Ricarda Merbeth triunfa con una Elektra de impacto

Tolouse

30 / 06 / 2021 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 4 min

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elektra merbeth / operaactual.com Ricarda Merbeth junto al Orestes de Matthias Goerne © Théâtre du Capitole / Mirco MAGLIOCCA
elektra merbeth / operaactual.com Merbeth junto a la Klytämnestra de Violeta Urmana © Théâtre du Capitole / Mirco MAGLIOCCA
elektra merbeth / operaactual.com Merbeth con Johanna Rusanen (Chrysothemis) © Théâtre du Capitole / Mirco MAGLIOCCA

Théâtre du Capitole

Strauss: ELEKTRA

Nueva producción

Ricarda Merbeth, Johanna Rusanen, Violeta Urmana, Matthias Goerne, Frank van Aken. Dirección musical: Frank Beermann. Dirección de escena: Michel Fau. 27 de junio de 2021.

La ópera escenificada volvió al Teatro del Capitole de Toulouse (Francia) tras meses de pandemia con una nueva producción de Elektra que hizo amplia justicia, sobre todo a nivel musical, a una de las obras maestras de Strauss. Elemento central del éxito en un teatro aún con aforo reducido fue un reparto de gran nivel encabezado por una espléndida Ricarda Merbeth en el extenuante papel protagonista. La soprano alemana ha ido evolucionando de forma progresiva hacia un repertorio más dramático, pasando, en esta misma obra, de Chrysothemis a Elektra. La cantante tiene la inteligencia para no forzar nunca sus recursos ni oscurecerlos de forma artificial, mientras que la voz mantiene un registro agudo de una facilidad pasmosa en estos menesteres (la conclusión de la escena con Klytämnestra fue poco menos que espectacular). La Elektra de Merbeth no es una criatura de visceralidad a flor de piel, sino una mujer herida que, gracias a un fraseo matizado con toda una amplia gama de recursos técnicos, pasa de la imprecación furiosa a la insinuación más delicada, sin olvidar una bien dosificada ironía subrayada por una mirada de gran expresividad. Un teatro de las dimensiones del Capitole multiplicó el impacto de una interpretación de este calibre, de una energía en apariencia inagotable.

"Ricarda Merbeth tiene la inteligencia para no forzar nunca sus recursos ni oscurecerlos de forma artificial, mientras que la voz mantiene un registro agudo de una facilidad pasmosa en estos menesteres"

Firmemente acomodada de nuevo en el repertorio de mezzosoprano, Violeta Urmana debutaba el papel de Klytämnestra con un instrumento que mantiene incólume el color bruñido, la extensión fácil y el volumen generoso. No fue su reina de Micenas una interpretación en la que el histrionismo suplía el desgaste vocal, más bien todo lo contrario, un canto de gran rigor musical estuvo al servicio de una interpretación de alta intensidad que contribuyó no poco a que la confrontación entre madre e hija fuera el epicentro dramático de la representación.

La Chrysothemis, correcta en líneas generales, de Johanna Rusanen estuvo lastrada por un registro superior demasiado tendente a la estridencia, Matthias Goerne fue un Orest de marmórea majestuosidad mientras que Frank van Aken evitó como un trémulo Aegisth caer en la caricatura fácil. El Capitole reunió alrededor de los protagonistas un impecable equipo de secundarios entre los que destacaron con fuerza el grupo de sirvientas que abren la partitura.

Frank Beermann se tomó su tiempo en algunos pasajes, sin que por ello su dirección tuviera ningún déficit ni en potencia sonora ni en energía dramática. Con la orquesta, la excelente formación del Capitole, situada en el escenario tras un telón translúcido, el director alemán subrayó innumerables detalles de la frondosa escritura straussiana, equilibrando acentos hirientes y efusiones líricas en una lectura que fue subiendo de temperatura hasta un final cataclísmico.

Fue en la última escena cuando la producción de Michel Fau ofreció uno de sus mejores golpes, el descenso del telón pintado por Phil Meyer con ecos de Schiele para mostrar la orquesta en todo su esplendor. El montaje había oscilado hasta ese momento entre ramalazos expresionistas y un barroquismo visual que tuvo en el vestuario de Christian Lacroix su máxima expresión. La escena reducida a una plataforma sobre el foso cubierto, ocupada en gran parte por la estatua partida de Agammemnon, dejaba poco margen para el movimiento de los cantantes, pero tampoco el director se mostró muy regular en el acierto de las soluciones propuestas.

Al final, poco importaba, lo que no consiguió el montaje lo consiguieron los ojos alucinados de Ricarda Merbeth: dejar sin aliento el público de Toulouse ante el colapso de Elektra.