Olivé y la nueva generación de liederistas locales

Barcelona

13 / 03 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 2 min

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Olivé y Guerrero Josep-Ramon Olivé y Victoria Guerrero al final del recital © Elisenda CANALS
Josep-Ramon Olivé Josep-Ramon Olivé en el recital de Barcelona Obertura © Elisenda CANALS
Olivé y Guerrero Un momento del recital de Josep-Ramon Olivé © Elisenda CANALS

Festival Barcelona Obertura

Recital de JOSEP-RAMON OLIVÉ

City+

Josep-Ramón Olivé, barítono. Victoria Guerrero, piano. Obras de Schubert, Korngold, Mompou, Toldrà y Gerhard. Fundació Antoni Tàpies. 12 de marzo de 2021.

Con el paso de los años y las diferentes generaciones, los cantantes españoles se han ido afianzando, cada vez más, en repertorios como el del Lied, antiguo coto prohibido para la supuesta sensibilidad latina. Casos como el de Victoria de los Ángeles o Montserrat Caballé fueron raras excepciones, pero también pioneros de lo que iba llegar medio siglo más tarde. Hoy en día, la globalización y la mayor facilidad para acceder a escuelas y conservatorios extranjeros de los jóvenes estudiantes ha ido modificando el perfil de los cantantes locales que ya no tienen como único horizonte la ópera italiana. A todo eso hay que añadir un crecimiento del interés por el género liederístico en el país que se ve reflejado en la aparición de certámenes y festivales especializados por toda la geografía española, así como cursos y grados académicos como el máster de la Esmuc, en Barcelona, único en todo el sur de Europa.

Fruto de todo este contexto surgen intérpretes como Josep-Ramon Olivé o Victoria Guerrero, barítono y pianista respectivamente, que ofrecieron un recital de canción en la Fundació Antoni Tàpies en el marco del City+ del Festival Barcelona Obertura que se está desarrollando durante este mes de marzo. Un recital que puso de manifiesto no solo la gran calidad de ambos intérpretes sino su dominio absoluto del repertorio y el estilo liederístico alemán. Para ello bastaría solo con escuchar la interpretación que ambos ofrecieron de «Am Tage aller Seelen», la tercera del primer bloque dedicado a Franz Schubert.

"'Am Tage aller Seelen' puso de manifiesto no solo la gran calidad de ambos intérpretes sino su dominio absoluto del repertorio y el estilo liederístico alemán"

«Am Tage…» es una canción estrófica del compositor vienés que requiere, por parte de los intérpretes, una enorme sutileza en la gradación de colores y acentos para diferenciar cada una de las diferentes estrofas, todas iguales desde un punto de vista melódico. Olivé y Guerrero demostraron aquí altísimas cotas de calidad y sensibilidad que, en líneas generales, mantendrían durante todo el recital. Anteriormente habían interpretado «Fahrt zum Hades» y «Totengräbers Heimweh», piezas largas, complejas y exigentes del mismo autor, con excelentes resultados. Tras Schubert le llegó el turno a Erich Korngold, concretamente al ciclo de cuatro canciones Lieder des Abschieds de 1921. En ellas se lució el timbre del intérprete, un centro de bello color que se emite con absoluta naturalidad, así como el grave. Menos consistente suena el registro agudo, especialmente a plena voz, mientras que las medias voces no fluyeron aquí con la misma naturalidad que en las piezas de Schubert.

Tras una primera parte dedicada al Lied, la segunda se centró en la cançó catalana y empezó con tres piezas del célebre Combat del somni de Mompou de gran impacto, pero que, a nivel interpretativo, poseen una escritura vocal un tanto alambicada. Muestra de ello es «Aquesta nit, un mateix vent» con esos saltos interválicos tan complejos técnicamente. Olivé los resolvió con solvencia y destacó más en «Damunt de tú només les flors» y, sobre todo, en «Jo et pressentia com la mar«, en la que pudo desarrollar un fraseo más amplio.

Con las canciones de Eduard Toldrà sobre poemas de Carner y las Sis cançons tradicionals catalanes de Robert Gerhard, pudo verse a un Olivé más relajado y desenvuelto, cantando con elegancia, gracia y naturalidad, exhibiendo una dicción cristalina y poniendo de manifiesto su indudable clase. Contar con Victoria Guerrero como pianista fue un auténtico lujo pues no solo ejecutó con precisión algunas piezas de indudable dificultad rítmica, como en el caso de Gerhard, sino que exhibió un bello sonido, respiró con el cantante en todo momento y supo adaptarse a la ligeramente resonante acústica de la sala.