Roma: Una cenicienta hiperactiva

12 / 06 / 2019 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 2 minutos

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La producción de Emma Dante buscó la carcajada y complicidad del público con recursos como el grupo de mimos que siempre acompañan a Cenicienta © Teatro dell'Opera / Yasuko KAGEYAMA
La producción de Emma Dante buscó la carcajada y complicidad del público con recursos como el grupo de mimos que siempre acompañan a Cenicienta © Teatro dell'Opera / Yasuko KAGEYAMA
La producción de Emma Dante buscó la carcajada y complicidad del público con recursos como el grupo de mimos que siempre acompañan a Cenicienta © Teatro dell'Opera / Yasuko KAGEYAMA
La producción de Emma Dante buscó la carcajada y complicidad del público con recursos como el grupo de mimos que siempre acompañan a Cenicienta © Teatro dell'Opera / Yasuko KAGEYAMA

Teatro dell'Opera

Rossini: LA CENERENTOLA

Teresa Iervolino, Maxim Mironov, Vito Priante, Carlo Lepore, Adrian Sampetrean, Rafaela Albuquerque, Sara Rocchi. Dirección: Stefano Montanari. Dirección de escena: Emma Dante. 8 de junio de 2019.

Era inevitable que la dirección escénica de Emma Dante pareciese menos sorprendente que cuando fue vista por primera vez en 2016, pero su Cenerentola sigue siendo un espectáculo original y divertido. La idea principal de la regista palermitana es rodear al personaje de un grupo de mimos entregados a frenéticos movimientos como si fuesen autómatas, subrayando así la vivacidad de la música de Rossini y suscitando las carcajadas del público.

El reverso de la medalla es que ese continuo movimiento en escena llega a resultar excesivo y resta efectividad a los momentos líricos, que no son pocos en esta ópera que incluso podría ser asignada al género semi-serio. El aspecto más interesante de esta puesta en escena, con todo, es el de poner de manifiesto que esta historia con final feliz es en realidad un cuento cruel ya que el triunfo de Cenicienta se hace a costa de las otras pretendientes, que, desesperadas al verse rechazadas, se dan muerte.

Stefano Montanari dirigió con tempi rapidísimos poniendo a prueba a la orquesta que demostró su calidad siguiéndole de manera precisa y brillante. Para los cantantes, sin embargo, aquello era una auténtica locura y no se entiende que el director no reparase en ello. Se podría haber dicho incluso que lo hizo adrede para obligar a los cantantes a limitarse a enfilar las notas sin darles ni siquiera tiempo para respirar. Por suerte, en la partitura de Rossini hay momentos en que es imposible no reducir la velocidad e incluso un maníaco de la agitación de los tiempos como Montanari se vio obligado a moderar el ritmo, ocasión que el público aprovechó para apreciar la calidad de una compañía de canto de buen nivel general.

© Opera di Roma / Yasuko KAGEYAMA

Maxim Mironov como Ramiro le hace carantoñas a la Cenerentola de Teresa Iervolino

Teresa Iervolino dio vida Angelina, siempre triste por el trato que recibe del padrastro y de las hermanastras, una entonación prevalentemente melancólica y ni siquiera en el pirotécnico rondó final se dejó llevar por la alegría. Maxim Mironov (El Príncipe) fue quien más sufrió con la dirección de Montanari y en muchas ocasiones se le oyó apenas debido a su escasa proyección, aunque pudo resarcirse en su gran aria del segundo acto. Vito Priante interpretó con estilo pero de manera un tanto uniforme la parte de Dandini, dejando que se perdieran las alusiones y las insinuaciones del papel más irónico de la obra. Carlo Lepore, en cambio, se concentró menos en el estilo pero fue un Don Magnifico muy cómico, a la manera de los viejos buffi. Muy bien Adrian Sampetrean, un auténtico lujo para un papel breve como el de Alidoro, aun contando con una aria muy difícil, y bien las hermanastras de Rafaela Albuquerque (Clorinda) y Sara Rocchi (Tisbe), dos cantantes procedentes del Proyecto Fabrica del Teatro dell’Opera.