Netrebko se instala en la excelencia

Barcelona

28 / 01 / 2021 - Marcelo CERVELLÓ - Tiempo de lectura: 3 min

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Netrebko Anna Netrebko, en un momento del recital © Gran Teatre del Liceu / Paco AMATE

Gran Teatre del Liceu

Recital ANNA NETREBKO

Obras de Chaikovsky, Rajaminov, R. Strauss, Debussy, Douglas Moore y otros. Con Elena Maximova, mezzosoprano. Pavel Nebolsin, piano. Giovanni Andrea Zanon, violín. 27 de enero de 2021.

El carisma de un artista de nivel no debería medirse por el jubiloso recibimiento con que se le acoge –lo fue el que tuvo la soprano rusa en el Liceu– o el agasajo del público al final de su actuación, que tampoco faltó, sino por lo que ha podido demostrar entre ambos momentos. Anna Netrebko, recuperada de los problemas de salud que impidieron su presencia en el reciente Trovador liceísta, no decepcionó en este sentido.

"Netrebko pudo lucirse en el repertorio ruso que para ella es toda una segunda piel, en un Richard Strauss de manual"

En una excelente forma vocal, con una emisión siempre controlada del sonido, bien modulado y apoyado en un canto rico de smorzature y fácil en toda su extensión, Netrebko pudo lucirse en el repertorio ruso que para ella es toda una segunda piel, en un Richard Strauss de manual –aunque a la Cäcilie de la propina llegase ya algo cansada–, una versión ensimismada de «Depuis le jour» en la que el tiempo pareció detenerse y, como inteligente aportación a un programa que olía más a reunión de amigos que a construcción coherente, en un aria («Gold is a fine thing») de la ópera de Douglas Moore The ballad of Baby Doe que supuso para ella la ovación de la noche. Se le puede perdonar a una cantante de esta desenvoltura el paso en falso de una Mattinata de Leoncavallo un tanto desgreñada, bajón que compensaría en el breve capítulo de encores con el garbo que confirió a ese Bacio de Aldighieri y Arditi antes tan prodigado y ahora tan difícil de oír en recitales y conciertos.

Para el dúo de Pikovaya Dama y Les contes d’Hoffmann –fragmentos que permitirían la aparición de un globito en el primer caso y de máscaras de carnaval en el segundo– contó con la colaboración de una desenfocada Elena Maximova que poco aportaría al nivel general de la velada. Sí lo harían el pianista Pavel Nebolsin, muy cuidadoso en el manejo de las dinámicas, y Giovanni Andrea Zanon al violín en dos momentos bien aprovechados.