Música de cine para Lope de Vega en La Zarzuela

Madrid

10 / 10 / 2023 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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olmedo zarzuela Una escena de 'El caballero de Olmedo' en La Zarzuela © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
olmedo zarzuela Una escena de 'El caballero de Olmedo' en La Zarzuela © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
olmedo zarzuela Una escena de 'El caballero de Olmedo' en La Zarzuela © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL

Teatro de La Zarzuela

Díez Boscovich: EL CABALLERO DE OLMEDO

Estreno absoluto

Joel Prieto, Rocío Pérez, Germán Olvera, Nicola Beller Carbone, Berna Perles, Gerardo Bullón y Rubén Amoretti. Coro Titular del Teatro de La Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección musical: Guillermo García Calvo. Dirección de escena: Lluís Pasqual. 6 de octubre de 2023.

La temporada del Teatro de La Zarzuela empezó oficiosamente (la inauguración oficial de la programación del coliseo madrileño fue antes, con Grilletta e Porsugnacco, en el ciclo Teatro Musical de Cámara que coproduce con la Fundación Juan March) tal y como terminó: en el loable intento de establecer un cauce normalizado de nuevas creaciones en el mundo del género lírico nacional. No ha sido el primero. La temporada pasada se escuchó la muy kitsch Trato de favor y antes había pasado por el escenario de la Calle Jovellanos la accidentada Policías y ladrones. En la memoria queda también el estreno en 2016 de la ópera María Moliner de Parera Fons, que ha tenido la merecida suerte de moverse por España fuera de lo puntual y que en estos días aterriza en Tenerife. Sirva este somero (e incompleto) repaso para explicar la complejidad de crear nuevas partituras sin perder la complicidad con el público propia del género ni la búsqueda de la raíz que lo hace único.

En El caballero de Olmedo se opta por un relato musical más emparentado con el mundo de la banda sonora, que es el que mejor domina el compositor Arturo Díez Boscovich, como ya demostró en aquella magnífica partitura para el corto de Juan Antonio Espigares (Fuga, 2012). Eso aporta curiosas consonancias, por cuanto el lenguaje operístico ha sido padre y tutor del cinematográfico. Aquí la música resulta impactante, con caudal dramático sobrado y una vocación de monumentalidad que a veces empuja la trama y a veces también la lastra. La conexión con el oyente está garantizada porque hace un siglo que la empatía del gran público abandonó la creación contemporánea al uso para irse a las salas de cine. Más allá de tal vez un exceso de intensidad general, algunas escenas están muy logradas en la partitura, como la séptima y la octava. Los Leitmotive funcionan en lo concreto (se asocian a los personajes) pero el exceso de empuje oculta algunas debilidades dramáticas. Destaca también el desparpajo en mirar de forma directa o indirecta a referentes líricos (de Don Giovanni a La verbena de la Paloma) que parecieron aparecerse durante la función.

"El más exigido fue el personaje de Don Alonso, con continuas intervenciones con sobreagudos que Joel Prieto resolvió sin abrir el instrumento ni perder el control de la afinación"

La dirección escénica y adaptación del libreto corría a cuenta de Lluís Pasqual y no hay voz más autorizada para hacerlo: su recorte del texto funciona porque queda lo importante y se respeta el sentido de lo mágico que hace que Lope de Vega no sea superficial ni hablando del tiempo. La escenografía propuesta por Daniel Bianco se sirve de proyecciones en una serie de pantallas que se continúan, enfrentan o giran para generar espacios abiertos y estancias practicables. Algunas de la proyecciones creadas por Franc Aleu tenían una indudable vocación poética por su saturación de colores y reflejo de ellos en el rostro de los personajes.

El reparto se enfrentaba a dos retos, superados con nota en esta primera función: el volumen de la orquesta y la tesitura tan forzada de la obra. El más exigido fue el personaje de Don Alonso, con continuas intervenciones con sobreagudos que el tenor Joel Prieto resolvió sin abrir el instrumento ni perder el control de la afinación; le queda la infausta tarea de hacer cuatro funciones más con ese nivel de exigencia. También un punto forzada la escritura de Doña Inés, con una Rocío Pérez que mezclaba inocencia con soltura en sus intervenciones, en particular las que se movían en su centro y centro-agudo. El resto del reparto se desenvolvió de forma notable, desde el robusto Rubén Amoretti (Tello/Sombra) a la magnífica alcahueta de Nicola Beller Carbone. El coro pudo lucirse en el Réquiem final pensado para la ovación, tal y como ocurrió. Gran éxito, a la altura de la valentía de poner música de cine a Lope de Vega en el Teatro de La Zarzuela.  * Mario MUÑOZ, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL