‘Roméo et Juliette’, luces y sombras

París

28 / 06 / 2023 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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romeo onp Una escena de la producción de 'Roméo et Juleitte' de Thomas Jolly en París © ONP / VIncent PONTET
romeo onp Una escena de la producción de 'Roméo et Juleitte' de Thomas Jolly en París © ONP / VIncent PONTET
romeo onp Una escena de la producción de 'Roméo et Juleitte' de Thomas Jolly en París © ONP / VIncent PONTET

Opéra national de Paris

Gounod: ROMÉO ET JULIETTE

Nueva producción

Elsa Dreisig, Lea Desandre, Sylvie Brunet-Grupposo, Benjamin Bernheim, Maciej Kwaśnikowski, Thomas Ricart, Huw Montague Rendall, Sergio Villegas Galvain, Yiorgo Ioannou, Laurent Naouri, Jean Teitgen, Jérôme Boutillier, Antoine Foulon, So-Hee Lee, Izabela Wnorowska-Pluchart, Vincent Morell. Dirección musical: Carlo Rizzi. Dirección de escena: Thomas Jolly. Opéra Bastille, 26 de junio 2023.

Con dieciséis solistas en el escenario, un centenar de miembros del coro, cuerpo de baile, una orquesta pletórica y la espectacular escenografía de Bruno de Lavenère, Alexander Neef, director de la Opéra de national Paris, tiró con esta producción la casa por la ventana. En el escenario campeó una reproducción casi a escala de la suntuosa escalinata de la sala Garnier montada sobre una plataforma que no cesó de girar. Vista de frente, le grand escalier representó la mansión de los Capuletos, mientras que los otros tres lados, bien delimitados por la inteligente iluminación de Antoine Travert, sirvieron para cobijar el jardín, la celda de Frère Laurent, la habitación de Juliette y los demás lugares de la acción, siempre en ambientes claroscuros, nocturnos. El público aplaudió la presentación de la cripta donde reposaba la joven muerta solo en apariencia.

El director de escena Thomas Jolly, con estos medios —y la ayuda de la iluminación— no tuvo mayores dificultades en poblar el inmenso escenario. Un primer cuadro, durante la obertura —las calles oscuras de Verona rebosando de cadáveres por causa de la peste— dio la clave de las opciones artísticas de la propuesta. Su dirección en el primer acto deslumbró por la intensidad y la coordinación de los movimientos de sus tropas durante el espectacular baile de los Capuleto. No se olvide la fantasía aportada por el vestuario de Sylvette Dequest variopinto en el primer acto en negro, blanco y rojo-sangre. En los cuatro actos el director mantuvo la tensión dramática buscando realismo, ya fuera basándose en las capacidades artísticas de la pareja protagonista o gracias al dinamismo de los demás intérpretes Subráyese la destreza mostrada por los artistas en los duelos con armas blancas.

"Benjamin Bernheim puso muy en alto el pabellón de Romeo. Su dicción francesa fue perfecta, estuvo inmejorable en los recitativos y en los pasajes en 'piano' o 'mezzo forte'"

La voz de Elsa Dreisig presentó una salud envidiable y su interpretación de Juliette no tuvo desperdicio, fue uniendo el gesto y el canto en una sola cosa, el amor sentido por el joven enemigo y desconocido. Benjamin Bernheimque también brilló como Romeo en Zúrich— puso muy en alto el pabellón: su dicción fue perfecta, estuvo inmejorable en los recitativos y en los pasajes en piano o mezzo forte, y si bien su emisión metálica en el forte algo enturbió su trabajo, dramáticamente compensó con creces este detalle.

Tres artistas de gran talla, bien conocidos en la casa, contribuyeron en segunda fila al éxito de la noche. Laurent Naouri, Capuleto de voz algo cansada, Jean Teitgen un Frère Laurent vibrante defensor de los amantes y Sylvie Brunet-Grupposo como Gertude. Lea Desandre, Stefano, convenció en su canción sobre la paloma rodeada de halcones, Huw Montague Rendall interpretó con gran intensidad a Mercutio, desgraciado amigo y defensor de Roméo y el personaje de Tybalt estuvo representado dignamente por Maciej Kwaśnikowski. Interesó la breve intervención de Sergio Villegas Galvain en el rol de Pâris, el desgraciado pretendiente de Juliette.

El coro, muy bien preparado por Ching-Lien Wu, mantuvo una presencia esencial en el escenario; su punto débil fue, paradójicamente, el uso excesivo de su gran fuerza en algunos momentos. Si bien Carlo Rizzi dirigió con la ciencia y el arte que se le reconocen, no alcanzó a transmitir la sensibilidad de la lírica francesa (no inscrita en la partitura) por mor, seguramente, de querer aprovecharse de las dimensiones de la sala.  * Jaume ESTAPÀ; corresponsal en París de ÓPERA ACTUAL