Múnich: Petrenko seduce a Salome

08 / 07 / 2019 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 3 minutos

Print Friendly, PDF & Email
La nueva producción de Krzysztof Warlikowski para la Ópera Estatal de Baviera tradujo con acierto y fuerza teatral la espiral de vicio y dolor que respira la ópera de Strauss © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL
La nueva producción de Krzysztof Warlikowski para la Ópera Estatal de Baviera tradujo con acierto y fuerza teatral la espiral de vicio y dolor que respira la ópera de Strauss © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL
La nueva producción de Krzysztof Warlikowski para la Ópera Estatal de Baviera tradujo con acierto y fuerza teatral la espiral de vicio y dolor que respira la ópera de Strauss © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL
La nueva producción de Krzysztof Warlikowski para la Ópera Estatal de Baviera tradujo con acierto y fuerza teatral la espiral de vicio y dolor que respira la ópera de Strauss © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL

Bayerische Staatsoper

Strauss: SALOME

Nueva producción. Inauguración del Festival de Verano

Marlis Petersen, Wolfgang Koch, Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, Michaela Schuster. Dirección: Kirill Petrenko. Dirección de escena: Krzysztof Warlikowski. 2 de julio de 2019.

Toda representación dirigida por Kirill Petrenko suele ser en sí misma un hito, tal es el grado de maestría alcanzado por el director musical de la Ópera Estatal de Baviera. La nueva producción de Salome que inauguraba el pantagruélico festival de verano de la compañía muniquesa no ha sido una excepción. Con una orquesta que toca como los ángeles para su titular, Petrenko no descuidó ningún aspecto de la poliédrica partitura de Strauss, ya sean los colores más intoxicantes del decadentismo más seductor, los espasmos violentos de los pasajes más expresionistas o el lirismo desbordante en los momentos más efusivos. Todo ello reforzado por infalible sentido de la tensión dramática y un oído finísimo para revelar incontables detalles sin perder nunca de vista la estructura global, a lo cual cabe añadir una permanente atención a las necesidades de sus cantantes, especialmente remarcable con una protagonista inusual.

Marlis Petersen ha sido una de las Lulu de referencia de los últimos lustros y una notabilísima soprano lírico-ligera. Su primera Salome era un reto notable, aún contando con la sabia batuta de Petrenko, ya que la profusa orquestación straussiana parece pedir un instrumento de otro calibre. El primer acierto de la soprano alemana es no hacerse pasar por lo que no es, una voz dramática. Sin forzar nunca sus recursos, Petersen brindó una Salome con una línea de canto bellísima –no en vano también es una liederista consumada–, llena de sutilezas y con un timbre cristalino que refuerza el carácter inmaduro y caprichoso de la princesa de Judea. Súmese una agilidad física y unas formidables dotes de actriz, y el resultado es una encarnación tan atípica como apasionante. Munich reunió un magnífico reparto a su alrededor, en especial el sinuoso Herodes de Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, la Herodias venenosa y carnal de Michaela Schuster y el Jochanaan, si no dúctil, sí adecuadamente tonante de Wolfgang Koch. Pavol Breslik fue un ardiente Narraboth bien complementado por el Paje de Rachael Wilson, mientras que la pléyade de comprimarios hizo honor a la reputación de la compañía bávara.

© Bayerische Staatsoper / Wilfried Hösl

La soprano Marlis Petersen debutó en Munich el rol de Salome

La nueva producción de Krzysztof Warlikowski traduce con gran fuerza teatral y una minuciosa dirección de actores la incomodidad, la sensación enfermiza que genera la obra de Strauss inspirada en Wilde en su retrato de la relación entre deseo y muerte, con aciertos como la escena entre Salome, Jochanaan y Narraboth, convertida en una danza de cuerpos enlazándose y separándose, o la propia danza de la protagonista con la muerte, en el fragmento más popular de la partitura.

El desconcierto nace del contexto en que el director polaco sitúa el drama: la biblioteca de un gueto en plena guerra donde vive recluida una comunidad judía temerosa del exterior. Los diseños de Malgorzata Szczęśniak abandonan solo puntualmente su frialdad clínica habitual, reservada para la apertura del decorado en la aparición del Bautista así como en la Danza de los siete velos (acompañada de un vídeo que recrea los murales de una sinagoga ucraniana destruida por los nazis). Si la pantomima inicial, con fondo de un Kindertotenlieder de Mahler, genera cierta perplejidad, el desarrollo de la trama la acentúa ¿Quién es este Jochanaan que se pasea sin problemas hasta el final? Si todo es, en apariencia, una representación, ¿por qué la transgresión última de Salome provoca el suicidio colectivo de todos los que la rodean? Más preguntas que respuestas en una propuesta, pese a todo, intrigante.