Misticismo escénico para un ‘Saint François’ musicalmente impecable

Ginebra

25 / 04 / 2024 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 3 min

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mesiaen ginebra La nueva producción de 'Saint François d'Assise' del Grand Théâtre de Genève © GTG / Carole PARODI
mesiaen ginebra La nueva producción de 'Saint François d'Assise' del Grand Théâtre de Genève © GTG / Carole PARODI
mesiaen ginebra La nueva producción de 'Saint François d'Assise' del Grand Théâtre de Genève © GTG / Carole PARODI

Grand Théâtre de Genève

Messiaen: SAINT FRANÇOIS D’ASSISE

Nueva producción

Robin Adams, Claire de Sévigné, Aleš Briscein, Kartal Karagedik, Jason Bridges, Omar Mancini, William Meinert, Joé Bertilli, Anas Séguin. Dirección de escena: Adel Abdessemed. Dirección musical: Jonathan Nott. 18 de abril de 2024.

En el Grand Théâtre de Genève, la producción de Saint François d’Assise de Olivier Messiaen, dirigida por el reconocido artista Adel Abdessemed –en su primera incursión operística—, se presentó como un profundo viaje espiritual. Esta ópera, única en la composición de Messiaen, es conocida por su demanda de grandes fuerzas musicales, incluyendo una orquesta de casi 120 músicos y un coro de más de 150 voces. En esta producción, aunque el número de miembros del coro se ajustó ligeramente, el impacto sonoro permaneció monumental. La composición de Messiaen, profundamente enraizada en su fe católica y su amor por la naturaleza y la obsesión por el canto de los pájaros, utiliza texturas orquestales y vocales complejas para explorar el camino espiritual de San Francisco de Asís hacia la santidad.

Desde el inicio, la dirección musical a cargo de Jonathan Nott capturó la esencia de Messiaen con una precisión casi mística; la orquesta y los coros, aunque reubicados al fondo del escenario detrás de un sutil tul que transformaba el sonido en una veladura acústica, ejecutaron la compleja partitura con claridad y emotividad trascendiendo la barrera física y creando una atmósfera de intimidad y revelación.

La resencia escénica de Robin Adams, combinada con una voz que conmovía por su honestidad y textura, se convirtieron en el eje sobre el cual giró esta narrativa visual y sonora"

Visualmente, Abdessemed transformó el espacio escénico en un lienzo vivo en el que cada elemento añadía capas de significado. La interpretación de Robin Adams como Saint François resultó en una amalgama de fuerza y vulnerabilidad; su presencia escénica, combinada con una voz que conmovía por su honestidad y textura, se convirtieron en el eje sobre el cual giró esta narrativa visual y sonora. Con una capacidad vocal impresionante, manejó las largas y exigentes líneas de Messiaen con un compromiso que transmitía tanto el tormento como el éxtasis de su personaje.

Escénicamente, el segundo y tercer actos fueron particularmente notables por su innovación y profundidad emocional. En el segundo, la escena de la Predicación a los pájaros resultó visualmente impresionante. Abdessemed utilizó proyecciones de aves en vuelo que se mezclaban con sonidos ambientales realistas, creando un efecto de inmersión que transportó al público a la experiencia mística de San Francisco. El uso estratégico de la luz y las sombras añadió una dimensión casi tangible a la predicación, resaltando la conexión entre Francisco y la naturaleza. Asimismo, en el tercer acto, que culmina con la escena de los estigmas, el regista optó por un enfoque minimalista, pero poderoso, donde la iluminación jugó un papel crucial en la representación del sufrimiento y la transformación espiritual de Francisco. La escena estaba dominada por una cruz iluminada, bajo la cual Robin Adams ofreció una de sus actuaciones más poderosas.

Aleš Briscein, interpretando al Lépreux, se entregó a una actuación conmovedora; su voz, intensa y cargada de emoción, captó la transformación del personaje desde la desesperación hasta la redención, proporcionando uno de los momentos más impactantes de la ópera. La escena en la que François y el Lépreux intercambian el beso de paz resultó especialmente poderosa, mostrando la habilidad de Briscein para navegar entre las demandas vocales y dramáticas del rol.

Destacaron también las actuaciones de Claire de Sévigné, cuya interpretación del Ángel mezcló una etérea presencia vocal con una actuación que casi roza lo terrenal, y Kartal Karagedik (Frére Léo), cuya potencia vocal añadió profundidad al conflicto y a la devoción del Lépreux. La utilización de la luz y el espacio, especialmente en escenas clave como el encuentro de François con Lépreux, no solo capturaron la tensión emocional del momento, sino que también elevaron el texto de Messiaen a un plano casi cinematográfico.

Jason Bridges, Omar Mancini, William Meinert, Joé Bertili y Anas Séguin, en sus respectivos roles de Frère Massé, Frère Élie, Frère Bernard, Frère Sylvestre y Frère Rufin, enriquecieron el tejido narrativo con sus interacciones detalladas y voces distintivas. Cada uno de estos personajes aportó diferentes perspectivas sobre la vida monástica y la figura de San Francisco, contribuyendo a la riqueza de la obra.

Saint François d’Assise es una obra que desafía, educa y emociona, un recordatorio potente de que la ópera, como forma de arte, tiene el poder no solo de entretener, sino de iluminar y transformar. Abdessemed y Nott consiguieron crear una experiencia que resultó tanto en un tributo a la riqueza musical de Messiaen como una reimaginación audaz de su potencial escénico.  * Albert GARRIGA, corresponsal en Ginebra de ÓPERA ACTUAL