Poulenc y la comunicación deshumanizada

Barcelona

14 / 11 / 2019 - Toni COLOMER - Tiempo de lectura: 4 min

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Voix humaine Mercedes Gancedo y Julius Drake en un momento de la ópera ligeramente dramatizada © LIFE Victoria / Elisenda CANALS
Voix humaine Mercedes Gancedo y Julius Drake en un momento de la ópera ligeramente dramatizada © LIFE Victoria / Elisenda CANALS

Festival LIFE Victoria

Poulenc: LA VOIX HUMAINE

Mercedes Gancedo, soprano. Julius Drake, piano. Recinte Modernista de Sant Pau, 12 de noviembre de 2019.

La voix humaine es la tercera y última ópera de Francis Poulenc tras la genial farsa Les mamelles de Tirésias y del dramatismo místico de Dialogues des carmélites. Estrenada en 1959 por la inolvidable Denise Duval, esta ópera-monólogo se basa en la pieza teatral homónima de Jean Cocteau, dramaturgo vinculado al Groupe des six, que anteriormente había colaborado con Satie o Stravinsky y que se encargó personalmente de la dirección escénica del estreno. No deja de ser paradójico que a Poulenc, a menudo e injustamente, se le reconoce más por su frivolidad que por una capacidad dramática que, tanto en el final de La voix humaine como en Dialogues des carmélites, es absolutamente abrumadora.

"Mercedes Gancedo se zambulló en la partitura de Poulenc y en las palabras de Cocteau sin miedo y a por todas, cosechado un éxito sin paliativos que amplía así su campo de acción"

La trama presenta a una mujer innominada abandonada por su amante quien, al día siguiente, se casará con otra persona. Mientras Elle está en su habitación, presa de la ansiedad, su amante la llama por teléfono para comprobar su estado de ánimo pues ya cometió un intento de suicidio. Y a partir de ahí, a través de un diálogo telefónico (símbolo de la comunicación deshumanizada que tanto obsesionaba a Cocteau) que en realidad es un monólogo en el que la orquesta asume por momentos el papel del amante, Poulenc construye una bomba de relojería dramática, perfectamente graduada, estructurada en tres grandes bloques que culminan en un final desolador. La soledad en estado puro.

Por todo lo mentado, es evidente que una obra como La voix humaine requiere, ante todo, un animal escénico capaz de asumir la grandeza trágica del personaje con su infinita gama de matices, pero también a una cantante capaz de jugar con fluidez entre la sutil línea que aquí separa el parlato y el canto. Denis Duval es la gran referencia en este papel, pero muchas grandes sopranos se han dejado seducir por este reto mayúsculo. Es lo que le ha ocurrido a Mercedes Gancedo, la joven y talentosa soprano argentina, que se ha zambullido en la partitura de Poulenc y las palabras de Cocteau sin miedo y a por todas, pese a ser un papel vinculado a cantantes con más recorrido, cosechado un éxito sin paliativos en el marco del Festival de Lied Life Victoria que amplía así su campo de acción mirando a la ópera.

Con el simple soporte escenográfico de un butacón y un teléfono, elemento esencial, Gancedo, en camisón, hizo creíble el drama del personaje desde el primer momento, con un inicio de gran intensidad, tanta que en cierto modo limitó el arco del crescendo dramático, pero que no fue obstáculo para firmar una interpretación que, aún con margen de profundización y matiz, fue de impacto. Su voz fluyó con una naturalidad ideal para este rol, muy exigente en todos los aspectos, tanto vocales como psicológicos, ambos perfectamente resueltos por la soprano, y la dicción fue cuidada al milímetro. Frases como «Je ne saurais pas acheter un revolver», dicha con esa mezcla de ternura y patetismo, pusieron de manifiesto el talento de la soprano. Sin duda, un debut de altos vuelos.

La obra está escrita para orquesta de cámara y el mismo Poulenc se mostró reacio a que se interpretara con acompañamiento pianístico, como se escuchó en esta ocasión. Es evidente que la exquisita orquestación de la obra, con un tratamiento magistral de la percusión (cada llamada telefónica provoca un vuelco en el corazón) y las apasionadas frases de las cuerdas, aporta un plus al conjunto que la versión para piano difícilmente alcanza incluso si el pianista es el excelente Julius Drake, que buscó matices y colores, con un sonido delicado, respirando con la soprano y apoyando la narración en todo momento.

El impactante final puso en pie una sala Domènech i Montaner llena hasta los topes, confirmando así el éxito de esta edición del Life Victoria y que Gancedo es ya una realidad consolidada a la que hay que seguir con atención.