Rossini y el teatro minimalista

Roma

10 / 12 / 2020 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 4 min

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Barbiere Andrzej Filónczyk protagonizó a un Figaro preciso © Opera di Roma / Yakuso KAGEYAMA
Barbiere Ruzil Gatin (Almaviva), Vasilisa Berzhanskaya (Rosina) y Alessandro Corbelli (Bartolo) © Opera di Roma / Yakuso KAGEYAMA
Barbiere Mario Martone diseño una escena sin decorados que ocupaba todo el teatro © Opera di Roma / Yakuso KAGEYAMA

Teatro dell'Opera di Roma

Rossini: IL BARBIERE DI SIVIGLIA

En 'streaming'

Vasilisa Berzhanskaya, Andrzej Filónczyk, Ruzil Gatin, Alessandro Corbelli, Alex Esposito, Patrizia Biccirè, Roero Lorenzi. Dirección: Daniele Gatti. Dirección de escena: Mario Martone. 5 de diciembre de 2020.

La Covid-19 obligó al Teatro dell’Opera romano a una serie de cambios, y de hecho para primeros de diciembre estaba anunciada La Clemenza di Tito, posteriormente sustituida por Don Giovanni que a su vez lo fue por Il barbiere di Siviglia de Rossini, sin público en la sala pero transmitido por la RAI, la televisión pública italiana. Todos estos cambios se sucedieron con tal velocidad que no hubo tiempo siquiera para preparar la escenografía, pero el regista Mario Martone transformó estos obstáculos en un estímulo para imaginar una puesta en escena totalmente nueva. El marco escenográfico de este Barbiere lo constituyó todo el teatro y el espectáculo se desarrolló no solo en el escenario, sino que invadía la platea, los palcos y el foyer. Y no solo eso: las cámaras de televisión mostraban a los artistas mientras se vestían y se maquillaban, delatando el truco de la máquina de viento que produce los truenos durante el temporal en el segundo acto y revelando otros detalles que normalmente se ocultan al público. La total ausencia de éste quedó, por así decirlo, compensada con algunas filmaciones en blanco y negro que mostraban el teatro lleno en algunas funciones de la década de 1960 con personajes famosos entre el público, como la Callas. En una ocasión el espectáculo salía de los muros del teatro y se veía al barítono protagonista llegar en su scooter cantando su celebérrima cavatina. No habrá sido seguramente fácil solventar los problemas técnicos de esta solución, pero a los ojos del público todo pareció sencillo, natural y sobre todo divertido.

La falta de decorados no supuso una limitación para Martone, que tiene la virtud de hacer teatro de verdad con muy pocos elementos, enfatizando el ritmo teatral y la dicción del texto, con una gracia y una soltura perfectamente naturales. Para evitar la gestualidad exagerada y artificiosa de los cantantes de la vieja escuela en el caso de los personajes jóvenes se escogió a cantantes que también lo son. Los intérpretes de los papeles de Bartolo y Basilio, en cambio, pertenecían a otra generación y fueron elegidos por sus dotes como actores, además de por su valor como cantantes. Estas diferencias entre unos y otros ayudaron a evidenciar el conflicto generacional que a menudo queda postergado entre tantos equívocos y disfraces.

"Andrzej Filónczyk liberó a Figaro del exhibicionismo y la bufonería que le hacen ocasionalmente antipático"

El polaco Andrzej Filónczyk liberó a Figaro del exhibicionismo y la bufonería que le hacen ocasionalmente antipático e hizo de él un jovenzuelo simpático que derrocha inteligencia y alegría. Ruzil Gatin fue un Almaviva joven, resuelto y atractivo, haciéndose perdonar con ello alguna que otra limitación vocal. También procedía de Rusia Vasilisa Berzhanskaya, que hace poco fue un óptimo Romeo en los Capuleti de Bellini, pero que carece aún de la astucia maliciosa de una Rosina. Aunque la regia le confinaba a una silla de ruedas, Alessandro Corbelli aportó al papel de Bartolo toda su maestría en el género de la opera buffa y su extraordinaria mímica facial, detalle que muchas veces no puede apreciarse desde la sala y que aquí fue subrayada por el ojo de la cámara, situándose con frecuencia en el primer plano. Alex Esposito eliminó cualquier traza de artificio en su Don Basilio, más cauteloso y en consecuencia más peligroso de lo habitual. Muy bien también la Berta de Patrizia Biccirè y el Fiorello de Roberto Lorenzi.

Daniele Gatti acompañó perfectamente a todos ellos, incluso cuando les alejaba a unos de otros la situación en escena, y su dirección fue no solo precisa y rigurosa, sino atenta al ritmo de la partitura de Rossini. No hubo espectadores en el teatro, pero muchos fueron los que pudieran contemplar el espectáculo por televisión. Y muchos más pueden hacerlo a través de este enlace.