Parma: Un 'Nabucco' desmedido

07 / 10 / 2019 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 4 min

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Una escena del polémico montaje de 'Nabucco' de Stefano Ricci © Teatro Regio

Teatro Regio - Festival Verdi

Verdi: NABUCCO

Nueva producción

Saioa Hernández, Amartushin Enkhbat, Michele Pertusi, Annalisa Stroppa, Ivan Magrì. Dirección: Francesco Ivan Ciampa. Dirección de escena: Stefano Ricci. Teatro Regio, 29 de septiembre de 2019.

Este Nabucco fue acogido con protestas de una especial turbulencia, especialmente notables ante los dos teloncillos animados que separaban los cuadros, ante una puesta en escena de Stefano Ricci que dejó perplejo a más de uno –también entre la mayoría silenciosa– y con un franco éxito, con puntas de triunfo, para la vertiente musical.

"La presencia del bajo Michele Pertusi, gloria de Parma y muy querido por el temible gallinero, fue clave indudablemente para contener la reacción del público"

Una lectura musical que rozaba la perfección gracias a la fervorosa dirección música, con oasis de lirismo como en la plegaria de Zaccaria “Tu sul labbro dei veggenti” con el obbligato del violoncelo y un intenso “Va pensiero”, justamente bisado, de Francesco Ivan Ciampa, una batuta de las más autorizadas del momento y no solo en Italia. Estuvo bien la Orquesta Arturo Toscanini y muy bien el Coro preparado magistralmente, como siempre, por Martino Faggiani. En el plano vocal difícilmente se podría reunir un mejor reparto, muy cuidado también en los papeles secundarios como en el caso del poderoso Gran Sacerdote del bajo Gianluca Breda, la brillante Anna de la soprano Elisabetta Zizzo y el Abdallo musical y preciso del tenor Manuel Pierattelli. La presencia del bajo Michele Pertusi, gloria de Parma y muy querido por el temible gallinero, fue clave indudablemente para contener la reacción del público ante uno de los momentos más incongruentes cuando, sentado en el proscenio con un rosario en la mano, tiene que asistir impasible a una danza a sus espaldas que rozaba el ridículo. Profesional de una sola pieza, se integró perfectamente en la representación, cantando con su habitual maestría vocal e interpretativa. Muy afortunado también el rendimiento de la joven pareja de infortunados amantes Ismaele y Fenena, el tenor de Catania Ivan Magrì, vehemente y brioso y la mezzosoprano de Brescia Annalisa Stroppa, de voz rotunda, timbrada y fácil en el agudo.

La pareja de malos fue magnífica. La madrileña Saioa Hernández confirmó ser una de las máximas sopranos del momento con su vocalidad radiante y luminosa por el color y el metal, que en algún momento recuerdas al de la añorada Dimitrova, se impuso en “Anch’io dischiuso un giorno”, con las variaciones en la repetición de la cabaletta, y con un canto apasionado en el dúo con Nabucco, hasta llegar a un final realmente conmovedor. Una actuación espléndida, reconocida por el público con sus aplausos y aclamaciones. El protagonista, el barítono mongol Amartushin Enkhbat mostró una mejora interpretativa evidente en un papel que parece hecho a su medida. Con un fraseo de gran precisión y una dicción que con los ojos cerrados se diría que es italiano, sigue asombrando por la morbidezza del sonido y la riqueza de armónicos, con una extensión vocal de extrema facilidad. Un triunfo sin paliativos.

No merece la pena extenderse en el comentario de un espectáculo que pareció desplazado y presuntuoso. El problema de estos y otros análogos ejemplos de teatro di regia  reside en que el director de escena crea un espectáculo a su gusto en el que la música pasa a ser como la banda sonora de una película y la trama y la dramaturgia originales son ignoradas. Quizá sería la ocasión de reflexionar sobre la respuesta de buena parte del público. Parma, guste o no guste, no puede, por características culturales y geográficas, convertirse en Glyndebourne o Salzburgo. Este teatro tiene una tradición, la del respeto a la música y a la dramaturgia de Verdi y su público no puede ser tratado como ignorante o reaccionario cuando lo cierto es que se conoce las óperas de memoria y espera un tratamiento de las mismas distinto del que se les da en el extranjero. ¿Hay que renovar? Ciertamente, pero evitando las salidas de madre que se agotan en sí mismas. La ópera hace reflexionar y se hace apreciar por su contenido original, sin necesidad de sobre estructuras e improbables implicaciones socio-político-económicas con las que nada tiene que ver.