Mozart en el Himalaya, la última fantasía lírica de Eric Vigié

Lausana

22 / 03 / 2024 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 3 min

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mozart himalaya La nueva producción de 'La flauta mágica' de Éric Vigié © Opéra de Lausanne / Jean-Guy PYTHON
mozart himalaya La nueva producción de 'La flauta mágica' de Éric Vigié © Opéra de Lausanne / Jean-Guy PYTHON
mozart himalaya La nueva producción de 'La flauta mágica' de Éric Vigié © Opéra de Lausanne / Jean-Guy PYTHON

Opéra de Lausanne

Mozart: DIE ZAUBERFLÖTE

Nueva producción

Oleksiy Palchykov, Tamara Banješević, Marie-Eve Munger, Björn Bürger, Guilhem Worms, Yuki Tsurusaki, Pablo García López, Esther Dierkes, Nuada Le Drève, Béatrice Nani, Maxence Billiemaz, Adrien Djouadou. Dirección musical: Frank Beermann. Dirección de escena: Eric Vigié. 19 de marzo de 2024.

La producción de La flauta mágica en la Ópera de Lausanne, en el crepúsculo de la gestión de Éric Vigié como director general (ver artículo En Portada de ÓA 273 en este enlace), se convirtió en una audaz despedida que marcará su legado. Vigié, en un gesto de desbordante creatividad, transporta la ópera a un Tíbet fantástico, entretejido con el encanto y misterio de las aventuras de Tintín, sin representarlo directamente, pero con múltiples alusiones a los álbumes emblemáticos de Hergé, El Loto Azul y Tintín en el Tíbet; como también a la anexión a China en 1951, que aquí se presenta fallida por parte de Monostatos y las Tres Damas. Pamina es una institutriz que lee un cuento a los tres niños y la Reina de la Noche, redimida por Sarastro, se descubre como la madre de los niños. Vigié aparta la producción de la simbología masónica tradicional y la lleva hacia una estética que incluye referencias orientales y elementos de la infancia, confiriendo a la ópera un tono ligero y sorprendente. En su doble rol de director y diseñador de vestuario, Vigié ante la escenografía de Mathieu Crescence, se divirtió de lo lindo integrando la cultura tradicional y la pop reinterpretando la popular ópera e invitando a redescubrir sus mensajes universales a través de un prisma cultural diverso y vibrante.

Musicalmente, el director alemán Frank Beermann concibió una Flauta más romantizada, buscando en las arias sus momentos de mayor inspiración. El suyo no es un Mozart al uso, pero convence por su musicalidad y, sobre todo, por su teatralidad. La dirección fue de menos a más, aunque no por ello exenta de obstáculos que algún solista le puso, como la imposible Reina de la Noche de Marie-Eve Munger, que sustituía a la anunciada Sara Blanch. La soprano canadiense, que tan buen recuerdo dejó como Zerbinetta o en Le domino noir de la temporada pasada, decepcionó en una interpretación descontrolada, con constantes desajustes en la afinación y llevando los tempi a su antojo.

"Björn Bürger, en el papel de Papageno, se erigió como uno de los pilares de la producción, con una actuación rebosante de carisma y humanidad"

Björn Bürger, en el papel de Papageno, se erigió como uno de los pilares de la producción, con una actuación rebosante de carisma y humanidad; su comprensión del personaje, combinada con una ejecución vocal impecable, aportó los momentos de alivio cómico y ternura que la ópera demanda, creando un contrapunto esencial con las figuras más solemnes. Tamara Banješević irradió una presencia escénica magnética, dotada de un timbre rico y una proyección envidiable; sin embargo, su incursión como Pamina, pese a su indudable talento vocal, divergía estilísticamente del repertorio mozartiano. La densidad y dramatismo en su voz, si bien impresionantes, son más acordes para roles más dramáticos, como Butterfly o Manon Lescaut, que a la dulzura y sutileza requeridas por Mozart.  El tenor ucraniano Oleksiy Palchykov (Tamino) aportó una dimensión de nobleza y candor, esenciales para el príncipe aventurero, con una interpretación matizada y sincera aunque sonó algo forzada como en la célebre “Dies Bildnis ist bezaubernd schön”. Guilhem Worms, como Sarastro / Dalái lama ofreció momentos de elegancia y maestría en el fraseo, demostrando su capacidad interpretativa y profundidad emocional, pero la ausencia de graves profundos y de la rotundidad necesaria para el personaje dejaron un vacío en la representación de esta figura paternal y sabia, crítica para el engranaje emocional de la ópera.

Finalmente, de las Tres Damas, sobresalió la soprano Esther Dierkes (primera) con un estilo impecable y defraudó, y mucho, la tercera de Béatrice Nani. El español Pablo García López como Monostatos aportó una interpretación vibrante y llena de matices, de rigor mozartiano a pesar de una proyección ajustada.  * Albert Garriga, crítico de ÓPERA ACTUAL