Roma: Vick reinterpreta a Mozart

01 / 10 / 2019 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 3 min

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Alessio Arduini como Don Giovanni y Emanuele Cordaro como Masetto © Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA
Arduino junto a Vito Priante, que interpreta Leporello © Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA
Una escena del montaje de Graham Vick © Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA
Una escena del montaje de Graham Vick © Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA

Teatro dell’Opera

Mozart: DON GIOVANNI

Nueva producción

Alessio Arduini, Maria Grazia Schiavo, Salome Jicia, Marianne Croux, Juan Francisco Gatell, Vito Priante, Emanuele Cordaro, Antonio Di Matteo. Dirección: Jérémie Rhorer. Dirección de escena: Graham Vick. 27 de septiembre de 2019.

Últimamente Graham Vick suele presentar de modo cada vez más explícito sus tesis preconcebidas. Pero en Don Giovanni más que una única tesis ha querido ofrecer un muestrario de ideas personales que siempre funcionará mejor que una tesis preconcebida de carácter excluyente, porque el teatro mozartiano es tan ambiguo como inasequible, sus afirmaciones son a menudo contrapuestas y no se presta a encasillamiento alguno.

Algunas de las ideas del regista no son nuevas, como la de hacer que Leporello sea un reflejo de Don Giovanni (su atuendo es similar y el aspecto físico y la voz se parecen mucho) o la de no hacer que Don Giovanni muera, sino que en el última escena se mezcle con los demás personajes. Otras sí son más originales, aunque no todas puedan descifrarse fácilmente. ¿Por qué Donna Elvira es una monja? ¿Por qué en la escena del cementerio en lugar de la estatua del Comendador aparece una imagen con el rostro de Cristo? Más factible resulta aceptar que Donna Ana aparezca como una pedigüeña despeinada y cubierta de harapos que lleva siempre un par de bolsas llenas de desperdicios, probablemente trastornada no por la muerte de su padre, sino porque la vida sin Don Giovanni no tiene sentido alguno.

Con independencia de estas y otras ideas no menos discutibles, Vick consigue una vez más evidenciar su gran sentido del fenómeno teatral, siempre natural y nunca caricaturesco y el dramatismo que sabe imprimir a la escena, como en el brutal asesinato del Comendador. Lo que le falta al espectáculo es la dimensión cómica, esencial en una obra que oscila continuamente de lo trágico a lo bufo en un milagroso equilibrio.

"En general el nivel vocal del conjunto era bastante satisfactorio, pero daba la sensación de que sus potencialidades estaban un poco atenazadas no solo por la dirección escénica, sino además por la dirección musical de Jérémie Rohrer"

El Don Giovanni de Alessio Arduini resultó espléndido en algunos momentos, aunque solo correcto en otros: daba la impresión de que en ello va implícita la visión del regista, que hacía de él un hombre bastante corriente, vestido de gris como un empleado de banco. Lo mismo ocurría con el Leporello de Vito Priante, también vestido de gris y privado de su vertiente más popolaresca. Muy bien tanto el Don Ottavio de Juan Francisco Gatell –que canta solamente una aria, al igual que Donna Elvira, al haberse utilizado la versión de Praga– como el Masetto de Emanuele Cordaro. Maria Grazia Schiavo (Donna Ana) une a un estilo impecable una gran intensidad expresiva, mientras Salome Jicia hacía una Donna Elvira temperamental, pero con una vocalidad no totalmente controlada. Convincente tanto la Zerlina de Marianne Crouxe como el Comendador de Antonio Di Mtteo. En general el nivel vocal del conjunto era bastante satisfactorio, pero daba la sensación de que sus potencialidades estaban un poco atenazadas no solo por la dirección escénica, sino también por la dirección musical de Jérémie Rohrer que marcó unos tiempos demasiado relajados y desprovistos de color, no consiguiendo que se produjera el deseado diálogo entre la orquesta y las voces.