Oviedo: Pasión lírica con Jaho y Bernheim

06 / 05 / 2019 - Pablo GALLEGO - Tiempo de lectura: 3 minutos

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Tanto Ermonela Jaho como Benjamin Bernheim supieron brillar en sus respectivas interpretaciones. A ambos les acompañó un estupenda Oviedo Filarmonía, dirigida por Alain Guingal © Auditorio P. Felipe / Pablo LORENZANA

Auditorio Príncipe Felipe

Concierto Ermonela JAHO - Benjamin BERNHEIM

Arias de Puccini, Verdi, Massenet, Charpentier, Donizetti y Gounod. Orquesta Oviedo Filarmonía. Dirección: Alain Guingal. Conciertos del Auditorio, 27 de abril de 2019.

El Auditorio Príncipe Felipe y la Orquesta Oviedo Filarmonía celebran esta temporada su 20º aniversario.  Un acontecimiento que se festeja con una temporada extraordinaria de su ciclo de conciertos, que sigue brindando veladas para el recuerdo. En la constelación de estrellas reunidas para conmemorar estas dos décadas de música brillaron, el pasado sábado 27 de abril, la soprano Ermonela Jaho, el tenor Benjamin Bernheim y la orquesta Oviedo Filarmonía, a las órdenes de Alain Guingal. Una velada dedicada a la ópera francesa e italiana que terminó con la práctica totalidad del aforo puesto en pie, largas ovaciones y hasta cuatro propinas. Apostar al sentimiento es hacerlo, casi siempre, a caballo ganador.

Oviedo Filarmonía ya ha dejado atrás la adolescencia. Tanto en la Baccanale de Samson et Dalila, de Saint-Saëns, que abrió el concierto; como en la obertura verdiana de La forza del destino o el Intermezzo de Manon Lescaut, la orquesta demostró oficio y madurez. Con Guingal muy pendiente de los cantantes, dejándoles hacer, los músicos lograron, exhibiendo calidad, parte del protagonismo. A destacar la labor de su concertino, Andrei Mijlin, en la siempre expuesta y exigente Méditation de Thaïs.

La nueva titularidad orquestal del maestro Lucas Macías ha de consolidar el papel de esta formación, haciéndola avanzar hacia compromisos más ambiciosos tanto en este ciclo como en las temporadas de ópera y zarzuela. Siempre, claro, que los responsables políticos colaboren. Por ejemplo, a la hora de estabilizar y ampliar su plantilla, aún necesitada de refuerzos puntuales, como en esta ocasión en los metales.

Un gran concierto que sumar a la pasión lírica de Oviedo, permitiendo a los aficionados disfrutar de voces que, por desgracia, no llegan a otras temporadas de la ciudad

Ermonela Jaho es una auténtica cantante-actriz. Por eso, cuando aborda pasajes aún por asentar –como el aria “Depuis le jour”, de la Louise de Charpentier, con la partitura delante­­–, la calidad técnica permanece, pero el acento teatral que la distingue como artista se resiente. La soprano con la que el público esperaba encontrarse comenzó a aparecer en la original elección de “Dis-moi que je suis belle” de Massenet, floreció en las arias y el dúo de Manon e inundó toda la segunda parte, reservada por Jaho para el verismo italiano con Adriana Lecouvreur y La Bohème. Siempre con su sello personal, con delicados filados y una absoluta entrega. Una de las sopranos del momento.

El tenor Benjamin Bernheim está construyendo una sólida carrera; tiene madera para ello, y para buena parte de la audiencia fue la gran sorpresa de la noche. Desde su entrada con “Salut! Demeure chaste et pure”, del Faust de Gounod, no dejó nada atrás. Dinámicas bien trabajadas, homogeneidad en todo su registro, un sonido redondo y limpio y facilidad para el agudo, que corrió por la sala sin aparente esfuerzo, demuestran su solidez técnica. A destacar su apasionada interpretación de “Pourquoi me réveiller” de Werther, un rol a reclamar como propio.

Juntos cerraron ambas partes del concierto, imaginando su propia escenografía y dirección de escena. La escena final del primer acto de La Bohème, más para Rodolfo que para Mimì, acabó por desbordar el Auditorio, al que los artistas regalaron cuatro propinas –con tempi demasiado rápidos por parte del maestro–: la “Furtiva lagrima” de L’elisir d’amore, “O mio babbino caro”, “Vissi d’arte” y el brindis de La Traviata. Un gran concierto que sumar a la pasión lírica de Oviedo, permitiendo a los aficionados disfrutar de voces que, por desgracia, no llegan a otras temporadas de la ciudad.