Riccardo Frizza devuelve su gloria a ‘La favorite’ francesa

Bilbao

17 / 02 / 2025 - Nora FRANCO MADARIAGA - Tiempo de lectura: 4 min

donizetti euskalduna La producción de 'La favorite' de Valentina Carrasco © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL
donizetti euskalduna Simón Orfila como Balthazar © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL
donizetti euskalduna Silvia Tro Santafé como Léonor e Ismael Jordi como Fernand © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL

ABAO Bilbao Opera

Donizetti: LA FAVORITE

Estreno en España de la versión francesa

Silvia Tro Santafé, Ismael Jordi, Vladimir Stoyanov, Simón Orfila, Mikeldi Atxalandabaso, Alba Chantar. Dirección musical: Riccardo Frizza. Dirección de escena: Valentina Carrasco. Palacio Euskalduna, 15 de febrero de 2025.

Es tan poco frecuente escuchar la versión francesa de La Favorite que la representación que de ella ofreció ABAO Bilbao Opera fue su estreno en España en formato íntegro y en la nueva edición crítica, «un deber para con el compositor y de gran valor musicológico» según palabras del director de la obra, Riccardo Frizza, a diferencia de su versión italiana que, pese a lo que pudiera parecer, nunca fue aceptada por Donizetti (ver previa en este enlace). El de Bérgamo escribió una grand opéra al gusto francés, pero con marcado acento italiano, dualidad que otorga a esta joya belcantista su particular belleza que la compañía abaísta supo destacar. Preciosa voz la de la soprano malagueña Alba Chantar, clara, ligera y fresca, en sus breves apariciones. Inconfundible el canto del tenor Mikeldi Atxalandabaso, siempre timbrado, brillante y con gran aplomo, que deja una vez más con las ganas de escucharlo en papeles de mayor relevancia.

El bajo Simón Orfila combinó el color cálido, profundo y seductoramente oscuro de su voz con la potencia y dureza del personaje, creando un prior Balthazar que el menorquín defendió con exquisitez, pese a ese amplio vibrato tan suyo, que añadió una carga innecesaria en algunos pasajes. Muy bien también el barítono Vladimir Stoyanov como Don Alfonso, que construyó su rol con profundidad interpretativa y vocal; cantó con buen fraseo y generosidad de matices su aria del segundo acto, aunque sufrió en los tutti orquestales las inclemencias de una escenografía que acentuaba las características sonoras del Euskalduna desperdiciando unos valiosísimos metros en la boca del escenario.

"Simón Orfila combinó el color cálido, profundo y seductoramente oscuro de su voz con la potencia y dureza del personaje, creando un prior Balthazar que el menorquín defendió con exquisitez"

También la Léonor de Silvia Tro Santafé se resintió con estos inconvenientes acústicos, evidenciando un menor volumen vocal que el de sus compañeros a pesar de que el maestro Frizza estuvo atento a equilibrios y a la evolución de los cantantes; sin embargo, este pequeño hándicap no restó un ápice de bravura al desempeño de la mezzo valenciana, con un discurso bien elaborado, cargado de emoción y sentimiento, cantando con voz tersa y cómoda, homogénea y plena en toda la amplitud de ese complicado registro a caballo entre el de mezzosoprano lírica y el de soprano dramática, cautivando en sus arias pero, especialmente, en los amorosos y delicados dúos.

Completó el elenco el tenor jerezano Ismael Jordi, quien encarnó al joven monje Fernand con un canto natural, ligero y elegante, de hermosa línea de canto; dibujó un personaje veraz, que sorprendió por su delicadeza y sensibilidad más que por su gallardía, con preciosos y livianos agudos, y que destacó en el aria del último acto “Ange si pur”.

Riccardo Frizza, director musical de este título, es el director artístico del Festival Donizetti y se mostró como el experto que es en esta música, desgranando con minuciosa lectura, junto a una inspirada Euskadiko Orkestra, unas páginas llenas de colorido orquestal, maduras y generosas, sobre todo en el ballet de casi veinte minutos. Aunque la atención del espectador estuvo, sin duda, en las cautivadoras evoluciones de una veintena de mujeres entradas en años que representaron, con profesionalidad y desparpajo, no solo a las anteriores favoritas del rey, sino lo que significa ser mujer en las diferentes etapas de la vida y la importancia del paso del tiempo y el envejecimiento. Probablemente lo más notable de la propuesta escénica de Valentina Carrasco –con Lorenzo Nencini como director de la reposición–, que por lo demás, aunque ambiciosa y bien planteada, funcionó mejor como concepto que en la práctica, dejando una dirección actoral estática y una escenografía llamativa pero no demasiado atrayente, donde lo más vistoso fue la iluminación de Peter van Praet.  * Nora FRANCO MADARIAGA, corresponsal en Bilbao de ÓPERA ACTUAL

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