París: Alagna conquista con su Otello

26 / 03 / 2019 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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© ONP / Charles DUPRAT
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Opéra National de Paris - La Bastille

Giuseppe Verdi: OTELLO

Roberto Alagna, Aleksandra Kurzak, George Gagnidze, Frédéric Antoun, Alessandro Liberatore, Paul Gay, Thomas Dear, Marie Gautrot, Florent Mbia. Dirección: Bertrand de Billy. Dirección de escena: Andrei Şerban. 26 de marzo de 2019.

Esta noche grandiosa vivida en La Bastille contó como base con la Orquesta de la Ópera de París dirigida por Bertrand de Billy y con el coro de la casa preparado por José Luis Basso. Ambos conjuntos estuvieron ojo avizor, controlando posibles excesos en las escenas de masa –grandiosa la  inicial– y brindando a las intervenciones folclóricas el carácter ingenuo que demandaban. La orquesta acompañó a los solistas sin que fallaran ni faltaran ritmos y colores. Añádase que los silencios también se hicieron sentir, en particular en el último acto. De Billy no decepcionó en ninguna ocasión actuando en la sala Bastille, y su triunfo con este Otello fue de talla afirmándose como un gran intérprete de Giuseppe Verdi.

El Otello de Roberto Alagna fue capaz de situarse, vocalmente hablando, a la altura de los mejores del siglo

Aleksandra Kursak como Desdemona iluminó el escenario con su presencia y su canto, afianzando su personaje al centro de la dramática historia. La artista polaca, de voz cristalina, amplia y cálida, transmitió con gran naturalidad la fragilidad, la bondad y la inocencia del personaje, características sobre las cuales pudo desarrollarse el drama. No esperó el último acto, que interpretó a las mil maravillas, para revelar las características anímicas de su personaje, sino que desde su primer encuentro con Otello pudo adivinar el público su futuro via crucis. El trabajo de Roberto Alagna, de gran vuelo, no por esperado fue menos aplaudido. El tenor francés dispone en la actualidad de todos los ingredientes vocales para lucirse en el personaje del moro crédulo, celoso y violento de esta historia. El tenor pasó efectivamente por cada uno de estos registros y se salió con sobresaliente en cada uno de ellos. Voz cálida, emisión conforme con la demanda del texto, dominio de la prosodia italiana, generosidad y emoción calificaron su trabajo. Cierto que fue un Otello más heroico que lírico y que pareció por momentos estar más enfadado que realmente celoso: peccata minuta, su Otello fue capaz de situarse, vocalmente hablando, a la altura de los mejores del siglo.

También George Gagnidze –Yago– aportó su piedra al edificio con voz firme y segura, y no hubiese tenido ninguna necesidad del telón de fondo que le proporcionó Andrei Şerban para cantar su “Credo”.

Para redondear la velada, dígase que todas las demás voces estuvieron a la altura de las de los roles principales. Frédéric Antoun fue un frágil Cassio, de voz monocorde, firme y lírica; Paul Gay cubrió con voz robusta el papel de Lodovico; y lo mismo se diría de Alessandro Liberatore (Roderigo), Thomas Dear (Montano) y de la Emilia de Marie Gautrot.

La reprise, sin embargo, de la puesta en escena de Andrei Şerban no mereció mención especial.