Roma: Egipto en el corazón de la Ciudad Eterna

09 / 07 / 2019 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 2 min

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La nueva producción de 'Aida' en las Termas de Caracalla contó como protagonistas con Vittoria Yeo y Alfred Kim © Teatro dell'Opera
La nueva producción de 'Aida' en las Termas de Caracalla contó como protagonistas con Vittoria Yeo y Alfred Kim © Teatro dell'Opera
La nueva producción de 'Aida' en las Termas de Caracalla contó como protagonistas con Vittoria Yeo y Alfred Kim © Teatro dell'Opera
La nueva producción de 'Aida' en las Termas de Caracalla contó como protagonistas con Vittoria Yeo y Alfred Kim © Teatro dell'Opera

Festival delle Terme di Caracalla

Verdi: AIDA

Nueva producción. Inauguración del Festival

Vittoria Yeo, Judith Kutasim, Alfred Kim, Marco Caria, Adrian Sampetrean, Gabriele Sagona, Rafaela Albuquerque, Domingo Pellicola. Dirección: Jordi Bernàcer. Dirección de escena: Denis Krief. 4 de julio de 2019

Esta Aida no empezó bien. El coreano Alfred Kim (Radames) cantó “Celeste Aida” de una manera exterior y estentórea, pobre de colores y con un fastidioso vibrato. Inmediatamente entró en escena Amneris, la rumana Judit Kutasi, con una voz más joven y un timbre de mayor riqueza pero en lo demás siguió la huella dejada por el tenor. Las cantantes de la Europa del Este interpretan a menudo a la hija del faraón como una virago que chilla a todo pulmón cuando en realidad se trata de un personaje mucho más complejo: una mujer profundamente enamorada que vive la desilusión, los celos, la cólera y el arrepentimiento. Tenor y mezzosoprano, sin embargo, fueron mejorando sus prestaciones y el dúo del último acto acabó siendo uno de los momentos más bellos de la representación. Vittoira Yeo, en cambio, empezó de la mejor manera posible, con un “Numi, pietà” delicado y emocionante, para mostrar una cierta fatiga a partir del tercer acto, lo que puso en evidencia que el papel de Aida es demasiado largo y dramático para ella. Esta soprano coreana no parece haber decidido aún cuál va a ser su repertorio y pasa peligrosamente de Liù a Aida llegando incluso a Lady Macbeth. Marco Caria ofreció una convincente interpretación de Amonasro, aquí no ya un bárbaro violento y primitivo, sino un hombre que combate heroicamente por su patria y que ama sinceramente a su hija. Bien el Ramfis de Adrian Sampetrean, el Rey de Gabriele Sagona, el mensajero de Domingo Pellicola y la Sacerdotisa de Rafaela Albuquerque.

"El director español Jordi Bernàcer mostró el temperamento de un auténtico verdiano"

Compensando la irregularidad de los cantantes y haciendo siempre justicia a la música, el director español Jordi Bernàcer mostró el temperamento de un auténtico verdiano, realizando espléndidamente los momentos más delicados de esta ópera pero sin perderse en languideces que no pertenecen al estilo, y también los momentos más grandiosos aunque sin buscar fragores inútiles, pues Verdi utilizaba medios distintos pero buscaba siempre el resultado dramático.

Denis Krief firmaba la dirección de escena, el vestuario y el diseño de luces, acumulando en el enorme escenario de las antiguas termas romanas muchos elementos no siempre bien armonizados entre sí: una pirámide dorada, teloncillos que representaban a Egipto en el estilo de los pintores orientalistas del siglo XIX, auténticos cañaverales para representar las orillas del Nilo, palcos de un teatro de ópera ottocentesco, entre otros. El vestuario era tanto el del antiguo Egipto, como arábigo y perteneciente al siglo XIX. Quizá había en todo ello una intención irónica, como por ejemplo cuando las trompetas egipcias eran tocadas por seis caballeros en elegantes fracs negros, pero el sentido del vestuario en general no quedó claro. Hubiera podido explicarlo la dirección escénica, pero ésta se limitó a distribuir ordenadamente a solistas y masas, preocupándose, eso sí, de evitar que se cayese en la habitual gesticulación melodramática, aunque tampoco se la sustituyó con una línea interpretativa más incisiva. Mucho público y gran éxito.