Monumentales voces verdianas para un montaje olvidable

Milán

26 / 02 / 2024 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 min

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verdi milán La nueva producción de 'Simon Boccanegra' estrenada en Milán © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
verdi milán La nueva producción de 'Simon Boccanegra' estrenada en Milán © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
verdi milán La nueva producción de 'Simon Boccanegra' estrenada en Milán © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO

Teatro alla Scala

Verdi: SIMON BOCCANEGRA

Nueva producción

Irina Lungu, Luca Salsi, Roberto de Candia, Andrea Pellegrini, Haiyang Guo, Laura Lolita Peresivana, Ain Anger. Dirección musical: Lorenzo Viozzi. Dirección de escena: Daniele Abbado. 24 de febrero de 2024.

Esta nueva producción de Simon Boccanegra en el Teatro alla Scala sigue a la que se estrenó hace casi 14 años, en 2010, firmada por Federico Tiezzi y que se repuso en otras tres temporadas, la última hace cinco años. Lo que se ha destinado al desván, físico y de los recuerdos, no arrancó precisamente un aplauso, pero ahora se añora viendo este inútil, desagradable y en momentos incluso ridículo espectáculo firmado por Daniele Abbado, con escenografía suya y de Angelo Linzalata, vestuario de Nana Cecchi e iluminación de Alessandro Carletti. Minimalista al punto de que la habitación del Doge parece el vestuario de un gimnasio apto para cualquier título, desde un Wozzeck a un Don Giovanni, pero, lo peor, es su falta de una línea precisa o de una idea novedosa, siendo insuficiente en la dirección de actores y de masas.

Suerte que la vertiente musical estuvo muy bien defendida, ya que en las lides verdianas la orquesta de La Scala parece no conocer rivales. Lo mismo dígase del coro milanés, ejemplar en todas sus secciones, que obedece a la excelente guía de Alberto Malazzi. Desde el podio, Lorenzo Viozzi dirigió con atención, alcanzando el clímax peculiar, sombrío, de tinta auténticamente verdiana, logrando momentos de gran teatralidad por ejemplo en las escenas de masas.

"Monumental por voz e interpretación el Simone del barítono Luca Salsi, divo habitual del coliseo milanés y amadísimo por el público que le gratificó con un auténtico triunfo"

En el reparto, respecto de las primeras funciones, se realizaron algunos cambios. El del tenor estaba previsto, y tras el neoyorquino Charles Castronovo fue el turno del genovés de 29 años Matteo Lippi, que se reveló, para quienes no le conocían, como una gratísima sorpresa. Ovacionado tras su aria del tercer acto y muy aplaudido al final de la ópera, demostró poseer una ejemplar y noble línea de canto, timbre grato y facilidad en el agudo, demostrando madurez en el fraseo y en los acentos, lo que hace esperar de él un futuro radiante. El papel de Amelia / Maria fue asumido last minute por la soprano rusa, naturalizada italiana y milanesa de adopción, Irina Lungu, que encantó por la dulzura de su canto y sus consabidas dotes de actriz, pero lo que convence es la calidad de la voz, la pujanza y seguridad en el agudo y la exquisita capacidad de matizar con una emisión ejemplar en pianísimos en un fraseo centrado y convincente. Monumental por voz e interpretación el Simone del barítono Luca Salsi, divo habitual del coliseo milanés y amadísimo por el público que le gratificó con un auténtico triunfo; su Doge es rico de intenciones y cubre todos los estados de ánimo, desde el paternal al autoritario y finalmente doliente en el patético final.

Otro barítono habitual en primeros roles constituyó un lujo asiático para el papel de Paolo Albiani, al que Verdi dio especial relieve dramático, retratado en toda su compleja psicología y sutileza musical por Roberto De Candia. Cumplieron dignamente el Pietro del bajo Andrea Pellegrini, el Araldo de Haiyang Guo y la Doncella de Amelia Laura Lolita Peresivana, estos dos últimos, discípulos de la Accademia del Teatro alla Scala. Por último, el malísimo de la película, el vengativo Fiesco, fue defendido por el bajo de Estonia Ain Anger con voz cavernosa en los graves, pero insuficiente en fraseo y afinación. Una elección injustificable para este rol tan importante. Sin embargo, el público de la última función, fuera de abono y que abarrotaba la sala, si bien dejó pasar el “Lacerato spirto” observando un significativo silencio sepulcral, luego le aplaudió al final de la ópera.  * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL