Relectura policíaca de 'El castillo de Barba Azul'

Múnich

06 / 02 / 2020 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 3 min

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La proyección firmada por Grant Gee, durante la interpretación del 'Concierto para orquesta'
John Lundgren fue Barba Azul y Nina Stemme, Judith, en la Bayersiche Staatsoper, título que puede verse en la plataforma de 'streaming' del coliseo bávaro © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL
Una imagen de la producción dirigida por Katie Mitchell © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL

Bayerische Staatsoper

Bártok: EL CASTILLO DE BARBA AZUL

Nueva producción

John Lundgren, Nina Stemme. Dirección: Oksana Lyniv. Dirección de escena: Katie Mitchell. 5 de febrero de 2020.

En el panorama operístico del momento, una de las polémicas más en boga gira alrededor de la actualización de argumentos y temas. Practicada y valorada por muchos, pero menospreciada por otros tantos, la relectura es en la escena contemporánea un crítico lugar común, y da lugar a sueños y pesadillas por igual. Judith – Ein Opernthriller, la nueva producción de la Bayerische Staatsoper sobre El castillo de Barba Azul de Béla Bartók, es toda ella un enorme a la actualización y revisión de los grandes títulos del canon. Oksana Lyniv y Katie Mitchell sacan el polvo al ejercicio expresionista del compositor húngaro, cuyo contenido argumental original, como el de tantas otras óperas, ha envejecido mal, especialmente en su discutible retrato de la mujer.

La corta duración del psicodrama en un acto de Bartók hace que aparezca siempre acompañado de otra partitura, generalmente coherente con sus tonos sombríos. Erwartung, de Schönberg, suele ser por ejemplo un paralelo funcional. Menos frecuente es aparejar El castillo de Barba Azul con una obra sinfónica, y esto es precisamente lo que han propuesto Mitchell y Lyniv en esta nueva producción, en la que el Concierto para orquesta del mismo Bartók se convirtió en el preludio ideal. Lo más interesante de este noviazgo, que en otras manos daría pie, fácilmente, a una típica versión concierto, es que no renuncia en ningún momento a la convivencia entre medios artísticos que caracteriza el género operístico.

Grant Gee firmó para la ocasión una pieza cinematográfica que se proyecta sobre el telón durante la larga media hora de concierto, y que sirve de introducción al desconcertante in medias res argumental desde donde parte el libreto de Béla Bálazs.

"Mitchell convierte a Judith, antes objecto de deseo y muerte de un drama alegórico, en la detectiva privada protagonista de un film policíaco que investiga los crímines de Barba Azul"

La brusquedad narrativa al inicio de la ópera es, efectivamente, desconcertante, pero lo es todavía más la decisión con la que Judith (Nina Stemme) penetra en el inquietante castillo de Barba Azul (John Lundgren). Acostumbrada a lidiar con la radicalidad de autores como Sarah Kane o Martin Crimp, Mitchell cuestiona la verosimilitud de este gesto. ¿Qué mujer decidiría, sin ser coaccionada, dejar su zona de confort para caer en las manos de un personaje de la talla misógina de Barba Azul? Su relectura consiste en afirmar la retoricidad de esta pregunta, convirtiendo a Judith, antes objeto de deseo y muerte de un drama alegórico, en la detective privada protagonista de un film policíaco. A este fin sirve el vídeo inicial, que cuenta sin palabras —quizá en homenaje al cine mudo, cuya relación estrechísima con la música empezó de la mano de un expresionismo muy cercano al cultivado por Bartók— los crímenes de Barba Azul y su investigación por parte de esa nueva Judith, que desde ahora tendrá un motivo por el cual adentrarse en el húmedo y oscuro castillo. El preciosismo fotográfico, y un dinámico intercambio de batutas entre banda de imágenes y banda sonora, redimen la naïveté que en cierto modo impregna el trabajo de Gee.

Este acertado gesto de actualización argumental, que retoma la obra desde una perspectiva feminista —nunca había estado, la Judith de Bartók, tan cerca de la que mató a Holofernes—, es correlato de otra revisión, inteligentemente advertida por las directoras; la que el compositor hiciera de su ópera para componer, treinta años más tarde, el Concierto para orquestra. La fuerza dramatúrgica de esta música la sitúa sin calzador al lado de El castillo de Barba Azul, cuya densidad tímbrica, cabe destacarlo, nada pudo contra el amplio y poderoso vibrato de Nina Stemme y la presencia escénica de John Lundgren. Judith y Barba Azul impusieron por igual sus tenebrosas voces en lo que fue, más allá de la acostumbrada sombra expresionista del cuento de La Bella y la Bestia, un verdadero thriller operístico.