Prólogos dramáticos innecesarios

Oviedo

01 / 03 / 2021 - Diana DÍAZ - Tiempo de lectura: 4 min

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vida breve Una escena de la producción de Giancarlo del Monaco de 'La vida breve' © Alfonso SUÁREZ
Vida breve Virginia Tola, protagonista de la obra de Falla © Alfonso SUÁREZ
Vida breve De izquierda a derecha, Rubén Amoretti, Carlos Hipólito y Jesús Castejón © Alfonso SUÁREZ
vida breve Ana Ibarra, protagonista de la obra de Giménez © Alfonso SUÁREZ

XXVIII Festival de Zarzuela de Oviedo

Giménez: LA TREMPRANICA / Falla: LA VIDA BREVE

Granada

Ana Ibarra, Rubén Amoretti, Ana Nebot, Carlos Hipólito, Jesús Castejón, Gustavo Peña, Gerardo Bullón, Miguel Sola, Juan Noval-Moro, Juan Matute, Alexander Zabalin / Virginia Tola, Francesco Pio Galasso, Cristina Faus, Rubén Amoretti, Anna Gomà, Gerardo Bullón, Jesús Méndez, Gustavo Peña, Jesús Prieto Sánchez-Hermosilla. Dirección: Iván López Reynoso. Dirección de escena: Giancarlo del Monaco. Teatro Campoamor, 25 y 27 de febrero de 2021.

La idea de que La Tempranica pudiera haber encendido mecha en la imaginación de Falla para su Vida breve no es desconocida. Y con este pretexto se perfila la primera parte de Granada, el espectáculo que firma en la escena Giancarlo del Monaco y que inauguró la nueva edición del Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo. En esta Tempranica se sitúa al espectador desde el prisma del compositor gaditano; como si viese desde la mirada del propio Manuel de Falla el efecto que le produce la gitana granadina, que reivindica su historia de amor con el payo. Ello sucede durante un ensayo de La Tempranica en el que se encuentran los dos compositores, según se sustituye el libreto de la zarzuela por la dramaturgia y diálogos de Alberto Conejero y que da forma a esta Granada que no pudo estrenarse, como estaba previsto, en el Teatro de La Zarzuela de Madrid.

La Tempranica se revisa a modo de prólogo dramático (bastante extenso), buscando puntos de conexión entre las dos obras. El contexto de amores no correspondidos, la flor que se recoge de manera simbólica del escenario, la voz del cantaor y la propuesta escénica son elementos comunes, sin llegar a ser hilos conductores en un programa que, por otro lado, sería doble en tanto se plantean dos obras; pero siendo La Tempranica una relectura con fines dramáticos de la zarzuela de Giménez. Hay que recordar que María La Tempranita renuncia a su amor romántico en un cuadro costumbrista en el cual las virtudes del mundo gitano tocan la fibra del público. Es una zarzuela sentimental que se presentó no sin opiniones divididas, en particular por el libreto, en el momento de la caída en Madrid del género chico.

"Hay que destacar la actuación de Ana Ibarra por su fuerza dramática, con gruesos medios vocales, en medio de un ambiente escénico lúgubre, opresor, incluso gótico"

En esta GranadaLa Tempranica original se diluye sin una acción dramática definida. La tensión escénica deja al oyente exhausto llegado el descanso. Hay que destacar la actuación de Ana Ibarra por su fuerza dramática, con gruesos medios vocales, en medio de un ambiente escénico lúgubre, opresor, incluso gótico –baste recordar el número cuatro, con «Vaya un borriquillo»–, en el que tuvo especial peso la versátil Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo que dirige Pablo Moras. Así, Ibarra brilló en la romanza «Sierras de Granada», entre las páginas de María de lucimiento complejo, como el dúo con don Luis, este en la piel de Rubén Amoretti, si bien el bajo se impuso decididamente como el Tío Sarvaor en Falla. El único respiro dramático lo aportó la aparición de Grabié, a quien dio vida Ana Nebot, auténtico resol que nunca defrauda, para interpretar con impulso y dinamismo la conocida pieza «La tarántula é un bicho mu malo». Sin duda la música de Giménez se impuso en la primera parte, con esa orquestación rica y moderna en su tratamiento, como sostuvo Iván López-Reynoso al frente de Oviedo Filarmonía.

Con todo, a La vida breve de Falla –y en esta producción del Palau de Les Arts–, no le hacen falta prólogos. Desde los primeros compases el oyente se sumerge en un espectáculo redondo, en el cual todos los elementos se integran envolviendo el drama de Salud, desesperada por su Paco. Los cuadros escénicos de Del Monaco son de bella factura, desde la imagen religiosa que canta a los novios hasta el ballet, casi a modo de furias que impiden la entrada de Salud a la celebración del amor. Esto sin evitar tópicos en la escena como el ambiente goyesco de las vestimentas, y todo con la roca arcillosa de la sierra como testigo, para aportar más crudeza con las texturas iluminadas por Vinicio Cheli.

También Virginia Tola se impuso por su flexibilidad dramática y calidad vocal en el papel de Salud, totalmente entregada a un amor falso. De la pena y el lamento, la protagonista evoluciona hacia la renuncia no sin venganza hacia Paco, que aquí fue un contundente Francesco Pio Galasso. En este viaje emocional concentrado, la soprano argentina conquistó con su fuerza vocal y los detalles en una línea flexible de canto; a destacar la primera escena del segundo acto y su irrupción en la boda para el desenlace, como dos momentos antagónicos de carácter, de una magia especial. La fuerza dramática se mantuvo intacta con el contrapunto de la protectora abuela, en la piel de Cristina Faus, que lució un canto muy expresivo. El resto del reparto, con Amoretti, Anna GomàGerardo Bullón, entre otros, acabaron por pulir una representación de alta calidad artística, no necesitada de antesalas dramáticas.