Milán: La despedida de un mito

13 / 09 / 2019 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 min

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'Rigoletto' en la puesta en escena de Gilbert Deflo © Teatro alla Scala / Marco BRESCIA & Rudy AMISANO
Leo Nucci interpreta Rigoletto © Teatro alla Scala / Marco BRESCIA & Rudy AMISANO
Kamani, Nucci y Girardello en una escena de la ópera © Teatro alla Scala / Marco BRESCIA & Rudy AMISANO
Chuan Wang como el Duca di Mantova © Teatro alla Scala / Marco BRESCIA & Rudy AMISANO

Teatro alla Scala

Verdi: RIGOLETTO

Enkeleda Kamami, Chuang Wang, Leo Nucci, Toni Nezic, Valeria Girardello. Dirección: Daniel Oren. Dirección de escena: Gilbert Deflo. 11 de septiembre de 2019.

Con un teatro prácticamente colmado se repuso el enésimo Rigoletto según el montaje de Ezio Frigerio y Franca Squarciapino, con la dirección escénica de Gilbert Deflo, que el espectador habitual de La Scala conoce de memoria gracias a las veces en que se ha repuesto en los últimos 25 años.

Esta representación contó con la presencia catalizadora de un Leo Nucci para quien se han agotado ya todos los calificativos ante su presencia vocal y física ante un personaje que es para él como una segunda piel, que ha cantado en más de 550 ocasiones y del que se despedía con estas funciones. Rodearon al mito los alumnos de la Academia de La Scala, que participan no solo como solistas en los repartos programados (el joven Nucci, sin embargo, las cantó todas en días alternativos) sino como orquesta, coro y alumnos de la escuela de baile. Un trabajo que ha dado notables resultados, gracias especialmente a las lecciones preparatorias del propio Leo Nucci y de la mezzosoprano Luciana D’Intino.

"Enkeleda Kamami está dotada de una voz mórbida, no de volumen excepcional pero sí bien impostada, con extensión hasta el Mi bemol, emitido con gran seguridad al término del dúo con el barítono en el segundo acto, y dominadora de todo el arco dinámico"

Se puede afirmar, vista la reacción del público, que en esta función se ha asistido al nacimiento de una estrella en la persona de la soprano albanesa Enkeleda Kamami: dotada de una voz mórbida, no de volumen excepcional pero sí bien impostada, con extensión hasta un Mi bemol emitido con gran seguridad al término del dúo con el barítono en el segundo acto, y dominadora de todo el arco dinámico, del forte al pianissimo, con seductores efectos de media voz. Su Gilda conquistó. Muy seguro el Duque del tenor chino Chuan Wang, de timbre y de bravura notables, con una buena emisión del agudo y fraseo subyugante, todo lo cual hace de él un elemento al que hay que perder de vista. Todos, sin embargo, se han mostrado a la altura del empeño, desde el Paje de Francesca Pia Vitale, también Giannetta en el Elisir, a la Condesa de Ceprano de Marika Spadafino, el Marullo de Ramiro Maturana, el Borsa de Kim Hun, la Giovanna de Valeria Girardello y la fogosa Maddalena de Daria Cherny. Se hizo notar de manera particular el bajo Toni Nezic, un Saparafucile de un hermoso tono oscuro y musicalidad excelente, amén de ofrecer una imponente figura, el tonante Ceprano de Lasha Sesitashvili y el autoritario Monterone de de Giorgio Lomiselli.

Muy bien orquesta y coro, este último preparado por Salvo Sgrò, a las órdenes de Daniel Oren, que ha impartido a su vez una lección magistral del dominio de la orquesta, con pianissimi de calidad y que supo inflamar en los momentos necesarios, en concreto en el aria “Cortigiani, vil razza dannata”, garantizando al mismo tiempo el debido soporte al canto, acariciando literalmente a las voces, por ejemplo, en el pasaje “Tutte le feste al tempio”.