Palma: Un elixir gran reserva

30 / 04 / 2019 - Pere BUJOSA - Tiempo de lectura: 2 minutos

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Xabier Anduaga y Simon Orfila © Teatre Principal / Elena ROTGER
Xabier Anduaga e Irene Mas © Teatre Principal / Elena ROTGER
Xabier Anduaga, Joan Martín-Royo y Sara Blanch © Teatre Principal / Elena ROTGER
© Teatre Principal / Elena ROTGER
Simón Orfila y Sara Blanch © Teatre Principal / Elena ROTGER

Teatre Principal

Donizetti: L'ELISIR D'AMORE

Nueva producción

Sara Blanch, Xabier Anduaga, Simón Orfila, Joan Martín-Royo, Irene Mas. Dirección: Yi-Chen Lin. Dirección de escena: José Martret. 28 de abril de 2019.

Seguro que esta representación de uno de los grandes títulos del bel canto en su sección buffa pasará a los anales del coliseo mallorquín como una de sus producciones más completas; no tan solo por el excelente reparto como por una producción muy original y entretenida salvando las inconvenientes discrepancias entre texto y acción dramática a las que el público ya está acostumbrados en el mundo operístico contemporáneo.

De la pareja protagonista, jóvenes cantantes lanzados a grandes carreras, brilló con luz propia el tenor Xabier Anduaga con una línea belcantista de primer nivel y una técnica depurada que le permite toda clase de matices expresivos entre los que destaca la capacidad de apianar sin perder color ni proyección; en un cantante tan joven y de tales altas cualidades pedir un poco más de madurez escénica es un tanto pretencioso; es cuestión de tiempo para que llegue a ser perfecto. Sara Blanch fue una notable Adina de excelentes cualidades canoras a la par que una buena presencia escénica. En su contra quizás habría que señalar cierta pérdida de proyección y volumen en la zona grave, ciertamente menos relevante en este papel.

Nada que objetar a un eficaz Belcore de Joan Martín-Royo si no fuera por cierta falta de proyección vocal que se percibió en la sala y una relativa elegancia en la línea vocal. Irene Mas cumplió con creces su cometido en el corto papel de Gianetta. Es un lujo para cualquier producción tener en sus huestes a Simón Orfila, un Dulcamara perfecto vocal y escénicamente, con una vis cómica inherente al personaje pero aquí desprovista de cualquier exageración.

Yi-Chen Lin, premio Amigos de la Ópera de la pasada temporada, al igual que Orfila y Mas, volvió a sacar lo mejor de la Simfònica de les Balears, tempi perfectos y una gran atención a los cantantes y a todo el desarrollo escénico en el que también resaltó el coro de la casa.

En lo que se refiere a la escena, esta vez José Martret cambió la rusticidad del libreto original por un hotel de la época del boom turístico en la isla, y así la plaza del pueblo pasó a ser la recepción del hotel, Adina su directora y Nemorino, el botones; con una buena iluminación y un vestuario muy colorido debido al diseño de Lorenzo Caprile y con un buen movimiento escénico se ofreció un excelente espectáculo que realza la comicidad de la pieza.