No es oro todo lo que reluce

Barcelona

12 / 01 / 2021 - Jaume RADIGALES - Tiempo de lectura: 3 min

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Orlinski Jakub Józef Orlniski, junto a Il Giradino d’Amore, en un momento del concierto © Palau de la Música Catalana

Palau de la Música Catalan

Recital de JAKUB JÓZEF ORLINSKI

Ciclo Grans-Veus

Obras de Vivaldi y Händel. Il Giradino d’Amore. Dirección: Stefan Plewnak. 11 enero 2021.

No es oro todo lo que reluce. Es más, es justo y necesario señalar a veces al rey y proclamar que anda en calzoncillos. Y sin más circunloquios, y antes de que alguien deje de leer esta crítica, dígase de entrada y sin paliativos: Jakub Józef Orlinski es un contratenor de segunda. Y punto.

"El resultado, a tenor de lo que escuchamos en el Palau de la Música, es un centro inaudible, con agilidades a bandazos y con una propensión al canto amanerado en las arias lentas y desbocado, histriónico y vacío en las rápidas"

Por si quieren seguir leyendo, puedo decirles que la primera vez que lo escuché me pareció tener delante a un cantante cargado de impurezas, pero que con el tiempo podría mejorar si se dedicara a trabajar dura y seriamente. Un año y medio después, el cantante polaco me parece un juguete que se romperá. Y es que la voz, que de entrada resulta interesante por el color y la emisión, necesita pulirse y la de Orlinski cada vez parece más embrutecida. Hoy por hoy, este contratenor es a todas luces un producto de marketing y de la cultura fast food que -¡ay!- también afecta como una plaga (a eso también puede llamársele pandemia) el mundo de la clásica. Ojo, que está muy bien presentarse con una imagen joven y desenfada, incluso afecta a determinado lobby. Y también está bien reírse de ciertas convenciones del barroco. Pero siempre y cuando se tenga algo que decir. O algo bueno que cantar. El resultado, a tenor de lo que escuchamos en el Palau de la Música Catalana, es un centro inaudible, con agilidades a bandazos y con una propensión al canto amanerado en las arias lentas y desbocado, histriónico y vacío en las rápidas. Actuaciones, en definitiva, de quiero y no puedo. Después de una lamentable versión de «A dispetto d’un volto ingrato» de la händeliana Tamerlano, Orlinski solo sentó cabeza en la contenida «Sento in seno» de Il Giustino di Vivaldi. El resto, olvidable.

En este concierto barcelonés, además, el contratenor polaco cantó muy poco y quien ocupó más tiempo el escenario del Palau fue un conjunto muy desigual, Il Giardino d’Amore, que confunde la música antigua con la música desafinada. Cierto que el virtuosismo del director y violinista Stefan Plewniak es incontestable, pero una vez más se imponen versiones anodinas, próximas a esa «sociedad del espectáculo» de la que hablaba Guy Debord.

Carnaza, pues, bien servida por el envoltorio mediático de Orlinski, que sabe vender una moto que e menudo derrapa sin remedio. Y eso, claro, es siempre un peligro.