Oviedo: Jóvenes, aunque sobradamente preparados

04 / 06 / 2019 - Pablo GALLEGO - Tiempo de lectura: 4 minutos

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La soprano Inma Hidalgo fue una de las intérpretes que formó parte del joven plantel de la gala de la Fundación SIAA © El Comercio / Pablo LORENZANA

XXVI Festival de Teatro Lírico Español

Concierto con cantantes de la SIAA Foundation

Romanzas, arias, dúos y coros de zarzuela y ópera. Eglè Šidlauskaité, Inma Hidalgo, David Jagodic, Mindaugas Jankauskas. Orquesta Oviedo Filarmonía. Dirección: José María Moreno y Pablo Moras. Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. Capella Mallorquina. Teatro Campoamor, 30 de mayo de 2019.

Quienes ya peinan alguna cana recordarán que en 1995 una marca de automóviles francesa popularizó el término JASP, Jóvenes, Aunque Sobradamente Preparados, para lanzar al mercado un nuevo modelo de utilitario. El acrónimo siguió utilizándose después, para definir a una generación lista para dar un paso al frente y cruzar nuevas metas. No es posible comparar, en términos homogéneos, los inicios de una carrera lírica con cualquier otro desempeño profesional, hasta conseguir ser un cantante JASP. El estudio del instrumento comienza más tarde, y junto a las enseñanzas regladas en los Conservatorios –aunque se podría confeccionar una lista de grandes figuras del canto que fueron hasta expulsados de sus aulas–, son necesarios años hasta lograr una férrea técnica vocal, en una senda de perfeccionamiento que, como dicen quienes la transitan, no termina nunca.

Iniciar la ruta de los concursos suele ser una fórmula habitual para lograr esa ansiada oportunidad. El primer paso en un camino que, en no pocas ocasiones, se trunca, y que nunca es fácil. Máxime en países como España, alejado de los tradicionales cuerpos estables de los teatros centroeuropeos, que se nutren de jóvenes profesionales que se encargan de diversos papeles en cada temporada, en un crecimiento progresivo hasta hacerse con un repertorio adecuado a su voz que les permita salir fuera, competir… Y tratar de vivir del canto.

La gala lírica que organizó la Fundación SIAA que se pudo ver en el Campoamor tuvo como objetivo dar a conocer a nuevas promesas de la lírica

Es necesario tener presente este contexto a la hora de analizar el desempeño sobre el escenario de los cantantes noveles, con voces –en algunos casos– aún en formación. Del mismo modo que es loable destacar la labor de la Fundación SIAA (Sic itur ad astra, Por esta ruta, hacia las estrellas), con sede en el Principado de Liechtenstein, a la hora de dar a conocer nuevas promesas de la lírica. En la gala celebrada en el Teatro Campoamor de Oviedo, dedicada a romanzas, arias y dúos de zarzuela y ópera, y dentro del XXVI Festival de Zarzuela, esa ruta hacia el éxito no quedó del todo despejada.

Ante una Oviedo Filarmonía que cumplió con creces su cometido, adaptada en tempi a los solistas según las indicaciones del maestro José María Moreno; y junto a la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo –dirigida por Pablo Moras– y la Capella Mallorquina, dos cantantes destacaron muy por encima del resto: la mezzo lituana Eglè Šidlauskaité y la soprano española Inma Hidalgo. Una, especialmente con la primera de sus dos intervenciones, el aria “O mio Fernando”, de La favorita de Donizetti. La otra, como Mimì de La Bohème en “Donde lieta uscì”.

Del resto del conjunto, que fue de menos a más, cabe subrayar la pasión con la que los tenores David Jagodic y Mindaugas Jankauskas afrontaron dos complicadas romanzas, “La roca fría del Calvario”, de La dolorosa; y el “No puede ser” de La tabernera del puerto, o la vis teatral que complementó las intervenciones de la soprano Brigitta Simon. Sin embargo, cayó del programa uno de los números previstos, el conjunto “Melons! Coupons!” de Carmen, como consecuencia de lo que, en un breve discurso hacia el teatro, el maestro describió como una “semana complicada” para algunas de las cantantes.

Dos últimos apuntes. Uno, dedicado a la prudencia, ante el sinsentido de empeñarse en actuar, aunque las condiciones vocales del momento no lo aconsejen, ofreciendo así una imagen seguramente muy alejada de su valía real como cantante. El otro, para lamentar la sequía de nuevas voces graves, que amenaza con complicar, aún más, la pervivencia de determinados papeles, huérfanos de artistas capaces de hacerles frente con solvencia.