Milán: Un estreno tardío

21 / 06 / 2019 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 2 min

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El montaje de Graham Vick deslució la esencia de la ópera de Korngold, en el que destacó especialmente el debut de Asmik Grigorian como Marietta. La soprano compartió escenario junto al Paul de Klaus Florian Vogt © Teatro Alla Scala / Ramella & Gianese
El montaje de Graham Vick deslució la esencia de la ópera de Korngold, en el que destacó especialmente el debut de Asmik Grigorian como Marietta. La soprano compartió escenario junto al Paul de Klaus Florian Vogt © Teatro Alla Scala / Ramella & Gianese
El montaje de Graham Vick deslució la esencia de la ópera de Korngold, en el que destacó especialmente el debut de Asmik Grigorian como Marietta. La soprano compartió escenario junto al Paul de Klaus Florian Vogt © Teatro Alla Scala / Ramella & Gianese
El montaje de Graham Vick deslució la esencia de la ópera de Korngold, en el que destacó especialmente el debut de Asmik Grigorian como Marietta. La soprano compartió escenario junto al Paul de Klaus Florian Vogt © Teatro Alla Scala / Ramella & Gianese

Teatro alla Scala

Korngold: DIE TOTE STADT

Nueva producción

Klaus Florian Vogt, Markus Werba, Asmik Grigorian, Cristina Damian, Sascha Emanuel Kramer, Marika Spadafino, Daria Cherniy, Sergei Ababkin, Hwan An. Dirección: Alan Gilbert. Dirección de escena: Graham Vick. 10 de junio de 2019.

Die tote Staadt (La ciudad muerta) llegó finalmente a La Scala después de haber comparecido en fechas relativamente recientes en Catania primero y en Venecia después. Hostigado durante muchos años por la crítica, que no le perdonaba la popularidad obtenida a través de las bandas sonoras de las películas de Hollywood que le proporcionaron dos premios Oscar, Erich Wolfgang Korngold y su obra han ido recobrando su prestigio, y las representaciones de Die tote Stadt son recibidas con una acogida triunfal tanto por el público en general como de los expertos.

El éxito ha coronado esta nueva producción de La Scala, caracterizada por una versión musical absolutamente encomiable.

El éxito ha coronado también a esta nueva producción de La Scala, caracterizada por una versión musical absolutamente encomiable. Por la espléndida prestación de la orquesta, en primer lugar, junto al coro preparado muy bien como siempre por Bruno Casoni y la participación del coro infantil de la Academia de La Scala, todos ellos brillantemente dirigidos por Alan Gilbert, y por un reparto que ha rozado la perfección con el tenor Klaus Florian Vogt en el temible papel de Paul, de comprometida tesitura, que ha resultado plausible tanto por timbre como por fraseo en el personaje del lloroso viudo fetichista. Se le unió el barítono Markus Werba en el rol de su amigo Fritz y en la canción de Pierrot, uno de los momentos cumbres de la interpretación, y les superó a ambos la asombrosa Asmik Grigorian, que debutaba en La Scala en el papel de Marietta, la bailarina frívola y desencantada que incorporó como una segunda piel: vocal y musicalmente impecable y maravillosa como actriz, fue ovacionadísima en los saludos finales, donde también se acogió con calurosos aplausos la aportación de la muy válida Cristina Damian como Brigitta, el ama de llaves, Sascha Emanuel Kramer (Albert y Gaston), Marika Spadafino y Daria Cherniy (las bailarinas Juliette y Lucienne), Sergei Ababkin (el director de escena Victorin) y Hwan An (La voz en el quinteto).

La versión escénica, muy bien acogida por el público, no acabó de convencer. Die tote Stadt tiene una atmósfera especial que Korngold describe muy bien: borrosa, otoñal, maligna, que emana de los canales de Brujas y se infiltra por todas partes. Esta tinta invade tanto la trama como la música, pero en la dirección de Graham Vick no se percibe nada de eso en ningún momento. Es como si se le hubiese quitado a la ópera el personaje principal. ¿Y qué es lo que ocupa su lugar? Luces por todas partes, saltos, exclamaciones, personajes subiéndose a los divanes o derribando butacas, con los inevitables excesos sexuales y los nazis moviéndose por la escena (la ópera es de 1920): detalles de una dirección escénica que nace ya vieja.La escenografía era de Stuart Nunn, el diseño de luces de Giuseppe De Iorio y la coreografía de Ron Howell, todo ello justo complemento a la regia.