Milán: La 'Manon Lescaut' primigenia

24 / 04 / 2019 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 minutos

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La nueva producción de David Pountney no gustó demasiado al público del Teatro Alla Scala, que sí aplaudió las voces de Roberto Aronica, Maria José Siri y Carlo Lepore y la batuta de Riccardo Chailly © Teatro Alla Scala / Ramella & Giannese
La nueva producción de David Pountney no gustó demasiado al público del Teatro Alla Scala, que sí aplaudió las voces de Roberto Aronica, Maria José Siri y Carlo Lepore y la batuta de Riccardo Chailly © Teatro Alla Scala / Ramella & Giannese
La nueva producción de David Pountney no gustó demasiado al público del Teatro Alla Scala, que sí aplaudió las voces de Roberto Aronica, Maria José Siri y Carlo Lepore y la batuta de Riccardo Chailly © Teatro Alla Scala / Ramella & Giannese
La nueva producción de David Pountney no gustó demasiado al público del Teatro Alla Scala, que sí aplaudió las voces de Roberto Aronica, Maria José Siri y Carlo Lepore y la batuta de Riccardo Chailly © Teatro Alla Scala / Ramella & Giannese
La nueva producción de David Pountney no gustó demasiado al público del Teatro Alla Scala, que sí aplaudió las voces de Roberto Aronica, Maria José Siri y Carlo Lepore y la batuta de Riccardo Chailly © Teatro Alla Scala / Ramella & Giannese

Teatro Alla Scala

Puccini: MANON LESCAUT

Nueva producción

María José Siri, Roberto Aronica, Massimo Cavalletti, Carlo Lepore, Marco Ciaponi. Dirección: Riccardo Chailly. Dirección de escena: David Pountney. 3 de abril de 2019.

Como “una tragedia ferroviaria” podría definirse esta nueva producción de Manon Lescaut en La Scala con dirección escénica de David Pountney, escenografía de Leslie Traves, vestuario de Marie-Jeanne Lecca, coreografía de Denni Sayers y diseño de luces de Fabrice Kebour para la que no se ha reparado en gastos, aunque como ocurrió en el Attila inaugural y en la muy reciente Jovanschina los resultados no han sido especialmente brillantes. En el estreno abundaron los abucheos que provocaron que el desafortunado regista tropezara y acabara en la concha del apuntador, aunque por suerte sin tener que lamentar consecuencia alguna en su físico.

A las monumentalidad de la estación y a la circulación por el escenario de hasta cuatro vehículos ferroviarios, vienen a sumarse el interior de un convoy de gran lujo con tres vagones móviles amueblados con lo que parece una mezcla de salón y un burdel del lejano Oeste, una enorme popa de barco inspirada en el trasatlántico Rex de la película Amarcord de Fellini y una estación de partida invadida por la arena para figurar la “landa desolata” del último acto. A todo esto el director de escena quiso unir la figura de hasta nueve réplicas infantiles y adolescentes de Manon para servir de acompañamiento a la figura un tanto matronal de la protagonista, convirtiendo en un solo personaje al estudiante Edmondo, el Maestro de Baile y el Farolero. La dramaturgia, en un vano intento de conciliar la renovación con la fidelidad, acabó perdiéndose en detalles risibles, como el de Geronte utilizando una máquina fotográfica para inmortalizar a la pareja que le está poniendo los cuernos, o el de ese Lescaut proxeneta que ofrece en venta a las prostitutas una vez han sido pesadas públicamente.

De una nivel muy superior resultó la vertiente musical, en la que hay que destacar ante todo la aportación de la orquesta meticulosamente dirigida por Riccardo Chailly, cuya sistemática tendencia a presentar las versiones primigenias de las obras de Puccini –ya lo hizo en la Butterfly de hace dos temporadas– le llevó a abordar la primera versión de Manon Lescaut de Turín (1893). Aunque es sabido que el propio Puccini acostumbrada a revisar sus propias producciones, el mayor interés radicaba aquí en el final del primer acto y en el último, donde el “Sola, perduta, abbandonata” comporta una escritura más articulada, aunque dramáticamente menos eficaz. Una vez satisfecha la curiosidad se puede volver a la versión original

La producción de Pountney aunaba elementos del 'far West' con un convoy de gran lujo y tres vagones móviles sobre el escenario

Muy bien, como siempre, el coro preparado por Bruno Casoni. El excelente Des Grieux de Marcelo Álvarez que pudo apreciarse en el ensayo y que tuvo algunas dificultades en el estreno, fue sustituido más tarde por un Roberto Aronica que pudo demostrar una vez más su generosidad vocal y su fuerte temperamento. Gustó el Lescaut de Massimo Cavalletti por su desenvoltura escénica y ausencia de problemas en su opulenta voz. Geronte tuvo en Carlo Lepore a un intérprete de lujo, musicalmente seguro y menos caduco de lo habitual, y la vocalidad clara y la bella línea de canto permitieron a Marco Ciaponi destacar en los tres papeles que le fueron encomendados. Buena la protagonista María José Siri, toda una especialista en este papel y garantía de solidez y presencia musical. No le ayudó mucho la regia  ni el vestuario que se le asignó, pero la intérprete se fue superando en el transcurso de la velada y encontró para el último acto el acento y los colores que llevan a la conmoción. El público, generoso con todos, decretó para ella un merecido triunfo.