Nina Stemme, el esplendor de una artista única

Madrid

28 / 05 / 2024 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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madrid wagner Nina Stemme y el director Gustavo Gimeno, en Madrid © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Concierto de NINA STEMME

Obras de Richard Wagner. Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real. Dirección: Gustavo Gimeno. 26 de mayo de 2024.

La soprano sueca Nina Stemme se ha prodigado poco en Madrid, salvo por una extraordinaria Salome de hace ya 14 años. Por eso había una gran expectación por escucharla en dos de sus grandes papeles, Isolde y Brünnhilde, los cuales formaban el plato fuerte de su concierto en el Teatro Real. En el Liebestod (Muerte de amor), Stemme demostró por qué es, a pesar del tiempo y de alguna dureza, una de las mejores Isoldas del mundo: volumen, intensidad, proyección, minuciosidad en la exposición, control pero sobre todo —y es esto lo que hace de Stemme una cantante única—, una exquisita atención al matiz y a la expresión, como en ese fabuloso final evanescente. Nada de grandilocuencia, ni de nebulosidades místicas. La Isolda de Stemme es, por encima incluso del texto wagneriano —siempre un poco ridículo—, una mujer enamorada.

Otra modalidad de suicidio por amor lo brinda Brünnhilde en su escena final de la inmolación, un papel en el que las tentaciones épico-cósmicas son más pronunciadas y que siempre corre el riesgo de caer en lo paródico. Stemme corta radicalmente cualquier tentación de este tipo y coloca al personaje en su terreno: entre la contención propia de una gran trágica y la muy peculiar atención a los sentimientos de un personaje incapaz de sobrevivir a lo que había dado sentido a su vida pero que esta vez destruye todo lo que se le ha puesto por delante. Emoción tan intensa, más allá otra vez de los caballos y las piras, que a veces parecía una declaración de amor de la artista a la música de Wagner.

"Stemme demostró por qué es, a pesar del tiempo y de alguna dureza, una de las mejores Isoldas del mundo: volumen, intensidad, proyección, minuciosidad en la exposición, control pero sobre todo una exquisita atención al matiz y a la expresión"

Otro de los atractivos del programa era La cena de los apóstoles de Wagner, que pone en escena para orquesta y coro masculino, la celebración de Pentecostés. La obra, de gran éxito en Alemania en su momento, no es demasiado frecuente hoy en día. De indudable prestancia, refleja muy bien lo que Wagner se figuraba que era el cristianismo: una cosa entre las fallas de Valencia y el coaching de las tropas teutonas antes de la invasión de Rusia. Magnífico el Coro Titular del Teatro Real, dirigido por José Luis Basso, con una larga intervención a cappella. En un encomiable esfuerzo de inclusión y transversalidad, y a falta de las más de mil voces masculinas previstas por Herr Richard, lo reforzaron las voces femeninas más graves de la propia formación. El recurso a una grabación del propio coro le añadió su toque futurista, muy de serie B.

Completaron el programa de la muy entretenida velada el Preludio del Tristán y tres fragmentos orquestales del Götterdämmerung. Era una selección lo bastante variada como para que Gustavo Gimeno, el próximo director musical del Real, diera muestras de su buen oficio. No defraudó: desde el lirismo extremo y morboso del Tristán, que quizás debía haber sido precedido de alguna página más ligera, hasta el brutalismo de la Marcha fúnebre, pasando por la alegría homérica del Viaje y la transparente evocación de la naturaleza, esa especialidad wagneriana, en el Amanecer, Gimeno condujo a la magnífica Orquesta del Real por todos los matices expresivos requeridos por la inspiración del compositor. Gran éxito, que culminó con “Träume”, el último de los Wesendonck Lieder, como propina de lujo.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL