Milán: Salieri 'meets' Puccini

05 / 08 / 2019 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 5 minutos

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La producción de la ópera de Salieri no acabó de cuajar al tratar de actualizar la inexistente acción del libreto © Teatro Alla Scala
La producción de la ópera de Salieri no acabó de cuajar al tratar de actualizar la inexistente acción del libreto © Teatro Alla Scala
Al discreto nivel vocal de 'Gianni Schicchi' se sumó una producción que se dejó llevar por tópicos y lugares comunes © Teatro Alla Scala
Al discreto nivel vocal de 'Gianni Schicchi' se sumó una producción que se dejó llevar por tópicos y lugares comunes © Teatro Alla Scala

Teatro Alla Scala de Milán

Salieri: PRIMA LA MUSICA E POI LE PAROLE / Puccini: GIANNI SCHICCHI

Ambrogio  Maestri, Ramiro Maturata, Anna Doris Capitelli, Francesca Pia Vitale, Francesca Manzo, Chuan Wang. Dircción: Adam Fischer. Dirección de escena: Grscha Asagaroff / Woody Allen. 12 de julio de 2019.

Entre las recomendaciones menos atendidas puede situarse la de Puccini al pedir que no se desmembrase su Trittico, que ahora sigue programándose por etapas con la compañía de títulos cada vez más imprevistos. La última extraña pareja ha sido la ofrecida en julio por La Scala: el sarcástico y cáustico Gianni Schicchi  ha quedado emparejado con la metateatral Prima la musica e poi le parole en un acto de Antonio Salieri, un argumento ideado por Giovannni Battista Cesti que de alguna manera es un anticipo de la mucho mejor articulada Ariadne auf Naxos de Richard Strauss.

Cuatro personajes le bastaron a Salieri para ilustrar los altercados entre las dos prime donne, la seria y la bufa, y los agobios del Poeta y el Compositor para inventarse una ópera en cuatro días. Se ha querido dar una oportunidad a los alumnos de la Academia del Teatro alla Scala, tanto componentes de la orquesta como solistas vocales preparados en las clases magistrales de Eva Mei, para que den prueba de sus capacidades bajo la égida de Ambrogio Maestri, el Mestro de Capilla en la obra de Salieri y antihéroe protagonista en la trama dantesca. El resultado fue positivo en ambos casos para el barítono, con un Schicchi de generosa humanidad que parecía divertirse divirtiendo, con un personaje monumental e impagable. El Poeta en la breve ópera de Salieri fue el correcto tenor Ramiro Maturata, que haría también el Maestro Spinellohio del Gianni Schicchi con el correspondiente acento boloñés, mientras en los papeles de las dos rivales garantizaron los buenos resultados tanto Anna Doris Capitelli, una Donna Leonora de coloratura notable, como la pizpireta Tonina de Francesca Pia Vitale.

El reparto de Gianni Schicchi tuvo un nivel discreto en general, con una buena Lauretta en la soprano Francesca Manzo y el más que discreto Rinuccio del tenor Chuan Wang. Bien preparada la orquesta, que tras el neutro Salieri se distinguió por el entusiasmo y la paleta de colores desplegada en la obra de Puccini bajo la guía atenta de Adam Fischer.

Queda por decir algo de los montajes, muy distintos entre sí. Poco era lo que se podía hacer con la obrita de Salier aun tratando de descontextualizar y actualizar una acción que prácticamente no existe. Parece que en los tiempos de Salieri los espectadores se divertían de lo lindo con este tipo de caricaturas de los personajes, entonces conocidísimos, de la época, pero la situación no puede extrapolarse a la actualidad. Grischa Asagariffr, no obstante, consiguió dar una lectura plausible del espectáculo aun sin la vivacidad necesaria. Por otra parte, el muy esperado Gianni Schicchi con la dirección escénica de Woody Allen, un montaje nacido en 2015 en Los Angeles y repuesto aquí por Kathleen Smith Belcher, con los diseños de escenografía y vestuario de Santo Loquanto y luces de York Kennedy adaptadas por Marco Filibeck, alcanzó un buen éxito –es difícil no obtenerlo con una obra como el Schicchi–, pero resultó decepcionante. Traducir la Florencia del siglo XIII al compendio de lugares comunes que los estadounidenses albergan sobre Italia, tomando como referencia una Little Italy del estilo de El Padrino, puede divertir a un público ingenuo de risa fácil como pueda serlo el de Los Angeles o Baltimore, pero en verdad se pasa de la raya con detalles de pésimo gusto y soluciones que pueden hacer su efecto pero que resultan escasamente inherentes a la ironía y el sarcasmo que marcan la verdadera identidad de la comedia.