Nueva York: Mozart de cartón-piedra

06 / 04 / 2019 - Rebeca RUIZ - Tiempo de lectura: 2 minutos

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El Met de Nueva York recuperó la producción algo acartonada de Jean-Pierre Ponelle, que recrea un gigantesco palacio romano sobre el que brilló un reparto de gran nivel vocal © The Metropolitan Opera / Richard TERMINE
El Met de Nueva York recuperó la producción algo acartonada de Jean-Pierre Ponelle, que recrea un gigantesco palacio romano sobre el que brilló un reparto de gran nivel vocal © The Metropolitan Opera / Richard TERMINE
El Met de Nueva York recuperó la producción algo acartonada de Jean-Pierre Ponelle, que recrea un gigantesco palacio romano sobre el que brilló un reparto de gran nivel vocal © The Metropolitan Opera / Richard TERMINE
El Met de Nueva York recuperó la producción algo acartonada de Jean-Pierre Ponelle, que recrea un gigantesco palacio romano sobre el que brilló un reparto de gran nivel vocal © The Metropolitan Opera / Richard TERMINE

The Metropolitan Opera

Mozart: LA CLEMENZA DI TITO

Joyce DiDonato, Elza van den Heever, Emily D’Angelo, Ying Fang, Matthew Polenzani, Christian Van Horn. Dirección: Lothar Koening. Dirección de escena: Jean-Pierre Ponnelle. 6 de abril de 2019.

Mozart compuso La clemenza di Tito algo a disgusto. Un encargo del emperador Leopoldo II para celebrar su coronación como rey de Bohemia con el que loar la magnanimidad del monarca. No resulta complicado entonces ver el símil entre el monarca y el emperador romano Tito, protagonista de la ópera, retratado aquí como un gobernador clemente –el título ya se hace eco del spoiler– que perdona la vida a su amigo Sesto, quien, malinfluenciado por los celos de su amada Vitellia hacia el emperador, lo intenta asesinar. Pero la benevolencia del gobernante impera y Sesto conserva así la vida, a su amigo y a su amada.

Para esta ocasión la Met Opera de Nueva York recuperó el montaje algo manido pero, aún así, espectacular, de Jean-Pierre Ponnelle. Se trata de una producción en la que el cartón-piedra se erige como símbolo del poder que ostentó Roma en sus años de oro. Ponelle transforma el escenario en un palacio coronado por columnas y una noble escalinata y viste a los personajes a la manera en la que lo harían en la época del compositor –tal y como ya ocurría en el siglo XVIII– en lugar de recurrir al imaginario romano.

© The Metropolitan Opera / Richard TERMINE

Joyce DiDonato y Elza van den Heever se coronaron como las grandes triunfadoras de la noche neoyorquina

En medio de aquella Roma ostentosa Joyce DiDonato continuó imponiendo una voz que sigue en forma, que quizá sea algo más oscura, pero que controla sin problema las escalas a las que la enfrentan las partituras de Mozart. En el aria de Sesto “Parto, parto”, a DiDonato le basta apenas un minuto de subidas y bajadas para demostrar que coloratura y potencia en su caso van perfectamente de la mano. Matthew Polenzani, correcto y comedido, empatizó con un Tito que supo encarar sin problema sus intervenciones más importantes. La única capaz de disputarle la corona de laurel a DiDonato, sin embargo, fue la soprano Elza van den Heever, Vitellia, dulce a ratos, sobre todo cuando encaraba el aria “Non piu di fiori”, e implacable en otros.

La mezzosoprano Emily D’Angelo, con un timbre algo más metálico, hizo acopio de una buena proyección para meterse en la piel de un Annio enamorado de una dulce Servilia (Ying Fang).

Desde el podio, Lothar Koenings logró un sonido cohesionado y clásico, a tono con los cantantes, a pesar de que en alguna que otra ocasión su batuta obligó a Tito a apresurarse.

Está claro que el coliseo neoyorquino sabe cómo cubrirse siempre las espaldas en lo que a voces respecta. A pesar de que todavía queda pendiente el asunto de arriesgarse algo más en lo que a puestas de escena se refiere, al final del día son los estadounidenses quienes continúan siendo los indiscutibles reyes del show business.