Nicholas Brownlee, un Holandés de época

Valencia

03 / 03 / 2025 - César RUS - Tiempo de lectura: 3 min

wagner valencia La producción de Willy Decker de 'El holandés errante' © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO & Mikel PONCE
wagner valencia Nicholas Brownlee como Holandés © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO & Mikel PONCE
wagner valencia La producción de Willy Decker de 'El holandés errante' © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO & Mikel PONCE

Palau de Les Arts

Wagner: DIE FLIEGENDE HOLLÄNDER

Nicholas Brownlee, Elisabet Strid, Franz-Josef Selig, Stanislas de Barbeyrac, Moisés Marín, Eva Kroon. Orquesta de la Comunitat. Dirección de escena: Willy Decker. Dirección musical: James Gaffigan. 2 de marzo de 2025.

La historia del Palau de Les Arts está muy unida a la música de Wagner, sin embargo, hasta ahora solo había llevado a escena los llamados dramas musicales y las óperas románticas habían quedado siempre fuera de sus programaciones. Con Der fliegende Holländer (ver previa en este enlace) se subsana, en parte, dicha carencia que debería, más pronto que tarde, completarse con Lohengrin y Tannhäuser. Para este Der fliegende Holländer se contaba con atractivos ingredientes, especialmente por un reparto que combinaba cantantes veteranos, casi legendarios, como Franz-Josef Selig con estrellas ascendentes como es el caso del bajo-barítono Nicholas Brownlee. Sin duda, fue este último quien logró el mayor de los éxitos gracias a una interpretación del papel protagonista cuya calidad vocal e interpretativa resiste la comparación con los más ilustres intérpretes del rol: el bajo-barítono posee una voz de timbre brillante y cálido que no pierde un ápice de calidad todo su registro, desde los cálidos graves, hasta el luminoso agudo; en ese sentido, prefiere no oscurecer artificialmente en el registro bajo ni abrir en el agudo para forzar la voz, al contrario, su canto se mueve siempre fluido y envolvente. Por último, hay que señalar algo poco habitual en el canto wagneriano, a saber, la capacidad para el legato; cierto es que esta ópera se presta a ello, pues tiene una escritura vocal con algunos efectos propios de la década de 1840 y, en concreto, en el dúo con Senta evocador un arrollador lirismo.

"Nicholas Brownlee posee una voz de timbre brillante y cálido que no pierde un ápice de calidad todo su registro, desde los cálidos graves, hasta el luminoso agudo"

A su lado contó con una Senta, la firmada por Elisabet Strid, que estuvo lejos de estar a la par, ya que la soprano firmó una voluntariosa interpretación tanto a nivel vocal como escénico e intentó dar en todo momento lo máximo, pero no siempre el resultado fue el deseable; por ejemplo, en el mencionado dúo con el Holandés tuvo algún problema de afinación y en los agudos a menudo le faltó algo de squillo y proyección. Por su parte, Stanislas de Barbeyrac posee una voz lírica pero con un centro ancho y cálido que le permite afrontar con garantías este repertorio, y su Erik fue todo un despliegue de lirismo permitiéndose incluso dar el si bemol de su aria final en pianísimo (tal y como se indica en la partitura). Por su parte, Franz-Josef Selig sentó cátedra como Daland: es un referente en este rol tanto por su calidad vocal, pues mantiene toda sus cualidades propias en cuanto a timbre y técnica, como por la interpretación dramática en la que combina la patente inocencia del personaje con cierto recelo en algunas situaciones. Por último, cabe subrayar el buen canto de Moisés Marín como Steuermann y la autoridad escénica y canora de Eva Kroon como Mary.

James Gaffigan ofreció una versión sin pomposidades y carente del mínimo abuso del rubato, optó por tempi vivos y texturas claras en una ópera en la que el compositor todavía no había desarrollado la densidad orquestal que con el tiempo caracterizaría su escritura. La Orquesta de la Comunitat, descontando algún desliz (esa trompa al inicio entonando el tema del Holandés) se mostró especialmente flexible, además de precisa y brillante como suele ser habitual. Esta es una ópera en al que el coro juega un especial papel y, en este caso, hay que destacar a los magníficos miembros masculinos del Cor la Generalitat y del Coro de la Comunidad de Madrid; este último interpretó la parte de la tripulación del Holandés desde el fondo del patio de butacas.

La clásica producción de Willy Decker proviene de París y Turín y sitúa la acción en un espacio doméstico que parece conducir al espectador al siglo XIX; de hecho, toda la acción se desarrolla en lo que parece un salón con elementos gigantes. La propuesta utiliza un lenguaje escénico muy sobrio pero consigue plasmar la trama con claridad, pues contiene todos los elementos esenciales de la narración. Para esta reposición, el director ha sido Stefan Heinrichs.  * César RUS, corresponsal en Valencia de ÓPERA ACTUAL

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