Radvanovsky, Beczala y las prerrogativas del canto

Barcelona

14 / 07 / 2023 - Marcelo CERVELLÓ - Tiempo de lectura: 3 min

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radvanovsky beczala Radvanovsky y Beczala en su recital en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
radvanovsky beczala Radvanovsky y Beczala en su recital en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
radvanovsky beczala Sondra Radvavnovsky en el LIceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Recital de SONDRA RADVANOVSKY y PIOTR BECZALA

Obras de Puccini, Verdi y Dvorák. Sarah Tysman, piano. 13 de julio de 2023.

Se vive actualmente en el mundo operístico una época en la que el canto parece haber perdido comba en las prelaciones de gestores y manipuladores del espectáculo lírico. Voces pequeñas e insuficientemente proyectadas han tomado parte importante del protagonismo entre los intérpretes en el repertorio ahora más cultivado, con el Barroco y la ópera del siglo XX en cabeza, pero ha bastado un recital como este, a cargo de dos voces de verdad (aunque menos celebradas que las de algunos colegas con apoyos mediáticos más aceitados) para, tras ofrecer toda una lección de canto, volver a poner de alguna manera las cosas en su sitio.

"Sondra Radvanovsky y Piotr Beczala, dos cantantes de gran perfil, con medios generosos y capacidad técnica trabajada al buril, explicaron una lección más fácil de entender que de imitar"

Sondra Radvanovsky y Piotr Beczala, dos cantantes de gran perfil, con medios generosos y capacidad técnica trabajada al buril, explicaron una lección más fácil de entender que de imitar dado lo que ofrece el mercado. Era su segundo recital juntos en el Gran Teatre del Liceu, después su actuación postpandémica de 2020. Para esta ocasión, el programa, un tanto atípico pero siempre al borde del riesgo, comprendía una primera parte dedicada a Puccini que incluía un dúo del primer acto de Tosca no solo soberbiamente matizado en el fraseo, sino con apuntes escénicos de un gusto exquisito, con una segunda parte con fragmentos de la Aida verdiana —heroica versión del “Celeste Aida” a cargo del tenor polaco con asombroso pianissimo hilado al final— y un último grupo dedicado a Dvorák.

Y si se obtuvo el mayor aplauso del público en la más conocida “Mesicku na nebi hlubokem” no dejó de entusiasmar en el aria del Príncipe maravillosamente dibujada por Beczala. Una aclamada “Mamma morta” y dos emblemáticos momentos de las operetas de Lehár —”Lippen schweigen” fue, además, deliciosamente bailado— ocuparon el espacio destinado a las propinas, acogido, como todo el concierto, por un público literalmente embobado.

La pianista Sarah Tyman no estuvo allí para lucirse, sino para acompañar. Y lo hizo muy bien.

La lección quedaba explicada. Lo más difícil va a ser intentar que continúe en el tiempo.  * Marcelo CERVELLÓ, crítico de ÓPERA ACTUAL