Nantes: La vuelta de tuerca del Holandés

07 / 06 / 2019 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 minutos

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La 'regia' de Rebecca y Beverly Blankenship se tomó algunas licencias acertadas sobre la ópera de Wagner © Angers Nantes Opéra
La 'regia' de Rebecca y Beverly Blankenship se tomó algunas licencias acertadas sobre la ópera de Wagner © Angers Nantes Opéra
La 'regia' de Rebecca y Beverly Blankenship se tomó algunas licencias acertadas sobre la ópera de Wagner © Angers Nantes Opéra
La 'regia' de Rebecca y Beverly Blankenship se tomó algunas licencias acertadas sobre la ópera de Wagner © Angers Nantes Opéra

Angers Nantes Opéra

Wagner: DER FLIEGENDE HOLLÄNDER

Almas Svilpa, Martina Welschenbach, Patrick Simper, Doris Lamprecht, Yu Shao. Orchestre Symphonque de Brtagne. Dirección: Rudolf Piehlmayer. Dirección de escena: Rebecca y Beverly Blankenship. 5 de junio de 2019.

 

Senta murió a manos de las gentes de su pueblo, que si bien habían aceptado dinero y alhajas del misterioso desconocido, no podían admitir que ella prefiriera al fantasmal errante antes que a un miembro de su clan. Con esta licencia respecto al argumento original de Der fliegende Holländer (El Holandés errante) –mínima, puesto que la muchacha sabía lo que le esperaba y el martirio valía por un suicidio–, situaron la historia Rebecca y Beverly Blankenship en la realidad dura, pobre, cerrada y violenta que habían vivido los pueblos del norte de Europa en un pasado relativamente reciente, hoy olvidado.

Añádase que la dirección de escena realzó el personaje de Daland, paradójicamente, dando al de Mary –magistralmente interpretada por Doris Lamprecht, artista ideal para estos roles– una mayor visibilidad: la inesperada llegada del oro holandés y la eventual desaparición de Senta facilitaban los planes del futuro de la pareja, más unida aquí que en las puestas en escena convencionales.

Peer Palmowski centró su escenografía en una cubeta con 50 centímetros de agua –elemento central en la vida de aquel pueblo– que dispuso en la totalidad del escenario y que mantuvo durante los tres actos.

© Angers Nantes Opéra

Patrick Simper como el mezquino Daland, junto a la magistral Mary de Doris Lamprecht

La orquesta adoptó el tono violento que reinaba en el escenario. Rudolf Piehlmayer exigió a los metales fuertes sonoridades, y los tutti orquestales fueron de una gran intensidad. Con ello, el aspecto lírico de la obra se redujo a las intervenciones del marinero –Yu Shao, una voz muy interesante–, y a algunos pasajes (no todos) del diálogo de Erik con Senta, su enamorada.

El Coro de la Ópera de Nantes, muy bien preparado por Xavier Ribes, se llevó el gato al agua por la justeza, la fuerza y la pertinencia dramática de sus intervenciones. El Coro de Rennes  –dirigido por Gildas Pungier– intervino fuera de escena, desde el buque fantasma.

Martina Welschenbach fue una Senta vocalmente justa, de bello timbre, agradable y estable, y dio con arte y tino una versión, ciertamente potente pero también tradicional de su personaje. Almas Svilpa –Holandés– lució un timbre viril, su emisión fue justa, como lo fue su presencia física en el escenario; no se le notaron errores ni dudas. Autoritario, asumió sus deseos de muerte con repetida tenacidad. Patrick Simper interpretó un Daland mezquino, cobarde y egoísta, contento de librarse de Senta para seguir su vida con mayor tranquilidad al lado de Mary; su voz cavernosa y su emisión seca y dura, exenta de legato, resaltó admirablemente sus innobles pensamientos. Samuel Sakker interpretó Erik con lirismo, presencia y coraje.