Plácido Domingo celebró sus 80 años cantando 'Nabucco'

Viena

25 / 01 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Ópera de Viena Plácido Domingo en 'Nabucco' de Verdi © Vienna State Opera / MICHAEL PÖHN
Ópera de Viena Domingo y Zanellato en una escena de 'Nabucco' © Vienna State Opera / MICHAEL PÖHN
Nabucco Anna Pirozzi, una Abigaille de lujo © Vienna State Opera / MICHAEL PÖHN

Wiener Staatsoper

Verdi: NABUCCO

En 'streaming'

Plácido Domingo, Anna Pirozzi, Riccardo Zanellato, Freddie de Tommaso, Szilvia Vörös, Daniel Jenz, Dan Paul Dumitrescu, Aurora Marthens. Dirección: Marco Armiliato. Dirección de escena: Günter Krämer. 22 de enero 2021.

Plácido Domingo, como no podía ser de otro modo, celebró su 80º cumpleaños sobre el escenario, su hábitat natural. La fecha coincidió, además, con los 54 años de su debut en la Wiener Staatsoper, teatro en el que ha desarrollado una carrera gloriosa. Para tan señalada fecha, la institución vienesa programó una función de Nabucco el pasado 22 de enero, escenificada y con el teatro vacío, que se ofreció en formato streaming gratuito a nivel internacional. Una función por y para el artista madrileño que encarnaba, una vez más, al rey babilonio, probablemente uno de los papeles verdianos para barítono predilectos de Domingo, que lo ha interpretado con asiduidad.

No cabe duda de que, para este homenaje, la Ópera de Viena puso toda la carne en el asador, pues los cuerpos estables se mostraron a un nivel que hizo justicia a su legendaria historia. La orquesta se mostró en plenísima forma y ofreció una versión cuidadísima en los detalles, con unos metales pluscuamperfectos, así como expresivas maderas. Hablar maravillas de la sección de cuerdas de esta orquesta es casi una redundancia, pero no lo es en absoluto destacar la dirección de Marco Armiliato. El director italiano no goza del prestigio de otros colegas ni de su atención mediática, pero su presencia se ha convertido en imprescindible en los mejores fosos operísticos del mundo. En este Nabucco demostró por qué, extrayendo un sonido rico y robusto de la orquesta, insuflando ese vigor heroico juvenil de las primeras creaciones verdianas sin caer en ningún momento en recursos vulgares. Armiliato y la Wiener Staatsorchester fueron, indiscutiblemente, lo más selecto de esta representación.

"Marco Armiliato no goza del prestigio de otros colegas ni de su atención mediática, pero su presencia se ha convertido en imprescindible en los mejores fosos operísticos del mundo"

Espléndido también el coro en todas sus intervenciones –que en Nabucco, como se sabe, son abundantes–, culminando con un «Va, pensiero» de altos vuelos en el que el director de escena Günter Krämer introduce un homenaje a las víctimas del Holocausto. Una producción, ya conocida, en la que el regista trata de incorporar una visión transversal de la trágica historia del pueblo judío mediante una escenografía minimalista y una esmerada dirección de actores.

La Wiener Staatsoper mostró también músculo en la calidad de su compañía con las destacables intervenciones de unos secundarios de lujo como Daniel Jenz, Dan Paul Dumitrescu y Aurora Marthens. Sólida y de bello instrumento la Fenena de Szilvia Vörös y grata sorpresa la del tenor Freddie de Tommaso: la voz es de gran calidad e importante volumen y el cantante fraseó con elocuencia aportando relieve a Ismaele. De gran nobleza el canto y la presencia escénica del Zaccaria de Riccardo Zanellato pese a que sus medios, especialmente en lo que respecta al color, se antojan demasiado líricos para el personaje.

Anna Pirozzi era Abigaille y una acompañante también de lujo de Domingo en este homenaje. La soprano italiana es, actualmente, una de las más destacadas intérpretes de este endiablado rol para el que reúne las condiciones ideales en cuanto a instrumento y recursos técnicos. Su interpretación fue notable en líneas generales, exhibiendo intensidad dramática, un centro carnoso y agilidad en los pasajes que lo requerían. Solo empañó su intervención cierta inestabilidad en el registro agudo.

Y, finalmente, Plácido Domingo. Poco queda que decir de su inteligencia dramática. La sutil ironía que desprendió de su primera frase, «Di Dio che parli?», podría simbolizar el compendio de la sabiduría acumulada en tan gloriosa carrera. Una sabiduría que fue apareciendo en muchas de sus intervenciones en un personaje con el que parece identificarse especialmente. A cambio, la fragilidad vocal e incluso física es cada día más perceptible. El fiato es corto y dificultoso, lo cual le obliga a utilizar a menudo el parlato en lugar del legato, y la franja donde luce su inconfundible timbre es cada vez más estrecha. De manera inteligente se dosifica y cuando parece que más flaquea consigue, inesperadamente, que surja la magia. Una de las frases emblemáticas del personaje Nabucco es «Non son più Re, son Dio!«. Plácido fue Rey y, su propia leyenda, prácticamente, le convirtió en un Dios. Pero todo dios, como predijo Wagner, tiene su inevitable crepúsculo.