Miren Urbieta-Vega y el impresionismo francés

Bilbao

22 / 05 / 2021 - José Miguel BALZOLA - Tiempo de lectura: 3 min

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Miren Urbieta-Vega Un momento del concierto © Teatro Arriaga / E.MORENO ESQUIBEL

Teatro Arriaga

Recital de MIREN URBIETA-VEGA

Obras de Falla, Ravel, Delage y Poulenc. Sapere Aude Sinfonietta. Dirección: Alain Ayerdi. 19 de mayo de 2021.

La soprano donostiarra Miren Urbieta-Vega, ya bien conocida por la casi meteórica ascensión de su carrera, ofreció en este concierto en el Arriaga una serie comprometedora de obras bajo el título unificador de Paris años 20. El encanto del programa, sin duda, era la exposición de obras vocales del período impresionista con el acompañamiento de un grupo de cámara, efectivamente de moda por entonces.

Así, el Falla de formación parisina compuso su Psyché –engarzando la voz en un conjunto de trio de cuerdas, arpa y flauta– que estrenó en 1925 en el Palau Barcelonés; un año más tarde Ravel estrenaba en París sus Canciones Malgaches para arpa, flauta, cello y piano. Siguió en el programa del concierto un intermedio puramente instrumental, también de Ravel: la Introduction et Allegro con arpa solista, flauta, clarinete y cuarteto de cuerda, que dio paso a los Cuatro poemas hindúes del que fuera discípulo de Ravel, Maurice Delage, un grupo de cortísimos poemas indios compuesto hacia 1912 y plagado de sonoridades orientales con voz, flautas, oboes, clarinetes, arpa, y cuarteto de cuerdas. Cerró el programa la Rapsodia Negra de 1917 de Francis Poulenc, para voz, flauta, clarinete, cuarteto de cuerda y piano.

"En este mundo de bella sonoridad pero difícil, erizado de obstáculos para línea de canto, lleno de variadas expresiones Miren Urbieta-Vega resultó una intérprete sencillamente genial"

Ante este mundo de bella sonoridad pero difícil y erizado de obstáculos para la línea de canto, lleno de variadas expresiones, Miren Urbieta-Vega resultó una intérprete sencillamente genial: con una voz magistralmente educada y con flexibilidad absoluta, atacó lo mismo la fuerza y ferocidad –por hablar solo de las Malgaches– que exige el «Aoua! Aoua!», así como la extasiada y dulce visión del amor en «Nahandouvé». Fue precisa en el control de las dinámicas, exacta en los agudos y cálida o punzante en la línea de canto, según conviniera. Y eso en un repertorio que unía el registro puro de soprano, con el de las Malgaches –originalmente para mezzo– o la genial Rapsodia de Poulenc escrita para barítono. Brava, Miren.

Hay más que decir: en un concierto de este perfil, de esta intención, hace falta una especial simbiosis entre el conjunto instrumental, en este caso, la Sapere Aude Sinfonietta, y la voz a la que se acompaña; y hacen falta también solistas instrumentales de primera, y todo pudo darse en esta ocasión, destacando sobre todo el arpa y el violonchelo de este conjunto cuidadosamente llevado por Alain Ayerdi.