Un Hoffmann para el recuerdo

Zúrich

16 / 04 / 2021 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 4 min

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Hoffmann Zúrich Una escena de la producción de Andreas Homoki © Opernhaus Zürich / Monika RITTERSHAUS
Hoffmann Zúrich Saimir Pirgu junto a Alexandra Kadurina como Nicklausse © Opernhaus Zürich / Monika RITTERSHAUS
Hoffmann Zúrich En primer plano, Saimir Pirgu como Hoffmann y Lauren Fagan com Giulietta © Opernhaus Zürich / Monika RITTERSHAUS

Opernhaus Zürich

Offenbach: LES CONTES D'HOFFMANN

Nueva producción en 'streaming'

Saimir Pirgu, Katrina Galka, Ekaterina Bakanova, Alexandra Kadurina, Erica Petrocelli, Lauren Fagan, Andrew Foster-Williams. Dirección: Antonino Fogliani. Dirección de escena: Andreas Homoki. 11 de abril de 2021.

Con la única e inacabada ópera de Offenbach y, quizá, de las más revisadas, Andreas Homoki presentó su nueva producción, en streaming, con el principal aliciente del debut en el rol protagonista del tenor albanés Saimir Pirgu. De las distintas versiones con más o menos adendas, Zúrich puso en escena la calificada como integral y, para algunos, definitiva: la edición crítica de Michael Kaye y Christopher Keck de 2005 que culmina el acto de Venecia y añade distintas arias. Esta versión, cuyo estreno en España tuvo lugar en el Liceu en la producción de Laurent Pelly (2013), apuesta, como en el momento de su estreno, por unificar en una única soprano los cuatro roles femeninos, y en caso de no ser posible, contar con una soprano coloratura para Olympia y Giulietta, y una lírica para Antonia y Stella.

En el Liceu casi se consiguió, pero a última hora Natalie Dessay lo desestimó asumiendo únicamente el rol de Antonia. En Zúrich, Homoki, junto al director musical, Antonino Fogliani, incorporaron todo lo incorporable y su concepto buscaba la unidad de todo el discurso dramático, bautizando como la «versión de Zúrich 2021». El Intendant alemán entiende Les contes como una obra única, por lo que refuerza esa visión que Stella es en realidad la conjunción de todas las otras protagonistas en una sola alma. De ahí, fiel a su lenguaje minimalista, Homoki concibe un espacio único para los tres cuentos, esos flashbacks del prólogo y con la culminación del epílogo, con otro mismo espacio para estos dos actos. El regista realiza un gran trabajo de actores y lejos de artificios consigue aflorar cada matiz de cada escena. Resulta también un gran acierto humanizar a Olympia –alejándola de la tradicional cuerda de muñeca– que en este caso pierde la energía a causa de la actitud del propio Hoffmann. Quizá el punto flaco resultó ser la caracterización de los cuatro antagonistas, más grotescos que aterradores, y donde la poca contundencia vocal de Andrew Foster-Williams tampoco ayudaría.

El fraseo de Pirgu, siempre elegante y muy cuidado, trajo momentos de gran intensidad y escenas de íntima delicadeza, además de un registro agudo que le permitió atacar los pasajes más comprometidos con total seguridad"

El debut en el rol de Offenbach por parte de Saimir Pirgu no podía haber sido más feliz. El tenor se encuentra vocalmente en estado de gracia y en un punto de madurez interpretativa que le otorga las herramientas para dibujar un ejemplar Hoffmann. Su fraseo, siempre elegante y cuidado, trajo momentos de gran intensidad y escenas de íntima delicadeza, además de un registro agudo dotado de un precioso squillo que le permitió atacar los pasajes más comprometidos con total seguridad. En el apartado femenino, destacó especialmente la soprano norteamericana Katrina Galka que dibujó una estratosférica Olympia, regalando coloratura y agudos por doquier con pasmosa seguridad, pero también dotándola de esa humanidad marcada por Homoki, con una interpretación muy musical, más allá de la esperada pirotecnia. Muy bien resultó también la mezzosoprano ucraniana Alexandra Kadurina (La Muse/Nicklausse), con un timbre de homogénea belleza y entrega dramática. Por su parte, Ekaterina Bakanova presentó una Antonia muy musical y de intensidad dramática, aunque no le ayudó un registro agudo algo tirante que afearía de algún modo su prestación. Lauren Fagan (Giulietta) y Erica Petrocelli (Stella) cumplieron con nota en sus roles.

La dirección de Fogliani resultó algo plana en ciertos momentos, más italianizante que afrancesada en el fraseo y en general carente de esa característica pátina cromática y, en definitiva, marcada por cierta monotonía. Igual que desde el inicio de la temporada, la orquesta se encontraba a un quilómetro de distancia del teatro (al estilo Bregenz) pero el sonido resultó, de nuevo, un prodigio técnico, cosa que no ocurrió, como viene siendo habitual, con el coro, que siempre suena enlatado.