CRÍTICAS
NACIONAL
Proyecto Zarza, una ‘Gran Vía’ 'fashion' y poco actual
Madrid
Teatro de La Zarzuela
Chueca y Valverde: LA GRAN VÍA
Proyecto Zarza
Lucía Beltrán, Iago García, Iria Goti, entre otros participantes del Proyecto Zarza. Joven Orquesta Nacional de España. Dirección musical: Néstor Bayona. Dirección de escena: Enrique Viana. 8 de marzo de 2025.
Pocas obras del repertorio lírico español se prestan como La Gran Vía de Chueca, de Valverde y Pérez González, a una adaptación juvenil y contemporánea, que es lo que propone el Proyecto Zarza (ver reportaje en este enlace), imaginado y puesto en marcha por los responsables del Teatro de La Zarzuela. Lo tiene todo: gracia, musicalidad, unas melodías geniales, conocidas por todos y siempre nuevas, y un asunto, como es la calle madrileña, que no ha perdido actualidad. Apenas hay quien sepa algo hoy en día de las polémicas de cuando arrancó el proyecto, en 1886, y que dieron lugar al libreto de la revista. Y, sin embargo, La Gran Vía se mantiene, casi milagrosamente, en el corazón mismo de la vida de la ciudad. Lo mismo le ocurre a la obra de Chueca, un irónico y sentimental comentario sobre la modernización, que alcanzó un fabuloso éxito global a pesar de su aparente carácter local. Bienvenida sea, por tanto, esta reposición.
Los jóvenes participantes el proyecto Zarza demuestran las ganas con que se enfrentan al repertorio español y un grado extraordinario de entrega y profesionalidad. Bien es verdad que las escenas de coro, tan importantes, tardaron un poco en ajustarse, pero lo consiguieron del todo en la escena de los Marineritos, muy finamente cantada, con toda la ironía y la inocencia necesarias, y en el chotis final del Eliseo, en el que participaron con entusiasmo. Iago García dio vida a un Caballero de Gracia que en lo canoro resultó correcto, pero todavía un poco estereotipado y no del todo suelto como exige un papel que requiere una máxima flexibilidad vocal. Lucía Beltrán se lució en los malabarismos vocales del Vals de la Bujía (de Luces y sombras, también de Chueca, muy atinadamente añadido): voz con carácter, de gran extensión, capaz de sobreagudos perfectos y emisión potente y limpia. La soprano Iria Goti, becada de la Fundación ÓPERA ACTUAL, se enfrentó al Tango de la Menegilda, pieza de gran calibre por su popularidad y la impresionante tradición interpretativa que lleva aparejada. Y lo hizo fabulosamente bien, con una voz luminosa, aérea pero con intención, a lo que unió un fraseo impecable y elegante; se nota que conoce la lección de las grandes Menegildas de la historia y que está a un paso de recrear el papel con estilo propio.
Los efectivos de la Joven Orquesta Nacional de España (Jonde) se lucieron, y sin duda se divirtieron —diversión contagiosa— con las melodías de Chueca. La elegante adaptación y reorquestación de Néstor Bayona, que dirigió la función desde el podio, resultó eficaz, aunque un poco descarnada. Por ejemplo, el registro agudo adoptado para la Jota de los Ratas destruye la exquisita sentimentalidad, profundamente popular, del número, una de las joyas de la música vocal de todos los tiempos. Tal vez la nueva instrumentación habría sonado mejor con una puesta en escena más arriesgada, más moderna. La función falla por aquí, con escenas habladas, o monologadas, al cabo algo tediosas y sorprendentemente inactuales en un proyecto como este: más que de una mirada juvenil, parece la de alguien veterano ajeno a la realidad actual y a la vida que se manifiesta a raudales en la Gran Vía: en la calle y en la música de Chueca.
La puesta en escena de Enrique Viana presenta excelentes efectos escenográficos y algunas muy buenas ideas, como la del andén del metro y el espectacular Vals de la Bujía. Sin embargo, se pliega a esa visión moralista, un poco hipócrita, y cede a la tentación exhibicionista en su tétrica encarnación escultural de la protagonista, con un monólogo lleno de tópicos de oración fúnebre. Lo más sorprendente fue que las calles de Madrid aparecieran todas (y todos) ataviadas con modelitos de Chanel, muy monos, pero cuya relación con la vida y la elegancia madrileña resulta una incógnita, como se comprobó en el soso e incongruente baile del Eliseo. El capricho se aclaró cuando el Fondo Buitre, uno de los personajes de la adaptación, apareció caracterizado de Lagerfeld, sin duda un homenaje a una veterana puesta en escena parisina de la Platée de Rameau. Un gran éxito, con un público de todas las edades y condiciones. * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL
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