Oviedo: Jaroussky conquista Asturias

30 / 04 / 2019 - Diana DÍAZ - Tiempo de lectura: 3 minutos

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Philippe Jaroussky, con una voz en plena forma, interpretó arias de óperas de Händel o Cavalli acompañado del Ensamble Artaserse © El Comercio / Álex PIÑA

Auditorio Príncipe Felipe

Concierto Philippe Jaroussky

Philippe Jaroussky, contratenor. Ensemble Artaserse. Teatro Campoamor, 7 de abril de 2019.

Sin duda el concierto de Jaroussky era una de las fechas más esperadas de los Conciertos del Auditorio de Oviedo, que esta temporada de vigésimo aniversario reúne a voces de excepción, de nuevo con la lírica como uno de los estandartes del ciclo. Y se hizo magia. Philippe Jaroussky es una de las voces de contratenor imprescindibles, dentro de esta cuerda que hoy se extiende entre estrellas de la ópera. El francés no es solo uno de los cantantes más mediáticos; es un artista excepcional. Posee un timbre único y una proyección impecable, para emocionar al auditorio en arias expresivas, como se desgrana abajo, y otras páginas de impulso brillante, para sorprender al fin con su dominio de medios. Como no podía ser de otra manera, Jaroussky se presentó en Asturias con el Ensemble Artaserse, en una unión ya indisoluble, para un barroco exquisito y con vida propia.

El contratenor francés demostró su dominio del repertorio barroco francés con un repertorio de pura retórica con arias llenas de vida y profundidad dramática

Jaroussky arrebató corazones de forma gradual, con un programa perfectamente dirigido, hasta establecerse con el lamento de Ciro “Negatemi respiri”, con esas curvas que el cantante moldeó con gusto exquisito, en torno al arrepentimiento ante el poder. Pura retórica lírica sobre el buen hacer del ensemble, con sonoridades desnudas, y un bajo que ganaba en profundidad dramática para el conjunto. Pasión y renuncia llegaron con otro impulso en el siguiente recitativo y aria que canta Orimeno, “Perfida dove fuggi?/Amor, ti giuro amor”. El público se estremeció con la fuerza que Jaroussky mostró desde su aparición, en páginas como el canto alegre a la libertad, “Corone ed honori” de Ciro. De ahí la interpretación fue a más, mostrando el contratenor todas sus virtudes vocales, ampliadas en “Che città” de L’Ormindo, con gran flexibilidad de medios. Y, especialmente, en el recitativo y lamento de Idraspe “Dove mi conducete/Uscitemi dal cor lagrime amare”, para conducir al público con su instrumento como a diferentes planos de la realidad, en la talla del lamento.

También con la música de Cavalli pudo escucharse al Jaroussky más refinado, con los giros emocionantes del lamento de Apollo y sobre todo en el recitativo y lamento de Alessandro, de Eliogabalo. Un sonido pleno, con momentos para la reflexión del lugarteniente. El aria “La bellezza è un don fugace” que canta Eumene fue la pieza que arrancó el aplauso espontáneo, en medio de un programa que se siguió con un silencio devoto. Las filigranas vocales del cantante, con su perfecta proyección y dominio de registro dejaban sin aliento en cada parada. Virtuosismo y explosión de emociones. También Cavalli cerró la cita, el aria de Brimonte “All’armi, mio core”, puro fuego que avivó las propinas, “Si dolce è’l tormento” de Monteverdi y “Alcun più di me felice non è” de nuevo de Cavalli.