Milán: La ‘Jovanschina’ de Gergiev

27 / 02 / 2019 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 2.5 min

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Teatro alla Scala

Musorgsky JOVANSCHINA

Ekaterina Semenchuk, Sergei Skorokhodov, Stanislav Trofimov, Alexei Markov, Evgeni Akimov, Evgenia Muraveva, Irina Vashenko. Dirección: Valery Gegriev. Dirección de escena: Mario Martone. 27 de febrero de 2019.

Regresó a La Scala, después de 21 años, Jovanschina y lo hizo en una nueva producción firmada por Mario Martone, con ecenografía de Margherita Palli, vestuario de Ursula Oatzak, diseño de luces de Pasquale Mari y coreografía de Daniela Schiavone. “Un futuro envuelto en la niebla”, según el regista y, en efecto, al principio se tenía la sensación de asistir a una secuela del Attila inaugural, con la acción transferida a un tiempo postatómico, destruido y desolado, desplazando así a un siglo XVII bajo el reinado de un Pedro el Grande que influye en la historia, pero sin aparecer nunca en escena. Martone ha puesto el énfasis en el único protagonista de la historia, que es el pueblo ruso representado idealmente por un coro de La Scala en estado de gracia a las órdenes de Bruno Casoni, en una atemporalidad que hermana los conflictos políticos, religiosos y humanos, siguiendo la versión completa de la obra a cargo de Shostakovich y que atenaza al público, muy atento y concentrado en la noche del estreno, hasta obtener de él una acogida triunfal.

 

No merecía menos la maravillosa realización musical con prestaciones superlativas de coro y orquesta bajo las órdenes de un inspiradísimo Valery Gergiev, que domina esta obra como nadie. El volumen orquestal no abruma la escena y el maestro ruso obtiene siempre los colores necesarios incluyendo pausas y silencios para conseguir la máxima concentración dramática. En un reparto centradísimo todos merecen el elogio, debiéndose incluir en él a los válidos elementos de la Academia de La Scala Chuan Wang (Hombre de confianza de Golitsin), Eugenio di Lieto y Giorgio Lomiselli (Dos Streltsi), Sergei Ababkin (Kuzka), Lasha Sesitashvili (Varsonofev) y el Pastor Luterano de Maharram Huseynov. Un auténtico lujo fue el de poder disponer de la estupenda Evgenia Muraveva en la breve pero crucial parte de Emma. Muy bueno el Escribano, personaje que recuerda al Inocente de Boris, del tenor Maxim Paster y buena también la Susanna de Irina Vashenko, destacando asimismo por canto y actuación el Dosidei del bajo Stanislav Trofinov, el Saklovity poderoso y cortante del barítono Alexey Markov y el Príncipe Golitsin del tenor Evgeni Akimov, mereciendo mención especial los dos cómplices de la Jovanschina en la lucha por el poder, Andrei Jovansky del tenor Sergei Skorokhodov y sobre todo su padre en la ópera, Ivan en la imponente interpretación del barítono Mijail Petrenko, que antes de morir es desnudado y azotado por las bailarnas, una de las cuales acabará con él. Un punto sobre todos ellos estuvo la mezzosoprano Ekaterina Semenchuk, que inspirada por Gergiev crea una especia de Casandra que permanece fiel al hombre que la desprecia. Los matices y el color de la voz, así como su potencia dramática, han sido la clave de lectura de un personaje que hasta el final mantuvo vivo el interés del público que, tras unos segundos de silencio, prorrumpió en un convencido y prolongado aplauso.