Peralada: El vendaval maltés

05 / 08 / 2019 - Fernando Sans Rivière - Tiempo de lectura: 3 min

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Joseph Calleja y Vincenzo Scalera en la Iglesia del Carmen © Festival de Peralada / Joan CASTRO
Joseph Calleja y Vincenzo Scalera en la Iglesia del Carmen © Festival de Peralada / Joan CASTRO

Recital Joseph CALLEJA

Festival Castell de Peralada

Obras de Donizetti, Massenet, Verdi, Puccini. Joseph Calleja (tenor) y Vincenzo Scalera (piano). Iglesia del Carmen. 4 de agosto de 2019.

 

El Festival Castell de Peralada sigue apostando por presentar a los mejores cantantes del panorama lírico internacional, con especial debilidad por la cuerda tenoril. En esta ocasión se trataba del debut del maltés Joseph Calleja, primero de dicha nacionalidad presente en la historia del evento ampurdanés.

El tenor tiene una gran presencia física y una imponente voz, de gran amplitud y proyección. Debido a ello apostó por una primera parte dedicada a arias de ópera y una segunda a las canciones, a la inversa de lo normal en este tipo de programas. Así, empezó con el “Quando è bella” de L’elisir d’amore” en la cual una pequeña flema no empañó un inicio bastante sólido que fue a más, especialmente con “Pourquoi me réveiller” de Werther y con el aria de Macbeth “Ah, la paterna mano”, con las que deslumbró por la belleza y potencia de su instrumento, cerrando el capítulo operístico con una contundente “E lucevan  le stelle” de Tosca.

Las mejores armas del tenor maltés aparecieron en esta primera parte, donde también presentó una emisión en piano, en ocasiones en falsete acorde a su estilo, pero al que le faltó un fraseo más elegante y una media voz capaz de acabar de redondear su capacidad expresiva. También hubo algunos agudos algo atrás, que no lucían como debieran, y fue una lástima que abandonara el escenario tras cada pieza rompiendo el clímax musical que se iba creando.

En la segunda parte destacó la canción inicial de Chaikovsky y las de Tosti, ya con una emisión más redonda y mejorando la expresividad, e incluso luciendo un registro agudo más homogéneo, ello aún más conseguido en la pieza de Donaudy y en Mattinata de Leoncavallo, con la que cerró el programa recibiendo numerosos aplausos de parte de un público entregado ante un instrumento tan potente e ideal para los grandes teatros, pero que también convenció en este recital íntimo en la exquisita iglesia del Carmen.

Como propinas Calleja ofreció una romanza ideal para el público español, “No puede ser” de La tabernera del puerto –quizás demasiado ímpetu- y La vie en rose en un guiño para el público francés, además de la napolitana O sole mio y Because, que dejaron a una parte del público en pie aplaudiendo al artista y al gran Vincenzo Scalera, toda una institución como acompañante al piano de grandes artistas, que demostró su excelencia con la “Meditation” de Thaïs y con tres piezas de Gershwin en la segunda parte.