Minkowski y la exuberante juventud de Boulanger

Madrid

09 / 12 / 2021 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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ocne-minkowski-operaactual-boulanger 2 Orquesta, director y solistas, aplaudidos por el público © OCNE
ocne-minkowski-operaactual-boulanger Sylvie Brunet-Grupposo, junto a Julien Henric y Marc Minkowski © ocne-minkowski-operaactual-boulanger 2

Orquesta y Coro Nacionales de España

Lili Boulanger: FAUST ET HÉLÈNE

En versión de concierto

Sylvie Brunet-Grupposo, Julien Henric y Alexandre Duhamel. Orquesta Nacional de España. Dirección: Marc Minkowski. Auditorio Nacional, 3 de diciembre de 2021.

La juventud es uno de los condicionantes más atractivos dentro de una composición musical. Y no por adoración o mitomanía al síndrome niño prodigio. Las obras de juventud se revelan en algunos casos como composiciones exuberantes, repletas de incontinencia creativa y bajo el disfraz de un desequilibrio dramático irresistible para cualquier adicto a la intensidad. Le pasa a Le Villi de Pucinni, Il trionfo del Tempo de Händel, Mitridate, re di Ponto de Mozart o, buscando un caso más cercano a la estética del concierto, Korngold con su hedonista y decadente Die tote Stadt.

Pero la cantata (casi ópera breve) Faust et Hélène de Lili Boulanger suma otros condicionantes a los antedichos. La partitura es, como en Korngold, de un magnífico hedonismo sonoro, reflejado mediante una escritura orquestal ecléctica que estiliza el cromatismo wagneriano y le suma la paleta armónica de Debussy. Completa su búsqueda de voz propia con un vuelo lírico muy evolucionado, cercano en cierto sentido a la escritura vocal del último Puccini. Pero además es una pieza creada por una mujer de 18 años que quiere ganar el Grand Prix de Rome, y que lo consigue casi por unanimidad en 1913. Era la primera vez que se le otorgaba a una mujer, y fue gracias a la espectacular calidad de la composición que el tribunal fue capaz de reconocer lo impensable.

"Hélèna fue Sylvie Brunet-Grupposo, a quien le faltó un punto seducción y un agudo menos mate, pero supo suplirlo gracias a su atención hacia el fraseo y su capacidad para aportar dirección a los arcos melódicos de Boulanger"

Es difícil encontrar una batuta más adecuada que la de Marc Minkowski para afrontar este programa, porque el maestro francés es un especialista en recuperar partituras tan brillantes como desequilibradas, y su obsesión por lo dramático se ajusta a lo que esta obra necesita. El libreto de Eugène Adenis, poco brillante si se considera el original, narra un capítulo de la segunda parte del Fausto de Goethe, sumando tres personajes (Fausto, Mefistófeles y la resucitada Helena de Troya) atrapados en sus propios infiernos. Hélèna fue Sylvie Brunet-Grupposo, a quien le faltó un punto seducción y un agudo menos mate, pero supo suplirlo gracias a su atención hacia el fraseo y su capacidad para aportar dirección a los arcos melódicos de Boulanger. Buen Fausto de Julien Henric, que sin alardes se aprovechó de la belleza de su timbre para dar coherencia al personaje. Algún problema más tuvo el correcto Mefistófeles de Alexandre Duhamel, que tuvo que lidiar con el volumen de la orquesta y no salió bien parado.

Con todo, lo mejor fue el apartado instrumental, con una ONE concentrada y dispuesta a la lectura de Minkowski, rica en aristas, en gradación dinámica y en búsqueda de texturas. Algunos momentos consiguieron conmover a pesar de los formalismos inevitables a los que la obra está suscrita, como el amanecer de luz disgregada o el dúo de amor. Minkowski sacó a saludar a la partitura al acabar la obra. Son gestos necesarios. Son reivindicaciones justas.  * Mario MUÑOZ, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL