Pesaro: Semiramide en el diván

16 / 08 / 2019 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 2 min.

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Salome Jicia en la nueva producción de 'Semiramide' que ha inaugurado el Festival Rossini de Pesaro © Rossini Opera Festival / Amati BRACCIARDI
Salome Jicia y Varduhi Abrahamyan en la nueva producción de 'Semiramide' que ha inaugurado el Festival Rossini de Pesaro © Rossini Opera Festival / Amati BRACCIARDI
Varduhi Abrahamyan en la nueva producción de 'Semiramide' que ha inaugurado el Festival Rossini de Pesaro © Rossini Opera Festival / Amati BRACCIARDI
Martiniana Antonie en la nueva producción de 'Semiramide' que ha inaugurado el Festival Rossini de Pesaro © Rossini Opera Festival / Amati BRACCIARDI

Rossini Opera Festival

Rossini: SEMIRAMIDE

Nueva producción

Salome Jicia, Varduhi Abrahamyan, Nahuel Di Pierro, Antonino Siragusa, Carlo Cigni, Martiniana Antonie, Alessandro Luciano, Sergey Artamonov. Dirección: Michele Mariotti. Dirección escénica: Graham Vick. Vitifrigo Arena, 11 de agosto de 2019

Dos grandes ojos surcados por profundas arrugas dominan el escenario: es la mirada de Nino, el viejo rey, que persigue implacablemente a sus asesinos Semiramide y Assur. En escena también hay una cama en la que yace un niño abrazado a un oso de peluche; solo en el segundo acto se descubre que ese niño es Ninia, el hijo de Nino y Semiramide. Estos son dos de los muchos símbolos que Graham Vick ha diseminado en Semiramide, que se revela mucho más compleja de lo que parecía hasta hace algunos años, también porque en Pesaro se ha presentado en una versión absolutamente completa.

No todo lo que se ve es comprensible de forma inmediata, pero parece claro que el director británico quiere destacar los aspectos de la historia que podrían definirse como freudianos, como el amor de Semiramide por Arsace, que no es otro que su propio hijo, Ninia. Para complicar las cosas, Vick transforma a Arsace en una mujer, que en realidad es un personaje masculino interpretado por una contralto, de tal manera que se crea una relación edípica entre la hija y su padre, Nino. Estas son solo algunas de las muchas (¿demasiadas?) ideas de una producción no siempre fácilmente comprensible y no del todo convincente. Pero es innegable que al destacar las complejas relaciones políticas y privadas entre los protagonistas, Vick descubre en Semiramide una complejidad y profundidad psicológicas poco frecuentes en una obra de principios del siglo XIX.

La dirección musical de Michele Mariotti es espléndida. Para convencerse basta con escuchar la Sinfonía, en la que realza la rica escritura para la orquesta de Rossini, gracias también a la excelente Orquesta Sinfónica Nacional de la Rai, y la primera escena, que involucra a cuatro personajes y el coro en un poderoso y complejo edificio musical que dura media hora, una de las mejores escenas de ópera de todos los tiempos.

Entre los cantantes, Varduhi Abrahamyan, que interpreta el personaje de Arsace, se convierte en la protagonista de la ópera en la producción de Vick. En su cavatina del primer acto no exhibe el registro grave de contralto de otras grandes intérpretes de este papel, pero en realidad esta pieza es un tierno canto de amor que nada tiene de guerrero ni heroíco. La cantante armenia está espléndida en los pasajes más atormentados del segundo acto. Según la dirección de Vick, Semiramide ya no es la terrible reina del mito, sino una mujer moderna con poder, una política o quizás una directiva. Salome Jicia tiene una voz robusta y un timbre oscuro y dramático para aguantar este papel terrible y largo. Con su timbre claro y unas agilidades poco claras, Nahuel Di Pierro no parece el más adecuado para el pérfido Assur. Y en el poco interesante y difícil papel de Idreno, Antonino Siragusa confirma su excelente estilo rossiniano y sus agudos seguros, aunque un poco estridentes.- ÓA