¡Por fin 'Falstaff' en Les Arts!

Valencia

05 / 03 / 2021 - César RUS - Tiempo de lectura: 3 min

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Falstaff Arts Ambrogio Maestri demostró, una vez más, ser el mejor Falstaff de la actualidad © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO y Mikel PONCE
Falstaff Arts Ainhoa Arteta, Violeta Urmana, y Chiara Amarù, con Sara Blanch en el fondo © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO y Mikel PONCE
Falstaff Arts Una escena de la producción de Mario Martone © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO y Mikel PONCE

Palau de Les Arts

Verdi: FALSTAFF

Por primera vez en Les Arts

Ambrogio Maestri, Ainhoa Arteta, Violeta Urmana, Sara Blanch, Chiara Amarù, Davide Luciano, Juan Francisco Gatell, Joel Williams, Jorge Rodríguez-Norton, Antonio Di Matteo. Dirección: Daniele Rustioni. Dirección de escena: Mario Martone. 2 de marzo de 2021.

Falstaff era uno de los pocos grandes títulos verdianos que aún no se habían interpretado en el  Palau de Les Arts. Y se ha hecho de rogar: en enero se tuvo que aplazar debido a un brote de Covid-19 dentro del equipo. Para su reprogramación en marzo ha habido que hacer algunos cambios: Daniele Rustioni ha sustituido a James Gaffigan a la batuta y Davide Luciano a Mattia Olivieri como Ford. Con todo, esta producción ofreció un altísimo nivel, especialmente en lo vocal, con un reparto sin fisuras en sus papeles principales.

Ambrogio Maestri es, probablemente, el Falstaff más relevante de las dos últimas décadas y en Valencia lo demostró con creces. Durante estos años ha ido dibujando el personaje llenándolo de matices expresivos en la voz y haciendo una auténtica creación del rol. Además, se mostró pletórico en lo vocal e incluso arrancó un extemporáneo aplauso tras su poderoso fa en “Quest’è il mio regno”. Por su parte, Ainhoa Arteta como Alice fue un derroche de carisma escénico y, además, en lo vocal se mostró generosa con una voz que satisfizo todas las exigencias técnicas mostrando así una gran versatilidad. Davide Luciano fue un Ford elegante, de exquisito estilo. Violeta Urmana fue una espléndida Quickly; puede no poseer el color de una contralto, pero sabe cómo llegar a todos los graves y ofreció una interpretación llena de ricos detalles y matices. Pocas cantantes como ella han sido grandes en cada papel que ha hecho. Juan Francisco Gatell, por su parte, fue un Fenton de voz clara y lírica haciendo la réplica ideal a la fresca y potente Nannetta de Sara Blanch. Chiara Amarù fue una Meg de canto impoluto y gran dinamismo escénico.

De los comprimarios destacó Antonio di Matteo como Pistola por su sólida voz. Joel Williams gustó por la frescura de su instrumento como Bardolfo, pero podría haber trabajado más la dicción en los momentos recitados. No tuvo su día Jorge Rodríguez-Norton como Cajus, quien parecía estrellarse en cada nota en la escena inicial.

"Ambrogio Maestri durante estos años ha ido dibujando el personaje llenándolo de matices expresivos en la voz y haciendo una auténtica creación de este rol"

Daniele Rustioni es una de las batutas jóvenes italianas más prometedoras y aquí ofreció una burbujeante dirección con la que logró explotar todo el potencial tímbrico de la excelente Orquestra de la Comunitat y del magnífico Cor de la Generalitat Valenciana. Sin embargo, no fue la de Rustoni una dirección impecable, y en el segundo cuadro del primer acto, cuando entran los hombres, no hubo entendimiento entre las voces y el fagots y las trompas.

La producción de Mario Martone, procedente de Berlín, es un acierto conceptual. Se basa en dos ambientes: uno suburbial que representa la taberna de Falstaff, y otro de clase media alta, una especie de chalet, en el que están las chicas. El cuadro final se desarrolla en algo así como un centro comercial abandonado. Funciona muy bien para plasmar la trama, evidenciar las diferencias de clase que subyacen en la obra y ofrecer atractivas situaciones a ojos actuales. Ahora bien, faltó cierto mimo por el detalle en la regia. Por ejemplo, no se entiende que el bar de Falstaff se llame Panorama y no La Giarrettiera; asimismo, en la segunda parte del acto segundo, no solo no pareció creíble, sino ni siquiera imaginable que Meg no viese a Falstaff en su entrada. Además, el biombo tras el que se escondió le llegaba por el pecho: ¿nadie le sugirió que se agachase?