Nina Stemme retoma el 'Lied' sinfónico

Estocolmo

21 / 05 / 2020 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 2 min

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Orquesta sinfónica con distancia de seguridad © konserthuset.se
Stemma brilló con los 'Lieder' de Wagner © konserthuset.se
Nina Stemme y Alan Gilbert, invitados de lujo en Estocolmo © konserthuset.se

Concierto NINA STEMMA

Konserthuset Stokholm

En 'streaming'

Obras de Debussy, Wagner y Schubert. Nina Stemme, soprano. Orquesta Filarmónica de Estocolmo. Dirección: Alan Gilbert . 20 de mayo de 2020.

La crisis del coronavirus ha obligado a los teatros y auditorios del mundo entero a reconsiderar el formato de la música de cámara, ya que las vigentes medidas de distanciamiento social impiden tanto la presencia de público como la reunión de orquestas y coros sobre el escenario. No así en Suecia, donde, como es sabido, la acción gubernamental contra la pandemia es más laxa. La Konserthuset Stokhholm aprovechó esta circunstancia para devolver a la actividad (eso sí, a puerta cerrada y por streaming) a la Filarmónica de Estocolmo con dos invitados de lujo, la soprano Nina Stemme y el director Alan Gilbert, titular de la Royal Swedish Opera

"La soprano sueca supo lidiar, cantando desde el centro de la orquesta, con la complicada consistencia melódica de estas canciones, que presagian, desde los márgenes de la magna obra de Wagner, el estilo de sus óperas de madurez"

El programa de la velada, concebido en forma de tríptico equilibrado, ofreció en el centro los Wesendonck Lieder de Wagner. A modo de introducción y de conclusión, el actual director de la Elbphilarmonie Hamburg propuso dos verdaderas perlas de la literatura para orquesta: el Prelude à l’après-midi d’un Faune de Debussy y la Sinfonía N.º 8, Inacabada, de Schubert. El poema sinfónico por excelencia del compositor francés funcionó a la perfección como preludio, valga la obviedad, para un Wagner al que tanto debe, sobre todo por lo que hace a la experimentación armónica. La calidad del conjunto sueco se hizo notar tanto en esta delicadez inicial como en la suntuosa afirmación del género sinfónico que supuso, para terminar, la interpretación de la Octava de Schubert.

El punto de inflexión de la velada fue, sin duda, la intervención de Nina Stemme con el ciclo de los Wesendonck Lieder wagnerianos, habitualmente interpretados con acompañamiento de piano. La soprano sueca supo lidiar, cantando desde el centro de la orquesta, con la complicada consistencia melódica de estas canciones que presagian, desde los márgenes de la magna obra de Wagner, el estilo de sus óperas de madurez. A cada Lied la voz asume un más alto grado de conciencia lírica y dramática. Stemme hizo gala de su experiencia con el repertorio post-romántico, atravesando en todo momento el misterioso fondo orquestal y exhibiendo, para esta fugaz aventura wagneriana, su acostumbrado timbre amplio y aterciopelado.