Rozando la perfección con Bach

Barcelona

31 / 01 / 2022 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Balthasar Neumann / operaactual.com El Balthasar Neumann Chor & Ensemble triunfaron en el Palau © Antoni BOFILL
Balthasar Neumann / operaactual.com Thomas Hengelbrock dirigió la 'Misa en Si menor' de Bach © Antoni BOFILL

Palau de la Música Catalana

Bach: MISA EN SI MENOR

Agnes Kovacs, Bobbie Blommesteijn, Stephanie Firnkes, Anne Bierwirth, Matthias Lucht, William Shelton, Jan Petryka, Jakob Pilgran,  Joachim Höchbauer, Daniel Ochoa. Balthasar Neumann Chor. Balthasar Neumann Ensemble. Dirección: Thomas Hengelbrock. 29 de enero de 2022.

Un silencio estremecedor se apoderó del barcelonés Palau de la Música Catalana mientras aún vibraba el acorde final de la Misa en Si menor de Johann Sebastian Bach. Con el puño en alto, el director Thomas Hengelbrock mantuvo la tensión hasta que una atronadora ovación sacudió las paredes de la sala modernista, reacción comprensible tras el sensacional trabajo de los Balthasar Neumann Chor & Ensemble que ofrecieron una versión del oficio bachiano memorable.

La ristra de elogios sería inacabable, pero es inevitable empezar por el coro, protagonista absoluto de esta obra maestra y única de su compositor en cuanto a su concepción. Fundado en 1991, el Balthasar Neumann Chor es considerado uno de los mejores del mundo; sus habituales colaboraciones con la Orquesta del Concertgebouw, la Gewandhaus de Leipzig o la Tonhalle-Orchester de Zúrich así lo atestiguan. Con tan solo escuchar la afinación, el color, el empaste y la articulación del «Kyrie» inicial, quedó patente no solo la calidad tanto de sus componentes como del conjunto, sino el profundo trabajo y la obsesiva búsqueda de la perfección que les guía. Todo está cuidado hasta el más nimio de los detalles, incluido por dónde, cuándo y cómo el solista debe tomar o dejar su posición, en qué parte el coro debe cantar sentado o de pie (logrando así espectaculares efectos dramáticos) o el juego espacial entre las diferentes voces y el contraste entre tutti y solistas. Una auténtica filigrana coronada por una expresividad arrolladora fruto de una variedad de colores y dinámicas inaudita incluso en los pasajes fugados. Todas sus intervenciones fueron brillantes, pero es necesario resaltar el milagroso juego de dinámicas del «Crucifixus».

"Se optó porque miembros del coro asumieran las partes solistas, una decisión siempre discutible por la dificultad de las arias"

No le fue a la zaga un conjunto orquestal compacto, de bello color y con brillantes intervenciones solistas, si se exceptúa la poco afortunada noche de la trompa. Fue el único lunar, pues las maderas (extraordinaria la flauta), el bajo continuo, las tres trompetas y la sección de cuerdas rindieron a un grandísimo nivel dirigidos por un Hengelbrock comprometido desde el primer momento y que dirigió la obra sin partitura. Se optó porque miembros del coro asumieran las partes solistas, una decisión siempre discutible por la dificultad de las arias, pero que aporta, en compensación, mayor cohesión y autenticidad. Todos ellos, algunos más que otros, resolvieron sus partes con aceptable calidad vocal e impecable musicalidad, pero es justo resaltar por encima de los demás al contratenor William Shelton, quien firmó uno de los momentos más conmovedores de la noche con su bellísima interpretación del «Agnus Dei».

Si bien los cánones mandan que tras tan magna obra es totalmente improcedente ofrecer una propina, fue tal el entusiasmo general que el «Aleluya» de Händel supo a gloria y sirvió como vehículo ideal para para retornar a la vida cotidiana. Nunca es fácil tras haber presenciado algo así como un milagro. *Antoni COLOMER, crítico de ÓPERA ACTUAL