París: 'Tosca' impostada

27 / 05 / 2019 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 2 minutos

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Ni un reparto de buenas voces, con la ausencia de Kaufmann, ni la batuta de Dan Ettinger lograron hacer brillar la partitura de Puccini © Opéra de Paris / Svetlana LOBOFF
Ni un reparto de buenas voces, con la ausencia de Kaufmann, ni la batuta de Dan Ettinger lograron hacer brillar la partitura de Puccini © Opéra de Paris / Svetlana LOBOFF
Ni un reparto de buenas voces, con la ausencia de Kaufmann, ni la batuta de Dan Ettinger lograron hacer brillar la partitura de Puccini © Opéra de Paris / Svetlana LOBOFF
Ni un reparto de buenas voces, con la ausencia de Kaufmann, ni la batuta de Dan Ettinger lograron hacer brillar la partitura de Puccini © Opéra de Paris / Svetlana LOBOFF

Opéra National de Paris

Puccini: TOSCA

Anja Harteros, Marcelo Puente, Željko Lučić, Krzysztof  Bączyk, Nicolas Cavallier, Rodolphe Briand, Igor Gnidii, Christian Rodrigue Moungoungou. Dirección: Dan Ettinger. Dirección de escena: Pierre Audi. Opéra Bastille, 25 de mayo de 2019.

Tras la última nota del esperado “Adiós a la vida” Marcelo Puente (Mario Cavaradossi), sustituyendo a Jonas Kaufmann, adoptó la posición militar de “¡firmes!” esperando el aplauso. Željko Lučić (Barón Scarpia) salió de escena para que Anja Harteros (Floria Tosca) pudiese cantar su “Vissi d’arte”, pero reapareció al final del aria aplaudiendo a la diva por su trabajo, como un elemento más del público. Valgan estos dos detalles de la puesta en escena –aunque probablemente Pierre Audi no los hubiese aprobado– para caracterizar la falta de respeto por el drama: los artistas en el escenario transformaron la sórdida historia de Victorien Sardou en un simple y meritorio –solo por momentos– concierto con vestuario.

A Dan Ettinger, al frente de la orquesta de la Opéra, se le vio más interesado en llenar la espaciosa sala con decibelios a profusión que en matizar los detalles de la partitura y dar al lúgubre argumento un hilo conductor que permitiese a cada personaje desarrollar su parte en coherencia con los demás y al público ocasión de emocionarse. La opción del director fue mayormente un intento de mostrar su presencia. Baste decir que el mejor momento del primer acto fue el del “Te Deum” interpretado al unísono por el coro de la casa preparado como de costumbre por José Luis Basso. Dicho sea de paso, fue esta noche el coro el mejor solista de la representación.

Marcelo Puente interpretó el personaje del pintor con emisión potente, timbre reconocible pero monótono y de expresión apoyada excesivamente en cada inflexión de la frase. Puso sin cesar calderones donde no los había y alargó los existentes. En una palabra, el tenor argentino adoptó un estilo de canto grandilocuente, pretérito, que buscaba el aplauso a cada momento. Anja Harteros pareció más sosegada, probablemente desestabilizada por la grandilocuencia del pintor erró notas, abusó de los forte, desentendiéndose del hilo de la historia en provecho de su propio existir en el escenario.

© Opéra de Paris / Svetlana LOBOFF

Marcelo Puente se metió en la piel de un Cavaradossi correcto con un estilo de canto que buscaba el aplauso del público

Željko Lučić, principal protagonista de la discordia, introdujo paradójicamente alguna serenidad en el mundo de decibelios creado por el foso y los dos protagonistas. Caracterizó el truculento personaje del barón con un timbre de voz no demasiado oscuro pero sí inquietante y si acentuó demasiado los finales de frase, valgan como excusa las dimensiones de la sala. Nicolas Cavallier (Sacristán) sufrió a causa de las mismas circunstancias y a Rodolphe Briard (Spoletta), usualmente prolijo en gestos y actitudes excesivas, adoptó una gran mansedumbre frente a su superior.