Prégardien sigue maravillando

Madrid

03 / 12 / 2019 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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Prégardien Chrsitoph Prégardien acompañado por Julius Drake © CNDM / Rafa MARTÍN
Prégardien Chrsitoph Prégardien acompañado por Julius Drake © CNDM / Rafa MARTÍN

Teatro de La Zarzuela

Recital CHRISTOPH PRÉGARDIEN

Ciclo de 'Lied' CNDM

Obras de Franz Schubert y Robert Schumann. Julius Drake, piano. 2 de diciembre de 2019.

Christoph Prégardien es un tenor lírico especializado en Haydn y Mozart, del que ha cantado Tito y Don Ottavio, así como en el repertorio antiguo y barroco (Monteverdi, Händel), con incursiones en la música del siglo XX y memorables interpretaciones de las cantatas y los oratorios de Bach, en particular la figura del Evangelista, un papel en el que ha llegado a alcanza la más aquilatada expresividad, allí donde la línea musical, apenas articulada, deja escuchar el soplo inefable de la santidad.

"La voz no tiene ya la densidad de otros años, pero Prégardien conserva una técnica fabulosa, de una naturalidad sin límites, sin forzar nunca la respiración, perfecta en cuanto al ligado, la claridad, la sutileza"

La voz no tiene ya la densidad de otros años, pero Prégardien conserva una técnica fabulosa, de una naturalidad sin límites, sin forzar nunca la respiración, perfecta en cuanto al ligado, la claridad, la sutileza: una elegancia que traduce una forma de cantar poco usada en estos tiempos populistas y sobreactuados, alejados de la llaneza de una línea de canto fluida, virtuosística sin exhibiciones, con medias voces y pianos asombrosos, y, a veces, de evocaciones francesas, aunque no haya sido ese el repertorio de Prégardien. Para su recital en el XIX Ciclo de Lied de La Zarzuela y en CNDM escogió un programa al mismo tiempo perfecto y arriesgado.

Dedicó la primera parte a los Lieder que Schubert compuso sobre poemas de Ernst Schulze. Vienen a ser la síntesis del romanticismo schubertiano en todas sus variantes, desde la energía trágica, casi expresionista de “Auf der Bruck” (“Sobre el puente”), descripción arrebatada de una galopada, que requiere energía e histrionismo, hasta el suave lirismo de la encantadora “Im Frühling” (“En primavera”), con una melodía lírica y sencilla que se adentra de pronto en terrenos abruptos. Entre medias quedó una fabulosa rendición de “Im Walde” (“En el bosque”), de la que el tenor extrajo toda la inestabilidad y ese sentimentalismo pavoroso tan propio de su autor. La segunda parte la ocupó el Liederkreis, Op. 39, otra vez una síntesis, esta vez de la musicalidad schumaniana, capaz de convertir las emociones más contradictorias y los abismos más intrincados del alma humana en formas estéticas de una pureza extrema.

Escuchar a Prégardien en este ciclo es como redescubrir su significado más profundo, como si asistiéramos al momento en que se cantaron por primera vez, desde un clasicismo depurado que se asoma de pronto al vértigo romántico. El extraordinario acompañamiento del pianista Julius Drake, de sonoridades a veces sutiles y casi sofocadas y otras de dimensión sinfónica aportó su propia perspectiva, que acentuaba, en contrastes de colores, dinámicas y matices inagotables, la belleza canora. Tres propinas coronaron un recital memorable, toda una lección de arte y de historia, con un público entregado a los dos grandes artistas.